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DESTRUCCIÓN DEL PESO

Una moneda estable debería ser una política de Estado

Alguna vez la moneda argentina fue tan fuerte como el dólar estadounidense. En vez de consolidarlo, la gilada apostó por afirmar que era imposible.

El actual gobierno está dividido y débil y, además, desorientado, acerca de lo que puede o debe hacer con la moneda de todos.

Asombra que, en el menú de opciones, no figure en primer término resolver el más grave de los problemas argentinos desde que se terminó la convertibilidad: la falta de una moneda estable y creíble.

Se habla mucho de inflación pero sólo desde la oposición liberal, de moneda estable.

Esto confunde a mucha gente, e increíblemente, a muchos en el gobierno también: como si la moneda estable fuera una política “neoliberal”.

No: una moneda estable sirve igual a liberales, social demócratas y comunistas.

Una moneda estable es una moneda estable, no una política.

Una moneda estable es la que permite transacciones previsibles. Entre privados, entre el Estado y privados y viceversa, y entre Estados.

Se dice que hace falta credibilidad y poder político para lograr una moneda estable.

Es cierto. Pero también es cierto que, siendo la moneda estable una causa nacional, un gobierno débil puede convocar a la oposición, a todas las oposiciones, y consensuar el modo de estabilizar la moneda.

Este gobierno podría llevar una inmensa calma a los argentinos proponiendo una inmediata mesa de acuerdo, convocando a todos los economistas representantes de la oposición sobre las mejores bases actuales de creación de una moneda estable (redefiniendo el rol del Banco Central, creando una caja de convertibilidad con una moneda o una canasta de monedas, permitiendo un libre uso de moneda extranjera en precios y contratos, y todo aquello que los expertos acuerden como la mejor opción).

La falta de reservas, al estar toda la oposición de acuerdo, puede resolverse con un adelantamiento / préstamo tributario de los sectores productivos. Con la certeza de que, con un acuerdo nacional de todas las fuerzas de no modificar las nuevas condiciones de la moneda estable, este préstamo a cuenta de, será estará garantizado y será respetado.

Con una moneda estable, no solo se terminaría la inflación sino que lentamente comenzaría la inversión.

Muchos de los conflictos actuales acerca de qué otras políticas deben organizar la economía, persistirían, al igual que las diferentes ideas de los actores de gobierno y oposición acerca de las mismas.

Sin embargo, las discusiones serían más fáciles, ya que habría una moneda estable con la cual discutir las políticas de Estado y una total liberación del sector privado acerca de esta cuestión: los contratos y precios entre privados podrían establecerse sobre una base estable.

Con un acuerdo de todas las fuerzas con el Gobierno, esto es inmediatamente posible. No hace falta seguir desangrando el país y torturando a todos los argentinos durante los próximos dos años por falta de iniciativa y claridad política.

  • ¿Esto dará aire a un gobierno que no lo merece?
  • ¿A un peronismo moribundo que muchos quisieran ver enterrado para siempre?

No. Una moneda estable dará aire a los argentinos y permitirá una vida normal.

Las mejores condiciones de esa vida normal—cuántos impuestos, en qué y cómo gastarlos, con qué leyes—serán la materia de la discusión en las próximas elecciones, donde peronistas, liberales y oposición deberán pensar muy bien qué le proponen a los argentinos para un mayor y mejor crecimiento y una mayor felicidad.

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