¡No Judas Méndez!
Tiros y piñas en El Calafate West: Crónicas desde el Santuario
Han ocurrido al menos dos acontecimientos significativos en los últimos días en la hermosa aunque habitualmente abúlica localidad de El Calafate, en la Provincia de Santa Cruz.
Inicialmente, las novedades provocaron ironías y hasta carcajadas por la situación tan ridícula pero luego existió temor porque la detonación de armas de fuego con proyectiles de grueso calibre como mecanismo de resolución de conflictos municipales, puede concluir en una tragedia, aún cuando resulte la metodología de la escuela filosófica a la que adhieren estos funcionarios municipales.
Cabarets, alcohol, amigos y señoritas premian el final de cada jornada tanto del intendente por el Frente de la Victoria, Néstor Méndez, como de sus secretarios más allegados.
Son noches regadas de champagne que ni precisan del uso de gastos reservados porque, a menudo, tienen otras contrapartidas como moneda de cancelación del aquelarre. En cualquier caso, y porque El Calafate es aún más pequeña que Río Gallegos, lo que se desnuda es el abuso de poder y la lenidad de un Estado laxo y permisivo que no controla a nadie y menos a estos funcionarios que, al fin de cuentas, están allí por voluntad popular desde hace 10 años.
El viernes 25 de noviembre, luego de una velada extensa promovida por un empresario turístico de la villa patagónica, el intendente decidió iniciar uno de sus rondines de copas y amigos.
El rito de su gestión es lo que en la jerga él apoda ‘rotation’, por los night club que, a su paso, abren sus puertas como si él fuese Aladin diciendo "Sésamo, ábrete"; al fin de cuentas, ¿para qué uno es intendente municipal en ese páramo si no puede darse esos lujos? Y llegó a El Gran Judas, la catedral nocturna de El Calafate.
"Éste (por el intendente) concurre al Judas como si tuviera acciones ahí. Cualquiera podría decir que es el dueño", murmuró un trabajador municipal contrariado y tal vez algo envidioso por la capacidad de ‘rotation’ de Néstor Méndez; además nadie desconoce que El Gran Judas es frecuentado por las morochas más atractivas de la villa ("y las más gritonas, también", alardeó un baqueano del sexo patagónico. Que lo parió).
Pero aquella noche, un parroquiano se dijo muy dolido por las palabras destempladas que Méndez había prodigado, algunas horas antes, durante una reunión municipal, a la gente de la empresa Servicios Públicos Sociedad del Estado, que provee el agua y la electricidad a El Calafate.
Se trata de un servicio público que es notorio que últimamente es más que deficiente y adolece de permanentes cortes; pero el funcionario de Servicios Públicos Sociedad del Estado, apodado el Gringo, había tomado lo suficiente como para tener el valor de hacerse escuchar.
Y fue aún más lejos, porque de las palabras pasó a la acción directa, y en una acción anarquista desconocida en estas tierras, trompeó dentro del club nocturno al jefe municipal.
Del salón principal terminaron en la calle, y el ‘rotation’ ya devenido en ‘boxing’, concluyó con los guardaespaldas de Méndez partiendo un vaso o una botella en la cabeza de ‘el Gringo’ –ya nadie recuerda qué fue lo que se rompió porque estaban todos borrachos y demasiado vidrio se mezcló en la vereda-.
Cuatro puntos sobre un arco supercilial y una disparada veloz a Río Gallegos para que le hicieran estudios en el ojo tumefacto fueron desmentidos inicialmente por Héctor Méndez, hasta que derrotado por las evidencias (el maldito parche en el ojo lo delataba), no tuvo más remedio que decir lo que pasó, obviamente a su manera.
Méndez Boys
Casi una semana antes, el sábado 19 de noviembre, otro evento de similares características pudo haber terminado con consecuencias más graves. En esa ocasión el protagonista fue otro veterano del ‘rotation’, Arturo Prane, quien es nada menos que el secretario privado el señor intendente Méndez.
