El 1er. capítulo de ‘Alias J.J.’, basada en el libro de Popeye (John Jairo Velásquez Vásquez), fue difundido el miércoles 08/02 por el canal Caracol, de Bogotá (Colombia). El actor Juan Pablo Urrego personifica a quien, en épocas del Cártel de Medellín, fue uno de los lugartenientes de Pablo Escobar Gaviria.
OTRA 'NARCOSERIE'
El sicario como capo del rating
A pocos capítulos del final de ‘Sin tetas sí hay paraíso’, la producción más vista de la televisión en Colombia en las últimas semanas, Caracol anunció el estreno el miércoles 08/02 de ‘Alias J.J.’, inspirada en la vida de ‘Popeye’, Jhon Jairo Velásquez Vásquez, quien fuera un importante sicario del narcotraficante Pablo Escobar y pagó una pena de 23 años y 3 meses de cárcel tras confesar su participación en la organización delictiva de Pablo Escobar. El envío compite en la pantalla con la producción internacional, hecha en Colombia, ‘El Comandante’, inspirada en otro polémico personaje, el venezolano Hugo Chávez. 'Alias JJ’, de Caracol, logró 8,4 de audiencia en su estreno a las 22:00, hora en la que se enfrentó a ‘El Comandante’, de RCN, que sólo logró 3,6 y sigue en el último puesto del rating, según Ibope. Hubo una fuerte campaña para que la gente no viera ‘Alias JJ’ (en rechazo de la supuesta apología de un criminal), y mucha polémica entre los ciudadanos en redes sociales antes, durante y después de su estreno.
‘Alias J.J.’ reemplazó en la programación a ‘Sin tetas sí hay paraíso’, que fue el programa más exitoso de la TV colombiana reciente, y ambos son partes de un género ya apodado 'narcoseries', al igual que ‘Sin tetas no hay paraíso’, 'Pablo Escobar, el Patrón del Mal', 'El Cártel de los Sapos y Narcos' (Netflix), 'La Reina del Sur', y otros contenidos.
La serie 'Pablo Escobar, el Patrón del Mal', por ejemplo, fue una de las series más vistas en la historia de la televisión reciente. Cada día de rodaje costaba US$ 164.000, pero dio grandes ganancias: se vendió a 15 países.
Por un lado, es casi lógico que en un país cruzado por la tragedia del narcotráfico durante décadas, la temática se convierta en un producto cultural masivo.
Pero, por otra parte, genera mucha polémica que llegue a la TV la adaptación de un relato autobiográfico en el que Popeye intenta reciclarse como héroe popular, en nombre de Pablo Escobar.
'Alias J.J Lo que pasa tras las rejas' es una serie de televisión de Colombia de Caracol Televisión y Netflix basada en el libro 'Sobreviviendo a Pablo Escobar', y además de Urrego participan grandes actores como Nicole Santamaría, Natasha Klauss, Amparo Grisales, Elkin Díaz, Toto Vega y Ramses Ramos.
El origen
Jhon Jairo Velásquez Vásquez nació en el municipio de Yarumal, Antioquia, el 15/04/1962. Fue admitido en el Ejército Nacional, ingresó en la Escuela de Cadetes de Policía General Santander, y pasó por la escuela de grumetes de la Armada Nacional -donde le apodaron Popeye por su mentón parecido al del personaje de las tiras cómicas, pero eso fue antes de la cirugía plástica a que se sometió-.
Sin futuro en las fuerzas de la ley, ingresó al hampa, hizo carrera en el Cártel de Medellín -no fue jefe de sicarios, tal como él mismo se encargó de difundir pero sí un mando medio que ejecutó a unas 250 personas, secuestró al entonces candidato a la alcaldía de Bogotá, Andrés Pastrana Arango (después Presidente de la República), a Francisco Santos (quien después sería vicepresidente de Colombia), secuestró y asesinó al procurador Carlos Mauro Hoyos; fue cómplice en el homicidio del entonces gobernador de Antioquía, Antonio Roldán Betancour; suministró el arma para matar al entonces candidato presidencial Luis Carlos Galán; y estuvo implicado en el atentado terrorista contra el vuelo 203 de Avianca.
Popeye llegó a ser 'amigo con derechos' de una de las mujeres de Escobar, pero 'el Capo' descubrió que ella era una confidente de la policía, y le encomendó a Popeye ejecutarla (sin duda, una venganza de Escobar): "Pablo se dirigió a mi y me dijo que sabía de lo mio con su amante pero a su vez que ella era una confidente. Él fue claro: 'O tú o ella', y no lo dude ni un solo segundo".
