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¿Nadie se hace cargo? El nuevo control fronterizo de la UE que ni seguros ni aerolíneas cubren

El nuevo sistema fronterizo de la UE (EES), que registra viajeros con datos biométricos, ya genera largas colas en aeropuertos europeos en plena Semana Santa.

El nuevo sistema digital de control fronterizo de la Unión Europea (UE) ya está generando problemas en varios aeropuertos del continente. Desde su despliegue progresivo en octubre, el Sistema de Entradas y Salidas (EES) comenzó a provocar largas colas, retrasos y, en algunos casos, incluso la pérdida de vuelos entre viajeros que ingresan o salen del espacio Schengen.

El sistema, que registra de forma automática los datos biométricos de ciudadanos de países no pertenecientes a la Unión Europea que viajan por estancias cortas, se aplica en 29 países europeos, entre ellos España, Francia, Alemania, Italia o Portugal. Su objetivo es sustituir el tradicional sellado manual de pasaportes y reforzar el control migratorio en las fronteras del bloque.

Sin embargo, la implementación del EES, que la Unión Europea fijó para desplegar plenamente en abril de 2026, ya generó críticas entre viajeros y expertos del sector turístico. Muchos advierten que los nuevos controles pueden alargar los tiempos de paso por los aeropuertos, especialmente en periodos de alta demanda como la Semana Santa.

El sistema estalla en Semana Santa en los principales aeropuertos de Europa

La aplicación del nuevo sistema no está siendo homogénea en todo el continente. Aunque el EES está previsto para operar en casi todos los países del espacio europeo, varios aeropuertos todavía enfrentan dificultades técnicas y operativas para aplicar los nuevos controles biométricos. El diario británico Daily Mail dedicó incluso un reportaje a los pasajeros afectados por estos retrasos, con testimonios de turistas que perdieron sus vuelos en el aeropuerto de Málaga tras largas colas en los controles fronterizos.

El problema afecta especialmente a los viajeros procedentes de países que no pertenecen a la Unión Europea, en su mayoría del Reino Unido, Estados Unidos o América Latina, que deben registrar sus datos biométricos al entrar o salir del espacio Schengen. Para muchos turistas británicos, que tras el Brexit pasaron a ser considerados viajeros de terceros países, el nuevo sistema implica controles más estrictos y tiempos de espera mayores en los aeropuertos europeos.

Aeropuerto Barajas.
El aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, uno de los principales puntos de entrada a España y al espacio Schengen, donde los nuevos controles del sistema EES podrían aumentar los tiempos de espera en frontera.

El aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, uno de los principales puntos de entrada a España y al espacio Schengen, donde los nuevos controles del sistema EES podrían aumentar los tiempos de espera en frontera.

Uno de los casos más claros es el de Francia, donde las autoridades decidieron suspender temporalmente el registro biométrico del sistema en los pasos fronterizos del Canal de la Mancha más allá de la fecha límite prevista del 10 de abril de 2026, debido a problemas de software e infraestructura. Mientras tanto, el tradicional sellado manual de pasaportes seguirá utilizándose durante varias semanas, sin que por ahora exista una nueva fecha confirmada para la puesta en marcha completa del sistema.

El retraso no modifica, sin embargo, las reglas de estancia dentro del espacio Schengen. El límite de 90 días dentro de un periodo de 180 días continúa aplicándose, aunque en estos casos el control vuelve a realizarse de forma manual por parte de los agentes fronterizos.

La excusa de aerolíneas, seguros y agencias para no compensar vuelos perdidos

Detrás de los retrasos que ya comenzaron a registrarse en varios aeropuertos europeos aparece una pregunta clave para los viajeros: ¿quién se hace responsable si una larga cola en el control fronterizo termina provocando la pérdida de un vuelo? En la mayoría de los casos, la respuesta es simple y poco alentadora: ni las aerolíneas ni las agencias de viaje asumen esa responsabilidad.

Las agencias, por ejemplo, suelen limitar su función a la intermediación en la compra de billetes o paquetes turísticos. Por ese motivo, los retrasos derivados de controles de seguridad o fronterizos (y no de la operación del vuelo) quedan fuera de su ámbito de actuación, lo que deja al pasajero sin posibilidad de reclamar una compensación directa por el tiempo perdido o por la conexión perdida.

En el caso de las aerolíneas, la situación depende del tipo de billete adquirido. Cuando el pasajero tiene toda su ruta bajo una misma reserva, la compañía suele reubicarlo en el siguiente vuelo disponible si pierde una conexión dentro del aeropuerto. Sin embargo, esto no implica una compensación económica, ya que el retraso no se considera responsabilidad de la aerolínea sino de los controles fronterizos.

El escenario cambia cuando el viajero combina vuelos con billetes separados, una práctica cada vez más habitual en rutas de bajo costo o en itinerarios con distintas compañías. En esos casos, si el pasajero pierde la conexión por las largas esperas en los controles, deberá comprar un nuevo billete por su cuenta.

Aeropuerto de El Prat.
El aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, uno de los principales puntos de entrada a España para turistas internacionales que deberán pasar por los nuevos controles biométricos del sistema EES.

El aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, uno de los principales puntos de entrada a España para turistas internacionales que deberán pasar por los nuevos controles biométricos del sistema EES.

A esto se suma otro problema: muchos seguros de viaje tampoco cubren estas incidencias. Según expertos del sector, las demoras vinculadas al nuevo sistema de control fronterizo pueden considerarse previsibles, lo que deja a los viajeros sin posibilidad de reclamar un reembolso incluso cuando pierden un vuelo por las colas en los aeropuertos europeos.

Así, mientras el sistema EES continúa desplegándose en los aeropuertos europeos, queda por ver cómo evolucionará su implementación tras las quejas y retrasos registrados en las últimas semanas. El desafío no es menor: con el verano europeo cada vez más cerca y el turismo a punto de alcanzar su punto máximo, los aeropuertos del continente deberán demostrar si el nuevo control fronterizo puede funcionar sin volver a poner en jaque los planes de millones de viajeros.

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