- La Casa Rosada se dio tiempo hasta el 14 de setiembre para presentar el Presupuesto 2019 al Congreso, con la idea de que sea tratado a fin de mes y hecho ley en octubre, en un cronograma pari passu con los trámites de la gestión ante el FMI en Washington, que requiere pasar por distintos departamentos antes de ser aprobado por la junta directiva. A esta altura, bajarle $500.000 millones al déficit fiscal para que llegue a 0 y que haga renacer la confianza de los mercados en la capacidad argentina de repago de la deuda depende, en gran medida, del manotazo indeseado a la agroexportación. Negociar de apuro con las provincias que bajen los gastos presupuestados suena a utopía. En todo caso, sería un gran logro que absorbieran los subsidios a la electricidad en 4,2 millones de hogares y, si no fuera demasiado pedir, los dirigidos al transporte. Ya en agosto, la recaudación de AFIP, que alcanzó $ 293.418,4 millones, trae diferenciada la ficción nominal que ingresa de lo real que queda una vez esterilizada con el Índice de Precios al Consumidor, pero al mismo tiempo la merma del 6,7% en la actividad económica se hizo sentir en las cantidades tributadas. Salvados del deterioro en sus valores reales los combustibles, los servicios públicos, los rubros regulados (como la medicina) y la competitividad del tipo de cambio, quedarían el salario y el empleo como variables de ajuste. Pero la inflación se convirtió en un impuesto ineludible para la mayoría de los argentinos, capaz de licuar tanto gasto público como remuneraciones de estatales y privados, activos y pasivos. Excepto, claro está, que saliera de la galera el impuesto a los cuadernos de Centeno.
- La máquina del tiempo, en la que su autor original, el escritor británico Herbert George Wells, hacía zambullir en el mañana a los protagonistas del ayer, fue recreada en una interpretación sui generis, cuándo no, argentina, pero ahora resulta que los guerreros agrícolas que en 2008 resistieron en las rutas las retenciones móviles impuestas por los Kirchner, en 2018 las apoyan cuando el gobierno de Mauricio Macri, aun en contra de lo comprometido, las vuelve a instaurar. Cuando a los políticos de escritorio, sean de extracción populista, como los K, o neoliberal, como los M, les urge equilibrar de un saque las cuentas fiscales, el manotón de ahogado se topa, antes que nada, con la renta agrícola. Ataviado como gaucho hace 10 años, el dirigente entrerriano Alfredo De Angeli era uno de los cabecillas de la revuelta campesina y el aparato futurista de Wells lo devolvió trajeado como senador justificando lo que rechazaba. El vocero de aquella Mesa de Enlace que coordinaba la lucha contra la 125, Eduardo Buzzi, dijo que esta vez no se está ante una 125 (es cierto, es un decreto y lleva el número 793) y los productores no saldrán a cortar rutas. Hoy como peronista bonaerense, Julián Domínguez ensaya una singular lectura de la derivación política de aquella exacción kirchnerista aprovechando la actual degradación del Ministerio de Agricultura a Secretaría, con un ex Sociedad Rural al comando (Luis Etchevere), a quien acaban de subordinar al industrialista Dante Sica: fue el gobierno de CFK el que jerarquizó al campo, porque elevó Agricultura y Ganadería a Ministerio y puso a un referente sectorial como él al frente, tras 27 años de permanecer condenada al rango inferior. Para las economías regionales es siempre más de lo mismo: el dólar más bajo para cobrar y el más caro para pagar.
- En un año, la paridad más que se duplicó sin que las remuneraciones de la sociedad la acompañaran ni en la cuarta parte a esa revalorización. Hoy el sueldo establecido como frontera de la pobreza cayó a US$500 mensuales y el mínimo, que permite comparar con el resto de la región, quedó en US$250, la mitad de lo que registraba en junio. Según una encuesta reproducida por Notiactual, que toma el indicador salarial en América Latina, la devaluación última en Argentina lo mandó abajo del camión, y ya habría quedado atrás de los US$295 en Colombia, US$ 325 de Brasil, US$456 de Chile, US$341 de Uruguay, US$340 de Paraguay y hasta los US$262 de Bolivia. Así, con menos dólares afectados al consumo interno que se liberan al comercio exterior, saldrá algún excedente más para pagar los voluminosos intereses del endeudamiento contraído por el gobierno de Mauricio Macri, que devengan US$137.000 millones al año y ocupan más espacio en el presupuesto nacional y del Banco Central que los subsidios recortados a fuerza de tarifazos. Las devaluaciones trajeron una brisa de competitividad a la economía por el lado del costo laboral y de los valores energéticos que inspiraron estimaciones presidenciales sobre un supuesto potencial exportador de US$30.000 millones para Vaca Muerta.
