Atenção: Fuerte endeudamiento de los brasileros
Los consumidores brasileros destinan hoy día demasiado dinero de sus ingresos al pago de sus deudas. Peor aún: los bancos pierden R$10.100 millones (US$ 4.967 millones), a causa de préstamos incobrables o en mora para la compra de vehículos.
23 de mayo de 2012 - 19:47
S. PAULO y RÍO. En días cuando el gobierno de Dilma Rousseff intenta contener nuevamente la desaceleración del consumo, o sea ambiciona que los consumidores recuperen fortaleza, el peso de deudas antiguas alcanza niveles récord en el presupuesto de las familias brasileñas.
En abril, sólo las deudas financieras representaron, en promedio el 45% de los ingresos anuales, de acuerdo a las proyecciones del economista Simão Silber, de la Universidad de São Paulo (USP), en base a datos del Banco Central (BC). Este porcentaje era de 24,94% en enero de 2007, y de 35,8% a principios de 2010.
"El endeudamiento de las familias aumentó considerablemente en días recientes, y está mostrando señales de saturación. Y un mayor acceso al crédito en Brasil es acompañado de altas tasas de interés fijas, lo que significa un perfil de deuda que no es saludable. Esto plantea la trampa de la deuda. Las personas quedan atrapadas, prisioneras de los bancos", afirma el profesor de Economía de la Uerj, Luiz Fernando de Paula, admitiendo un mayor riesgo de morosidad, a causa de las medidas de estímulo al consumo anunciadas por el gobierno.
En la actualidad, cada mes, más de 20% de los ingresos de las familias, en promedio, ya está comprometida en el pago de deudas bancarias, exclusivamente. En este caso, esa porción aumentó de 18% en enero de 2008 a 22% en febrero última. Un porcentaje muy alto, según los economistas, ya que el consumidor tiene, además, gastos en educación, vivienda, transporte, salud y alimentación. El exceso de deudas termina resultando en un incremento de la morosidad. En marzo, la tasa, que considera retrasos superiores a 90 días, llegó a 7,4% de las financiaciones para personas físicas, un equivalente a R$ 38.850 millones (US$ 19.107 millones).
Clase C
En Brasil se denomina Clase C a la ascendente clase baja que, entre los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso y, especialmente, Luiz Inácio Lula da Silva, devinieron en clase media.
El educador financiero Mauro Calil considera que el nivel de endeudamiento de los hogares hoy día es alto. Él cree que las nuevas medidas para impulsar el consumo que anunció la presidenta Dilma pueden ser favorables para la sociedad, por estimular la economía, pero algunas personas pagarán la cuenta con más deuda.
La situación en Brasil es más delicada que en otros países.
En USA, por ejemplo, la proporción de los ingresos mensuales para pagar deudas bancarias varía de 15% a 17%.
En los países europeos más pudientes, el nivel de deuda puede, incluso, superar el 100% de los ingresos anuales. Pero como los intereses son mucho más bajos y los plazos mucho más largos que en Brasil, el peso final en el presupuesto mensual de las familias es proporcionalmente menor.
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Es importante ese agravante del plazo breve en Brasil, según el profesor de la Uerj
"El endeudamiento y, especialmente, el compromiso de los ingresos mensuales son mucho mayores hoy que en 2008 y 2009, y el paquete de estímulo del gobierno es el mismo. Para volver a endeudarse, el consumidor tiene que recuperar capacidad de gasto en su presupuesto", dice Luiz Rabi, gerente de Indicadores de Mercado de Experian Serasa.
Cálculos del área económica del Banco Pine indican que el nivel promedio de endeudamiento es todavía mayor entre las familias de la clase C, con ingreso mensual entre 2,5 y 5 salarios mínimos (R$ 1.555 o US$ 764,8 a R$ 3.110 o US$ 1530), y llegaría a 60% del ingreso anual.
"Las deudas que ese segmento de consumidores ha contraído últimamente son más caras que en el año 2009. Hasta ahora, eran pasivos en CDC (crédito directo al consumidor), pero ahora hay sobregiros cuyos intereses son más altos", explicó Marco Maciel, economista jefe del Banco Pine.
Luiz Fernando de Paula también señaló que los consumidores de ingresos bajos, además de sólo tener acceso al crédito a tasas de interés altas, tienen menos facilidades para negociar sus deudas con las instituciones financieras.
