JD Vance intentó enfriar la expectativa por un acuerdo inmediato entre Estados Unidos e Irán, pero dejó una señal clara: Washington y Teherán están “muy cerca” de extender la tregua y abrir una negociación más profunda sobre el programa nuclear iraní. El punto sensible sigue siendo el estrecho de Ormuz, una ruta clave para el petróleo y el gas mundial, donde un pacto podría habilitar el paso sin restricciones, el retiro de minas y un alivio parcial de sanciones.
El “SuperNiño” vuelve al radar climático con riesgo de tiempo extremo
Los científicos vuelven a mirar al Pacífico con preocupación ante la posibilidad de que El Niño regrese con una intensidad excepcional hacia finales de año. Según la NOAA, existe un 82% de probabilidad de que el fenómeno aparezca entre mayo y julio y un 96% de que continúe durante el otoño y el invierno del hemisferio norte. El dato más inquietante es que algunos expertos ya advierten que podría tratarse de un episodio fuerte o muy fuerte, comparable con los de 1997-1998 y 2015-2016, dos eventos que dejaron sequías extremas, inundaciones devastadoras y alteraciones profundas en los patrones de lluvia.
El portavoz de la Aemet, José Luis Camacho, explicó a 20minutos que existe una probabilidad de entre el 30% y el 40% de alcanzar un nivel de “SuperNiño” en los últimos meses del año. Para que eso ocurra, la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial debería subir más de dos grados en la región conocida como Niño 3.4, acompañada por un debilitamiento de los vientos alisios. Aunque las aguas todavía no superan el umbral inicial de 0,5°C, los expertos señalan que ya hay anomalías cálidas importantes bajo la superficie, con registros de entre 2 y 3 grados en zonas del Pacífico tropical.
De confirmarse, El Niño podría añadir una o dos décimas a la temperatura media global, aumentar la humedad atmosférica y modificar la temporada de huracanes. Normalmente reduce la actividad ciclónica en el Atlántico y la intensifica en el Pacífico, donde la NOAA prevé una temporada por encima de la media. Las zonas más expuestas serían Indonesia, Australia y la costa oeste de Sudamérica, con riesgo de sequías, incendios o lluvias extremas según la región.
En Europa, sin embargo, los expertos piden prudencia. Tanto Camacho como Francisco Martín, de Meteored, remarcan que el impacto directo de El Niño sobre España y el continente suele ser limitado, porque aquí pesan más otros patrones como el chorro polar, los anticiclones subtropicales y el calentamiento global. Es decir, el verano europeo puede ser más cálido de lo normal, pero no conviene atribuirlo automáticamente a El Niño: el gran factor de fondo sigue siendo el aumento global de temperaturas por gases de efecto invernadero.









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