Eso sí: Prane respeta el territorio de su jefe. Entonces, para no desentonar, en vez de frecuentar El Gran Judas, él es asiduo concurrente a la sala de billares Bronco, y desde allí, dicen quienes lo conocen bien, sí emprende su propio ‘rotation’ por los locales nocturnos de la ciudad, donde se encuentra con amigos y amigas que alimentan sus fantasías extralaborales.
Dicen que su cabaret preferido se llama Ven a Mi, nombre sugerente en toda actividad prostibularia, y que nadie crea que esto es una crítica al hábito del sexo pago. Es simplemente un comentario de un periodista, voyeur del menemismo que invade a El Calafate.
Bueno, Prane aterrizó en Ven a Mi, luego de haber discutido muy acaloradamente con el señor Héctor Zupic en el interior de Bronco.
¿Qué ocurría entre Prane y Zupic? ¿Acaso sería una cuestión ideológica profunda? ¿Un nuevo manifiesto político del Frente para la Victoria? ¿Estarían ellos debatiendo herramientas para la inversión privada en El Calafate? ¿O probablemente se trataba de cómo resolver los cortes de energía eléctrica que obliga a adquirir esos generadores caseros Yamaha que hacen un ruido enloquecedor?
No, Prane y Zupic estaban disputándose una mujer, una alternadora que había cometido el error de pretender ser simpática con ambos. Además, Prane y Zupic no dejan de ser provincianos porque en New York City eso se hubiera resuelto ensayando un gang bang con la alternadora, pero ¿qué le voy a explicar yo a estos parroquianos de pacotilla qué es un gang bang?
Luego de gritar y amenazar, pensando que todo había terminado, Prane dejó a Zupic y a la alternadora y partió, raudamente, de la sala de billares hacia su próximo destino.
Cuando Prane llegó a Ven a Mi, montado en su poderosa Chevrolet LUV 4X4 patente ANT 337 dispuesto a recuperar su buen humor en las penumbras perfumadas del boliche, apareció Zupic, quien lo había seguido, dispuesto a reparar su buen nombre y honor vapuleado por ese mentecato (bah... utilizó otro vocabulario, y muchas referencias a la madre de Prane, a su abuela, a su tía, a su biseabuela y hasta a su tataratataraabuela). A lo macho, Zupic abrió fuego con un grueso calibre, de esos que se utilizan para cazar ciervos de muchos cuernos.
Pobre Prane, en la mitad de la noche calafateña, tirado cuerpo a tierra detrás de su camioneta, y pidiendo a los gritos que llamaran a la policía para que se llevaran a ese condenado ‘hijo’eputa’ que lo quería asesinar.
Y el muy ruin de Zupic hasta cometió la enormidad de pegarle varios perdigonazos a la 4x4, que ahora carga las huellas del episodio, aún cuando masilla en mano, un chapista haya trabajado en el ocultamiento del desatino.
Por supuesto que en medio de tanto alboroto llegó la policía, detuvo al taimado de Zupic, y Prane pudo ponerse de pie. Obviamente que esa noche hubo ‘rotation’ limitado.
Méndez ganó por puntos
Indudablemente, el intendente Méndez salió favorecido porque en el incidente callejero del que fue protagonista, apenas recibió unos magullones y cuatro puntos en las cejas, mientras que su secretario privado corrió un peligro cierto de cambiar su trabajo cotidiano por una actividad más... pasiva, como descansar en un féretro.
Los vecinos de El Calafate tuvieron tema para comentar en no menos de 20 sobremesas seguidas. Sin embargo, luego del chismorreo, quedó un sabor rancio en la boca de la gente de El Calafate.
Ni un hecho ni el otro fueron consecuencias del riesgo propio de sus funciones. En todo caso fueron derivaciones de conductas inapropiadas, probablemente consecuencia de algún abuso en el lenguaje. ¿Así se comportan los funcionarios públicos de la localidad que, cada vez con más frecuencia, elige el Presidente para descansar?