- “El ministro de Economía soy yo y el plan es éste”, sería la síntesis de la parada de gobernabilidad que irá a jugar el presidente Mauricio Macri en la boca de los lobos de Wall Street. El test de ida lo perdió con la suba del dólar arriba de $34 recibida como respuesta del mercado local al anuncio de que contará con más apoyo del Fondo Monetario Internacional. Ahora el chequeo se traslada a Nueva York, donde el descomunal riesgo país asignado por los administradores de portafolios refleja el desconcierto que los embarga acerca de cuánta plata necesitaría, en realidad, Argentina para financiar el presupuesto de 2019, lo mismo que si el ajuste contenido en el proyecto de ley de leyes es cumplible y cuenta con respaldo de la oposición para que pase por el Congreso. El jefe de Estado pone en juego la simpatía de la que aún goza entre los líderes de las principales potencias mundiales (la mayoría asistirá a la reunión de noviembre en Buenos Aires del G-20), enfrenta a los referentes del círculo rojo que le bajaron el pulgar, además de por la mala praxis de la gestión, por la forma irrestricta en que la Casa Rosada manejó el escándalo de los cuadernos de Centeno, el desfile de arrepentidos, etc, y pone el pecho como garante ante la mesa examinadora de los representantes de los fondos en Nueva York. Deberá revertir el veredicto adverso que evidencian sobre la idoneidad de su equipo (empezando por el jefe de Gabinete Marcos Peña) y que tampoco vean recambio en el banco de suplentes de Cambiemos. A favor esgrime, una vez más, el peligro de un eventual regreso del populismo, al que también le colgó el sambenito de corrupto.
- En una escala que actualmente sería múltiplo de $10.000, se podría clasificar hoy, de ahí para abajo, al indigente; hasta $20.000 al pobre y hasta $30.000 al empobrecido, que sería el común de la gente al que impuestazos (nacionales, provinciales y municipales, juntos y superpuestos), tarifazos, surtidorazos, tasazos, dolarazos y todos los superlativos que emanen de los precios regulados por los gobernantes, le impiden ver de cerca el fin de mes. La Administración Macri se encuentra en una encerrona para parar el carrusel: que la propia inflación le devora lo que había recuperado de tarifas de luz, gas y agua, combustibles, tipo de cambio, multiplica intereses del endeudamiento que ya se pagaron, esmerila el poder adquisitivo de los salarios, afecta la rentabilidad empresaria con la recesión y, pese a todos los aumentos que se sucedieron hasta ahora, su leit motiv, que era reducir los subsidios del Tesoro, pierde efecto porque vuelven a subir. En el GBA es donde el rostro de la pobreza se ve cada vez más de cerca y al gobierno no le conviene cualquiera sea su verdadera sensibilidad: difícilmente en esas condiciones la imagen y la intención de voto de María Eugenia Vidal no terminen quedando dañadas.
- El rojo financiero cotidiano que arrastra el mercado de capitales local siembra nuevas dudas a si se irían a necesitar US$7.500 millones adicionales a los desembolsos del Fondo Monetario Internacional, tal como sostiene la Administración Macri, o US$ 15.000 millones (el doble) como contabilizan los bancos de inversión. A 4 meses de finalizar el año, con la paridad al galope arriba de los $31 y una tasa de inflación ascendente que en agosto ya se acerca al 35% anual, más las sombras de los cuadernos sobre los PPP, o sea, el PBI y el empleo, todo apunta a barajar y dar de nuevo. Suponiendo que el FMI y la Casa Blanca apoyasen efectivamente el replanteo, como descuenta la Casa Rosada, la incertidumbre económica será lo único cierto hasta que el carrusel se detenga en algún punto.
- A toda costa los tecnócratas de la Casa Rosada dan vueltas, tijera en mano, sobre el sistema previsional para asegurar que cierre el déficit fiscal del año que viene, comprometido con el FMI en 1,3% del PBI. Forma parte del gasto social, que ocupa las tres cuartas partes del Presupuesto, y el gobierno nacional aseguró que no se tocaría, aunque sí pretende redistribuir la carga con las provincias a través del IVA. Los fondos internacionales de inversión dudan de la determinación del propio presidente Mauricio Macri de meter el bisturí hasta el hueso en los ajustes y, en consecuencia, no le aflojan al riesgo país. Así como la inflación hace estragos de indigentes a pobres y de ahí para arriba, las ayudas pierden efecto o se ralentizan. Pero también los administradores de Hacienda incurren en otras prácticas dilatorias con las transferencias a ministerios y organismos que ya estaban presupuestadas. Así va pateando las necesidades de financiamiento, y en algunos casos hasta se les va la mano, como viene sucediendo con las universidades, por ejemplo. En sistemas con fallas, como las que adjudican a las transferencias del Estado a la niñez tendientes a reducir la infantilización de la pobreza, casi un millón y medio de chicos, en su mayoría provenientes de hogares vulnerables, no recibieron dinero del Estado en lo que va del año. En el 70% de los casos, se les ponen excusas de orden burocrático. La denuncia la hizo CIPPEC.