Desde 1992, Popeye cumplió una condena de cárcel bajo acusaciones de terrorismo, narcotráfico, concierto para delinquir con fines terroristas y homicidio.
Durante 2000 y 2001, Popeye estuvo involucrado en los enfrentamientos armados en la cárcel La Modelo.
En 2008, él fue condenado a 12 años por otros procesos judiciales en su contra.
"En prisión me defendí. Me querían matar, pero yo los mandé matar porque todavía tenía dinero. Yo soy un asesino profesional. No soy un psicópata que mata porque no lo puede evitar", explica Popeye.
Durante 8 años, según él, "con la psicóloga trabajamos sobre mi violencia. Todos los días hacía la lista de todas las groserías que decía a los guardias. Poco a poco, cambié mi forma de pensar, de actuar".
El 22/08/2014 se informó acerca de la posibilidad de su libertad condicional por haber cumplido 3/5 partes de su condena, pero también seguía involucrado en otros procesos.
Sin embargo, él fue liberado el 26/08/2014.
Crítico de los narcos mexicanos (“No hay un gran líder, hay cabezas visibles y muchas cabezas pequeñas, pero no tienen bandera, los narcos mexicanos solo matan y matan y matan y no saben para dónde van”), reivindica a lo que fue el cártel de Medellín (“Nosotros matábamos para tumbar la extradición”).
A Ricardo Canaletti (TN/Canal 13), le dijo: "Medellín es una ciudad donde hubo 540 policías muertos, 800 heridos y 2100 muertos de nosotros. Fue una guerra total. Había que ser buen asesino, disparar rápido, tener un talento para matar. Hay que pegar 2 tiros en la cabeza de las cejas para arriba y listo. El que trabaja de las cejas para abajo no es un sicario profesional".
El personaje
Velásquez Vásquez ha hecho de su pasado criminal una marca para vender. Creó un canal de YouTube que tiene 228.000 suscriptores, le ha rendido culto a su fallecido patrón, como si fuera un héroe y no el hombre que mandó a asesinar a casi 4.000 colombianos, y construyó un relato que es una apología de su pasado: “Yo conocí el lujo, fui un dios porque tomaba la decisión de matar a una persona, mejor dicho, me creía un dios, viví al lado de uno de los hombres más grandes del mundo, Pablo Emilio Escobar Gaviria; pues, si hablamos del mundo del crimen era el más grande”, le dijo a un periodista en 2012.
Popeye dejó la casa de Escobar una mañana de julio de 1992. Tenía 30 años cuando se entregó a las autoridades. "Estaba enamorado. Quería vivir. Le entregué mi pistola. Nos abrazamos y lo dejé solo". Escobar fue abatido el 02/12/1993.
La revista colombiana Semana recuerda que, en 2005, Popeye lanzó su 1er. libro: "El verdadero Pablo", un texto escrito por Astrid Legarda que, según reseña la editorial en su página web, 318 páginas que vendieron más de 130.000 ejemplares en 9 ediciones, aún cuando incluyera imprecisiones históricas importantes.
Su 2do. libro fue "Sobreviviendo a Pablo Escobar". Y ha vendido los derechos para la TV, que lo rebautizó "Alias J.J.", con libretos de Gerardo Pinzón y Jhonny Ortiz al frente de un equipo, producido por Asier Aguilar y dirigida por Luis Alberto Restrepo, Juan Carlos Vásquez y Jorge Sandoval.
El contenido ya fue vendido a Netflix.
“Nosotros decidimos hacer la adaptación de Popeye porque pensamos que de estos temas hay que seguir hablando. La única manera que tienen las sociedades de superar un trauma es hablando de ellos. ¿Cuántas películas nazis hay?, ¿cuántas películas y libros hay sobre la guerra de Vietnam?”, le dijo a Semana.com/ Dago García, vicepresidente de contenidos de la cadena Caracol.
Omar Rincón, crítico de televisión, argumentó que el problema no es que se sigan haciendo 'narcoseries', sino que se realicen desde un punto de vista en el que se exalta al villano: “Si el libreto justifica todo lo que este personaje hizo, hay un problema, porque estaría mostrando que todo tenía una razón de ser, y un tipo tan despreciable como Popeye no debe tener ningún recurso de justificación. Él ‘man’ hizo eso porque es un cafre, mal habido y mala persona”.
