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Los 7 de cada 10 consultados por el Centro de Opinión Pública (COPUB) de la Universidad de Belgrano a quienes les interesaría ver un debate entre el presidente Mauricio Macri y la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, antes de las elecciones del próximo 27 de octubre, tendrán que esperar hasta el próximo capítulo de la grieta. El cierre de campaña para las presidenciales se parece más a un combate de sumo, en el que los 2 mastodontes se empujan para ver quién permanece en el dohyō (cuadrilátero para esta lucha japonesa), que a una confrontación de ideas con vistas a los próximos 4 años. El dólar enmarca la contienda y el nivel de las reservas determinará la gobernabilidad presente y la que vendrá. La misión del Fondo Monetario Internacional que se encuentra en Buenos Aires se convirtió, bajo esas reglas, en árbitro de la puja, porque si firma el consentimiento para que sean desembolsados los US$5.420 millones del tramo en curso del crédito stand by que otorgara hace 15 meses, el billete verde no saltará a las nubes aunque fluctúe a diario, pero si no lo hace, el ogro del default abrirá las fauces y hasta podría detonar consecuencias institucionales impredecibles. El Sí del FMI, por otra parte, sería a cuenta de la herencia que reciba el próximo gobierno, ya que incuba más explosivos a la deuda amasada, en el marco de una economía en pausa, tarifas de servicios públicos, combustibles, tributos, congelados, una inflación arriba del 50% y un tipo de cambio que en el mejor de los casos, quedaría atrasado.
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Los 7 de cada 10 consultados por el Centro de Opinión Pública (COPUB) de la Universidad de Belgrano a quienes les interesaría ver un debate entre el presidente Mauricio Macri y la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, antes de las elecciones del próximo 27 de octubre, tendrán que esperar hasta el próximo capítulo de la grieta. El cierre de campaña para las presidenciales se parece más a un combate de sumo, en el que los 2 mastodontes se empujan para ver quién permanece en el dohyō (cuadrilátero para esta lucha japonesa), que a una confrontación de ideas con vistas a los próximos 4 años. El dólar enmarca la contienda y el nivel de las reservas determinará la gobernabilidad presente y la que vendrá. La misión del Fondo Monetario Internacional que se encuentra en Buenos Aires se convirtió, bajo esas reglas, en árbitro de la puja, porque si firma el consentimiento para que sean desembolsados los US$5.420 millones del tramo en curso del crédito stand by que otorgara hace 15 meses, el billete verde no saltará a las nubes aunque fluctúe a diario, pero si no lo hace, el ogro del default abrirá las fauces y hasta podría detonar consecuencias institucionales impredecibles. El Sí del FMI, por otra parte, sería a cuenta de la herencia que reciba el próximo gobierno, ya que incuba más explosivos a la deuda amasada, en el marco de una economía en pausa, tarifas de servicios públicos, combustibles, tributos, congelados, una inflación arriba del 50% y un tipo de cambio que en el mejor de los casos, quedaría atrasado.
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Ser votante un domingo por un rato es un acto cívico que abarca a consumidores, miembros de familia, asalariados, empresarios, jubilados, desocupados, rentistas, empresarios, amas de casa y cuanto mortal negocie una vida cotidiana escindida de los discursos políticos de campaña. Pero la disparada del dólar, las tasas, el riesgo- país con que los mercados respondieron al resultado de las urnas convirtió el lunes último, que fue negro para los mercados, en tétrico cualquier ciudadano común. Sin precios en los listados y agoreros pronósticos de default, hiperinflación y las 7 plagas de Egipto juntas, la grieta al rojo vivo, nadie vendió ni compró, salvo excepciones. En las góndolas se insinuaron ya desde el viernes anticipos de una ola de aumentos al corazón de la canasta básica si sucedía lo que se temía: la derrota del oficialismo. La angustia e incertidumbre que vive el ciudadano tras los comicios hacen pensar que más que un voto castigo, el castigo fue que votara.
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Ser votante un domingo por un rato es un acto cívico que abarca a consumidores, miembros de familia, asalariados, empresarios, jubilados, desocupados, rentistas, empresarios, amas de casa y cuanto mortal negocie una vida cotidiana escindida de los discursos políticos de campaña. Pero la disparada del dólar, las tasas, el riesgo- país con que los mercados respondieron al resultado de las urnas convirtió el lunes último, que fue negro para los mercados, en tétrico cualquier ciudadano común. Sin precios en los listados y agoreros pronósticos de default, hiperinflación y las 7 plagas de Egipto juntas, la grieta al rojo vivo, nadie vendió ni compró, salvo excepciones. En las góndolas se insinuaron ya desde el viernes anticipos de una ola de aumentos al corazón de la canasta básica si sucedía lo que se temía: la derrota del oficialismo. La angustia e incertidumbre que vive el ciudadano tras los comicios hacen pensar que más que un voto castigo, el castigo fue que votara.
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