Por cierto que no son "problemas de la vida privada" porque se trata de funcionarios públicos en lugares públicos, frecuentados por muchos habitantes de la localidad, fuera del horario de trabajo.
No se encuentra en discusión la representatividad de Néstor Méndez, pero también es cierto que el voto popular no resulta un salvoconducto para cualquier actividad.
El intendente Méndez no tuvo mejor idea que ir a los medios de comunicación locales a afirmar que fue una casualidad esa asistencia a El Gran Judas, que en verdad detesta la actividad nocturna.
Decidido a embarrar la situación aún más, y como si fuese mentira aquello de ‘pueblo chico, infierno grande’, donde todos conocen de qué la va el prójimo, él declaró que es muy amigo del dueño del cabaret y que lo frecuentaba desde su inauguración, lo que obviamente requería alguna constatación de las condiciones del local.
Inmediatamente disparó: "No solamente voy ahí, en verdad asisto a todos los locales nocturnos que están habilitados y en tren de verificación también asisten (Jorge) Arabel (Gerente de SPSE) y otros funcionarios, concejales y distintas personas de este pueblo".
Esto fue lo que peor impacto tuvo en la opinión pública de El Calafate. Porque ‘calavera no chilla’.
¿Cómo es esto de que, para librarse de sus pecados, Néstor Méndez no tuvo empacho en embadurnar a los otros habitantes de El Calafate? Al fin de cuentas, él es el quien los representa a todos.
Abundaron los chascarrillos entre la gente, recordando aquella famosa "fiscalización in situ" a que apeló el hoy ex juez Francisco Trovato cuando fue sorprendido inspeccionando la anatomía de Silvia Süller, durante la instrucción del asesinato del empresario nocturno ‘Poli’ Armentano.
No son pocos los contribuyentes y empleados municipales quienes reclaman más seriedad en toda esta cuestión "porque al final sabemos que nosotros les pagamos la fiesta".
En algunas calles de Río Gallegos se encuentran viejos camiones volcadores que lucen, en el lado exterior de la tapa trasera, una leyenda que dice "Néstor Méndez 2007".
Cuando le han preguntado al intendente municipal por sus aspiraciones, él responde que le gustaría candidatearse para la gobernación santacruceña.
Luego, casi de inmediato, acude a una muletilla que lo deslegitima: "Pero ahora soy el Intendente de El Calafate y esto es lo que me preocupa porque hay mucho por hacer y me debo al pueblo que me eligió y confió en mi..."
Méndez es un admirador casi enfermizo de Néstor Kirchner. Algunos dicen que imita hasta su vestuario, sus movimientos y su manera de encarar las discusiones. Ni Rudy Fernando Ulloa Igor ha demostrado tanto apego al estilo y a la estética K.
De todos modos, hay coincidencias en que el otro Nestor (Méndez) es un mal imitador del santacrucreño más famoso (Néstor Kirchner), con quien sólo lo asemeja "las ganas que tiene el cura de llegar a Papa", como explicó un empresario turístico de El Calafate que conoce a ambos.
Sin embargo, si Méndez fuese candidato a la gobernación de Santa Cruz en el 2007, la gran pregunta es ¿dónde iría a festejar su triunfo si en Río Gallegos no hay aún filial de El Gran Judas?
Hay quienes le explican que tampoco es para exagerar, que Río Gallegos tiene lo suyo, que es posible quitarse el stress y descargar tensiones en la capital provincial; y si no fuese así, prometer ese plan de gobierno tendría mucho fundamento.
Entonces, si los habitantes de Río Gallegos comienzan a descubrir remodelaciones en los frentes de las llamadas ‘casitas de tolerancias’ que abundan en los suburbios de esta capital, ya saben de qué se trate y que comiencen a mirar hacia el hombre que llega desde El Calafate.
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(*) Director de Opi Santa Cruz.
Copyright by EDICIÓN i, 2005.