Pero él tambien afirma: “Todos llevamos un narquito dentro. El narcotráfico es nuestro relato nacional. Como es nuestra historia hay que contarla en mil versiones para saber por qué hicimos eso y de qué estamos hechos”.
García le retrucó que aún nadie había visto el programa para conocer desde qué punto se ha abordado la historia. Y que en el caso de Popeye, ellos tuvieron cuidado de evitar que el personaje se convirtiera en un arquetipo positivo.
“No nos hemos ocupado de la infancia de Popeye, ni de las circunstancias que lo llevan a convertirse en lo que se convirtió para justificar su comportamiento, que es el peligro de hacer estas series (…) Nosotros como medio de comunicación jamás nos permitiríamos el error de hacer un tributo a un personaje como Popeye. Jamás. Tengan la plena seguridad”, dijo García.
El eje de la historia arranca cuando Velázquez ingresa a la cárcel y se queda sin la ayuda de Escobar. El relato exhibe que las prisiones colombianas no son lugares donde los reclusos se rehabilitan sino que terminan siendo sitios donde se sigue delinquiendo.
Al margen del enfoque de la narración, para Omar Rincón las narcoseries son “buenísimas” en actuación, fotografía, producción, ritmo y lenguaje. Cuentan con un altísimo nivel de producción y están hechas en óptica de cine. Responden además a una dinámica que consiste en mostrar al público a personajes con los que se pueden sentir identificados y por eso son tan exitosas. De hecho, Alias J.J. tiene una inversión aproximada de US$ 150.000 por capítulo.
También afirmó que quienes hicieron “brillante” a Popeye fueron los medios de comunicación, que ahora juzgan que se utilice al personaje para hacer ficción.
Narcoseries
El ex narcotraficante colombiano Andrés López López, quien fue miembro del Cártel del Norte del Valle y estuvo encarcelado por narcotráfico en USA, fue uno de los pioneros en volcar su propia experiencia en la ficción con libros como 'El Cártel de los Sapos', sobre el narcotráfico en Colombia y con 'El Señor de los Cielos', sobre el mexicano Amado Carrillo Fuentes, que tuvieron su correspondiente versión televisiva. También escribió el guión sobre 'El Chapo', Joaquín Guzman Loera, para Univisión.
Precisamente en México, más que en Colombia, arreció el debate sobre las 'narcoseries'.
En la pagina web Ruiz Healy Times, Israel Aparicio escribió:
"(...) El peligro de entender estas series como apología de los narcos pasa primero por la educación de los televidentes, que por el mensaje transmitido. Aún antes de que se produjeran estas teleseries, colombianas y coproducciones México-estadounidenses, el fenómeno del narco ya existía y su apología se realizaba mediante los narcocorridos que fueron prohibidos en algunos estados y municipios donde existe un problema real de narcotráfico.
Los jóvenes humildes, con escasa educación, que entran al mundo del narco lo hacen motivados u orillados por una situación insostenible en ciudades y estados donde, tristemente, los tres niveles de gobierno están coludidos con el crimen organizado. El fenómeno cultural del narco está mucho más arraigado de lo que se quiere reconocer, y pretender esconderlo con una doble moral no ayuda a su real diagnóstico y tratamiento. No olvidemos que el consumo de drogas se da en el ambiente artístico, político, judicial además de varios estratos sociales.
Las teorías de la conspiración encuentran su paraíso en las narco series, todas esas leyendas urbanas de las probables colusiones de los políticos más polémicos con el narco son explotadas al máximo. Muchas fantasías, chismes políticos, verdades a medias, son el motor dramático de toda la trama de estas teleseries del narcotráfico. Lo que nunca se pudo demostrar en los procesos judiciales, notas periodísticas y “corrillos” políticos, se ven plasmados en las pantallas para el deleite de todos los tele espectadores que esperan con ansias como morirá el capo protagonista, o como obtendrán su merecido los demás criminales de la trama. (...)".
Antonio Aja escribió para El Economista, de México:
"Desde hace varios años, las series sobre narcotráfico han tenido gran éxito entre las audiencias tanto en tele abierta como en canales restringidos. Si lo vemos en retrospectiva y nos remontamos a los orígenes del mundo del espectáculo, en las tragedias y dramas griegos que trascendieron en la historia de la humanidad, invariablemente se muestran personajes buenos y personajes malos, el bien y el mal.
