ROSARIO. A Miguel Lifschitz y Antonio Bonfatti los une ser calvos y pertenecer al mismo partido. No mucho más. Cuando allá por 2011 expiraba el mandato de Hermes Binner como gobernador, todos los números para la sucesión los tenía Lifschitz. El ingeniero venía de dos períodos consecutivos como intendente de Rosario y sumaba el 70% de intención de votos. Pero contra todos los pronósticos, Hermes Binner ungió a Antonio Bonfatti como su sucesor. El ex intendente de Rosario montó en colera y desde aquella época se encuentra enfrentado con el actual presidente de la Cámara de Diputados de Santa Fe.
HISTORIA DE UNA RELACIÓN MALTRECHA
Lifschitz vs. Bonfatti: La grieta socialista
2 líderes socialistas bien diferentes en sus formas. Antonio Bonfatti ascendió como gurú y socio del jubilado Hermes Binner. Miguel Lifschitz a caballo de sus éxitos en Rosario. La Reforma Constitucional los vuelve a encontrar en esquinas opuestas. Historias de un enfrentamiento que divide las aguas socialistas hace años.
Por aquel entonces, Bonfatti remontó una campaña que nació malparida, con bajísimo porcentaje de conocimiento y una competitiva interna con Rubén Giustiniani y Mario Barletta. Se impuso en la contienda a gobernador por apenas 30.000 votos de diferencia con respecto al candidato sorpresa, Miguel Del Sel. Miguel Lifschitz tuvo que conformarse con ir al senado provincial. Lo logró tras recibir una abrumadora cantidad de votos.
Lifschitz transitó los cuatro años de Bonfatti en la Casa Gris con la convicción que luego sería su turno. Se imaginó que tendría que sortear el obstáculo electoral de derrotar a la UCR en una interna y luego a Miguel Del Sel en la general. Pero él nunca esperó tener que soportar los embates que partieron desde el seno del mismisimo Partido Socialista. Se despedía el 2014 cuando Binner, Bonfatti y Rubén Galassi creyeron que era buena idea que Hermes volviera a ocupar la Casa Gris. Lifschitz no se dejó madrugar y pegó un puñete en la mesa: "Si es así, voy a una interna y tengo el aval de los senadores". En el GPS socialista sonó la voz que avisa: "recalculando, recalculando". Para enero de 2015 todo estaba resuelto. Binner alejado de la contienda, Lifschitz candidato y enfrentado con Bonfatti. La historia reciente es conocida: tras torcerle el brazo en la interna a la UCR, Miguel Lifschitz contó los porotos hasta último momento y le ganó a Miguel Del Sel por menos de 5.000 votos.
En la actualidad, LIfschitz y Bonfatti permanecen enfrentados. La presidencia del partido de la rosa pertenece a este último. Desde allí se lanzan las críticas más feroces de parte del socialismo hacia Macri. Mientras tanto, Lifschitz guarda los modales y aspira a seguir afianzando una relación fluida con el Presidente de la Nación. Los momentos más tensos entre la Casa Rosada y la Casa Gris parecen haber pasado. Pero no son pocas las veces en las que el gobernador de Santa Fe habrá tenido que poner paños fríos tras declaraciones de Bonfatti y explicar que él, repito, nada tiene que ver con Bonfatti salvo por la pelada y la rosa en la mano. Y punto.
La gestión de Miguel Lifschitz puso como una de sus metas principales, la Reforma Constitucional en Santa Fe. El punto más polémico de la propuesta del Ejecutivo Provincial radica en la reelección del gobernador. Actualmente, la Constitución santafecina no permite dos mandatos consecutivos pero no son pocos los que quieren sancionarlo. Un coro de voces quiere aprobar dicho punto siempre y cuando el gobernador en funciones al momento de la sanción de la reforma se abstenga de dicha posibilidad. Pero Lifschitz no se da por vencido e intenta poder aprovechar las bondades de una reforma que lo habilite a quedarse 8 años en la Casa Gris.
Pero... adivinen: ¿Quién es el principal obstáculo que tiene el gobernador? Antonio Bonfatti, sí. Sucede que el ex gobernador aspira a volver a la Casa Gris en 2019. Para ello, sacar de la cancha por vía constitucional a Lifschitz sería lo más cómodo para su ambición. En eso anda, trancandole desde el interior del partido que preside la Reforma Constitucional al gobernador que lo sucedió. En esta disputa, como antaño fue en otras, Lifschitz y Bonfatti se sacan chispas y dividen las aguas agitadas del Partido Socialista.