- Ya sin barreras normativas y trabas cambiarias para las importaciones, el cash flow de los dólares del intercambio comercial no para de dar pérdidas, con devaluación y todo. Sólo el agro mueve el amperímetro de las exportaciones, tanto por cantidades como por precios, pero la sequía este año deja sin el pan y sin la torta. Desde la recomposición del comercio mundial que tuvo lugar a partir de 2010, como consecuencia de la crisis subprime de USA en 2007/8, las exportaciones argentinas cayeron en un letargo que ni la Administración CFK ni la MM enfrentaron, y ahora la deficitaria cuenta de dólares progresa con pata renga. En pocos años, la cantidad de exportadores se redujo a menos de la mitad y la facturación se concentró en un puñado de empresas y de rubros. Argentina quedó prácticamente fuera de las cadenas internacionales de valor, hegemonizadas por multinacionales de las que nuestro país adolece, que movilizan el 70% del comercio mundial. Es por esa razón que el FMI no pierde tiempo con ese platillo de la balanza comercial y hasta lo ignora cuando recomienda sacar reintegros y frenar la reducción de 0,5 puntos mensual a las retenciones a la soja. Prefiere como todo ajuste del sector externo desalentar con un tipo de cambio alto la entrada de autos, indumentaria y calzado importados y que los residentes gasten menos en el exterior, sea haciendo turismo o shopping. Así y todo, 2018 se despedirá con un rojo comercial parecido al del año pasado, según la consultora Abeceb, cuyo director es ahora ministro de la Producción, Dante Sica, y debería hacer algo más que analizar desde el lado oficial del mostrador para sacar a las exportaciones de su letargo.
- Sin certezas de que la oposición parlamentaria acompañe la baja del déficit primario al 1,3% del PBI que deberá constar en el proyecto de Presupuesto 2019, ni cuántos de los vencimientos de Letras de Tesorería se renovarán para saber cuánta plata se necesitará para financiarlo, los representantes de fondos comunes de inversión del exterior transmitieron a los enviados a Nueva York de la Administración Macri que, por ahora, el descalificador riesgo país que saca a los bonos argentinos de vidriera está bien donde está. Discrepan asimismo con la estimación del Ministerio de Hacienda de que harán falta US$7.500 millones, aparte de los desembolsos del FMI, para cubrir 2019, y reparan en el denominado déficit cuasifiscal que incluye los títulos públicos. Los lobos de Wall Street calculan US$15.000 millones y los consultores más moderados no bajan de US$10.000 millones adicionales. De la magnitud que asumió la deuda dan la pauta los intereses, cuyo costo ayudó a catapultar la devaluación hasta mitad de año y representan 0,4 puntos del PBI.
- A apenas 2 meses del coloquio empresarial que refleja el pensamiento de los principales hombres de negocios del país, el de IDEA, una profunda grieta se abrió y separa transversalmente a los más involucrados en las prácticas espurias con la obra pública respecto de los menos comprometidos; entre los que tienen y los que no compromisos con políticos enriquecidos con esas prácticas, e instaló la sospecha y la desconfianza en una relación que antes podría diferenciar a los grandes de las Pymes, a neoliberales de desarrollistas, pero ahora a corruptos versus transparentes. El crítico contexto económico tampoco ayuda a aglutinar: justificadas visiones agoreras confrontan, con matices, con una resignada opción de que es preferible mantener la alianza con la Administración Macri, aun con sus repetidas malas praxis y falta de coherencia en que incurre la gestión, a caer en un abismo institucional impredecible. Los choques entre los que quieren lapidar al gobierno por la delicada coyuntura y los que prefieren saltarla con garrocha en el foco de un pronunciamiento influyente, como el de IDEA, fueron subiendo de voltaje: al precoloquio de Rosario no concurrieron figuras ni se repitieron marcos de asistencia pasados, al encuentro del Foro de Convergencia Empresaria le dieron la espalda los grandes grupos, como Techint, Arcor y Clarín. E hicieron su propio cónclave a través de la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA), con la presencia estelar del líder de la multinacional siderúrgica made in Argentina, Paolo Rocca. Lo convirtieron en un embrión de bajada de línea para el coloquio de IDEA en Mar del Plata. Aunque enojado con el Presidente por haberse manejado con impericia el estallido del escándalo que dejó pegada a Techint como nombre rutilante de un club de la obra pública que nunca integró y abomina, en su carácter de líder natural de esta elite personalizada de los principales hombres de negocios del país ratificó que sigue apoyando al gobierno y le puso buena cara al mal tiempo, o a la tormenta de la versión oficial. No será fácil, por lo visto, convencer al empresariado que ve de lejos Comodoro Py sobre la conveniencia estratégica de abstenerse de pronunciar juicios lapidarios,, cuando no todos tienen resto propio para armarse de paciencia.