La envidia, la ira, los celos, el engaño, el robo, la ambición, la corrupción y todo lo que es visto como manifestaciones del mal por las sociedades son una constante en cualquier libreto que pretenda reflejar la sociedad de ese tiempo y lugar. Incluso en las producciones infantiles de Disney, la fuerza del mal se hace presente a través de brujas malvadas, madrastras despiadadas o lobos come niños.
Al final del día, el mal está tan presente en nuestras vidas como el bien. En la sociedad actual, el narcotráfico es considerado por los gobiernos como el enemigo público número uno y los narcotraficantes como la encarnación de este mal. La imagen destructiva, inhumana, cruel y despiadada de ellos es difundida por los noticieros y los gobernantes con el fin de validar la eterna batalla contra el narcotráfico.
Sin embargo, en las buenas series, novelas y películas sobre el narcotráfico, más que encasillarlos como monstruos, los malos no son tan malos siempre y los buenos no son tan buenos siempre. Los escritores de estos guiones suelen hacer un gran trabajo periodístico con un resultado muy exitoso a la hora de llevarse a la pantalla. (...)".
Javier Solórzano Zinser escribió en La Razón mexicana:
"(...) La idea de prohibir la difusión de algún tipo de contenido nos lleva a los terrenos de la libertad de expresión. El recurrente debate sobre la prohibición de los 'narcocorridos' (N. de la R.: subgénero musical mexicano de carácter popular que tiene sus raíces en la polca y el vals, con letras sobre personajes o hechos del narcotráfico) por lo general termina en que se escuchen en las casas, en las trocas o en las tocadas. No hay manera de erradicarlas porque reflejan y son parte de la vida de muchas comunidades, independientemente de que algunos narcocorridos estén marcados por su apología de la violencia.
La asociación A Favor de lo Mejor publicó ayer un desplegado con una exigencia: “¡No a las narcoseries en televisión abierta!”. La publicación ya provocó una gran cantidad de comentarios en las redes. Se argumenta, entre otros motivos: “...advertimos el prejuicio que conlleva la promoción del estilo de vida de los criminales, así como la falsa promesa de que el delito pueda ser camino para la gestación de héroes o para el fácil enriquecimiento”.
¿Qué tanto los medios van a presentar a través de estas series elementos que le sean nuevos a los televidentes? ¿Qué tanto se van a ver elementos que le sean ajenos a la cotidianeidad que vive la sociedad? ¿Tiene sentido prohibir una televisión que presenta elementos de la vida del país y que tiene que ver con la corrupción y la perversa relación existente entre gobiernos y delincuencia organizada?
¿Es tan poderosa la televisión, como referíamos al inicio del artículo, como elemento casi único de las audiencias para determinar modelos y conductas? ¿Qué tanto estamos ante una prohibición que nos lleva de manera directa a una disyuntiva sobre un tema profundamente delicado: la libertad de expresión?
No se puede soslayar que el narcotráfico ha provocado una descomposición social brutal. Sin embargo, lo que ha pasado estos años en el país debe ser documentado y difundido. En la televisión, y en general en los medios, todo depende de cómo se hagan las cosas y en qué horarios se difundan y en esto no importa que sea televisión abierta o de paga.
Es cuestión de ver lo que pasa en las redes y que está a la vista de todos antes que prohibir. Mejor pensemos en exigir calidad y seriedad. Muchas de estas series se mueven en los terrenos de la realidad y la ficción, como las telenovelas. (...)".
Un rechazo
El atentado contra el vuelo HK-103 del avión B 727-21 de Avianca el lunes 27/11/1989 fue una bomba que explotó en pleno vuelo, sobre Soacha, Colombia.
La aeronave voló en pedazos por un explosivo ubicado en uno de los asientos; al parecer iba dirigida contra César Gaviria, por entonces candidato presidencial, quien finalmente no había tomado el vuelo. Allí murió Gerardo Arellano, padre de Federico Arellano, abogado de profesión, quien afirmó, antes de ver la serie (probablemente nunca la verá): “Esto no solamente es un insulto para las víctimas sino que también envía un mensaje nocivo para las futuras generaciones, porque ven una posibilidad de creer en algo que es entre comillas bueno para gente menos favorecida.”
“Lo que muestran en televisión no es lo que realmente ha pasado. Uno entiende que hay una parte de ficción que tiene que tener el producto televisivo, pero no puede la ficción tener el protagonismo frente a la realidad”, agregó.
Remató: “Es triste ver que ahora es un tipo (‘Popeye’) que se ha vuelto una estrella y eso es lamentable para los que hemos luchado del bando bueno, pues estamos siendo opacados por la maldad”.










