DATOS CONCRETOS

Abunda una frivolidad preocupante cuando el Covid-19 sube otro escalón

Hay que evaluar lo que está sucediendo en la Argentina en un contexto más amplio de lo que ocurre en el mundo, en especial Occidente, donde el covid-19 plantea nuevos desafíos, de más intensidad.
lunes, 11 de enero de 2021 · 17:31

El mismo día que los medios transmitían, en cadena occidental, los destrozos del intento de toma del capitolio estadounidense y el pedido de renuncia a Donald Trump, faltando apenas una semana para su partida, el mundo oriental, fundamentalmente Japón y SurCorea, a través de sus cadenas de medios, informaban su preocupación por posibles contagios del virus ya que el mundo había llegado a una cifra récord de 15.000 muertos diarios.

El anterior promedio había sido de 10.000 muertos diarios, con un grado de concentración importante: USA había superado los 4.000 muertos, el Reino Unido los 1.400, Alemania los 1.200 y Brasil había superado las 1.000 muertes diarias, llegando estos 4 países a concentrar el 80% del promedio diarios de las más de 10.000 muertes, que proyectaría para 2021 una mortandad de más de 4 millones de personas. 

Esta información -y no la toma del Capitolio estadounidense, fue la que provocó reuniones urgentes durante la semana que pasó, entre dirigentes políticos, aunque ellos priorizaron limitar la información a consultas acerca de la logística de la aplicación de la vacuna.

Ese mismo día de récord de muertos en USA, Wall Street marcó un nuevo récord alcista, llegando el índice Dow Jones a los 31.000 puntos, a pesar que los desempleados por la pandemia superaban los 10 millones de personas, dejando a aquellos analistas de los 'fundamentals' macroeconómicos en un discreto silencio.

Resulta que, para cumplirse los optimistas pronósticos sobre los que subió el Dow Jones, se precisarán anabólicos más abundantes. Pero Donald Trump duplicó la deuda, que saltó del 60% del PBI al 120%, para así financiar las consecuencias de bajar los impuestos a las corporaciones.

El presidente electo Joe Biden tendrá que luchar con un virus de mayor daño que el covid-19, llamado credibilidad.

Sucede que USA ha perdido su prestigio de líder democrático liberal. Los más recientes acontecimientos de impacto local pero de perjuicio global resultan más negativos que, en el inicio del siglo 21, cuando invadió Irak, con el argumento de que desarrollaba armamento de destrucción masiva que nunca se encontraron.

A pesar de que todas las agencias de inteligencias estadounidenses buscaron fundamentar lo de las armas iraquíes así como supuestos vínculos con Al–Qaeda (otra ridiculez ya que Saddam Hussein se llevaba muy mal con el saudí Osama bin Laden), el presidente George W. Bush y su jefe, el vicepresidente Dick Cheney, alias 'Mr. Halliburton', dejaron la percepción de que los únicos beneficiados por esta invasión fueron la industria armamentista, los contratistas del Pentágono y la industria petrolera.

En esas circunstancias llevaron el precio del barril de US$ 25 a US$ 60, antes de fundir a USA con la gestión fraudulenta de la banca estadounidense, tragedia conocida como 'crisis de las hipotecas subprime', que contagió al sistema financiero internacional, dejando como consecuencia una profunda crisis de liquidez bursátil, de la que todavía hay constancia tanto en la lista de condenados como de beneficiarios.

En este caso, el sistema financiero que, a pesar de las multas aplicadas, ganó fortunas con el apalancamiento a la cartelizada industria petrolera, que llegó a elevar el precio del petróleo de US$ 60 el barrila a US$ 150, con un impacto muy fuerte en el precio de la energía de uso domiciliario. 

Con semejantes antecedentes financieros especulativos, y fomentando una ingenua recuperación por la llegada de vacunas aprobadas sólo en la emergencia, es necesario advertir que podrían estar potenciando otra burbuja bursátil que, por su cercanía en el tiempo, podría derribar la escasa credibilidad vigente del sistema financiero estadounidense.

En este contexto pandémico de aumentos exponenciales de su destrucción de vidas, no pareciera que las aperturas comerciales con protocolos a medida de sus necesidades económicas, concedan el rédito que esperan los dirigentes políticos locales, cuando la experiencia europea demuestra que el mayor error cometido en el verano boreal, fue recibir a pacientes asintomáticos, parecidos a los que están saturando la cadena sanitaria de las metrópolis capitales tales como Ciudad de Buenos Aires, al carecer los lugares turísticos de la infraestructura adecuada para esa atención.

En el ámbito local, el plan Pilatos (en referencia al jerarca del Imperio Romano que se lavó las manos creyendo que así podía declararse prescindente de aplicar su autoridad), sin cerrar las fronteras a los países más contagiadores, tal como hizo Uruguay, y transmitiendo la responsabilidad a los gobernadores, huele más a una estrategia electoral que a un política sanitaria.

Pero es para tener muy en cuenta lo que sucede en paises tales como USA y Brasil, donde los enfrentamientos políticos nacionales e intergubernamentales, los han elevado a líderes en la cantidad de víctimas de esta pandemia.

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