Silber, de la USP no ve en las medidas de estímulo que anunció Dilma, un gran potencial para impulsar la economía.
"Por mucho que el gobierno quiera, será difícil estirar tanto el crédito tal como se hizo. Las tasas de interés siguen siendo demasiado altas, y las deudas, incluso las pequeñas, ya afectaron gravemente a los ingresos. Además, los plazos de los préstamos son cortos en Brasil", insiste Silber, señalando que el término medio de los préstamos a las personas es de 600 días, menos de 2 años.
La economista de la Confederación Nacional de Comercio (CNC), Marianne Hanson, también cree que la deuda va a limitar el impacto de estas medidas porque la gente es más cautelosa.
Las operaciones de crédito del sistema financiero alcanzaron el 49,1% del Producto Interno Bruto (PIB) el año pasado, más del doble de los 24,1% registrados en 2003. Es consenso entre los economistas que la expansión del crédito se producirá ahora en un ritmo menos vertiginoso.
Maciel, de Pine, destaca además que la reducción del Impuesto sobre Productos Industrializados (IPI) de vehículos y del Impuesto sobre Operaciones Financieras (IOF) en las operaciones de crédito están muy restringidas a la industria del automóvil.
Los bancos
Hasta marzo inclusive, bancos y financieras ya perdido R$10.100 millones (US$ 4.967 millones) con deuda de los consumidores beneficiados con la financiación de vehículos nuevos y usados, calcula el economista jefe de la Confederación Nacional de Comercio (CNC) y ex director del Banco Central (BC), Carlos Thadeu de Freitas.
Las cuentas se hicieron con base al saldo de la cartera de préstamos para la compra de vehículos y presentado en el informe de crédito del Banco Central, que ascendió a R$ 177.000 millones (US$ 87.054 millones) en marzo de este año y en la proporción de préstamos con atrasos superior a 90 días, que alcanzó el 5,67% en el período.
Por lo general, esta cifra es lanzada como disposiciones relativas a los balances bancarios y parte de ellas se recupera a través de renegociaciones de deudas, pero con descuentos.
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Fue precisamente para revertir el aumento de morosidad de vehículos y ayudar a proveer el stock de vehículos 0 kilómetro estacionados en el patio de los fabricantes de automóviles que el gobierno anunció las medidas para impulsar el sector.
Entre ellas se encuentran la reducción del Impuesto sobre Productos Industrializados (IPI) de los autos, el recorte en el precio de fábrica de los 0 Km. y la disminución del Impuesto sobre Operaciones Financieras (IOF) en general, que también afecta a las operaciones de crédito de autos nuevos y usados.
En el análisis de Freitas, desde el punto de vista macroeconómico, las medidas anunciadas de estímulo del crédito tendrán un efecto limitado, pero será mayor el impacto en el segmento de vehículos que en el inmobiliario, ya que el consumidor está muy endeudado. Él cree que las mismas ayudarán a estabilizar los stocks altos de automóviles.
"El consumidor que planifica comprar una propiedad puede cambiar de opinión y comprar un auto, frente a atractivos descuentos", ejemplifica el economista.
Uno de los obstáculos señalados por Freitas para que el paquete tenga un impacto eficaz en la aceleraración del ritmo de actividad, incluso si hay extensión de plazos de pago de las financiaciones, tal como quiere el gobierno, es el ya mencionado alto endeudamiento de los consumidores. "Casi el 23% de la renta disponible ya está comprometida con pago de deudas", dice.
Además, Brasil se encuentra en un período de crecimiento débil, en el que los ingresos de la población no crecen al ritmo de 2010.
Sin embargo, según el vicepresidente de la Asociación Nacional de Ejecutivos de Finanzas, Administración y Contabilidad, Miguel Ribeiro de Oliveira, la reducción de IPI, del precio de fábrica de los vehículos y del impuesto sobre Operaciones Financieras es importante.
Pero el efecto de alargamiento de los plazos de los préstamos sería más efectivo para el consumidor a crédito. "El plazo de pago mayor reduce el valor de la prestaciòn", destaca. En la investigación de abril de la entidad, la fecha límite para los autos era de 60 meses y el plazo más frecuente era 40 meses.
"Somos optimistas, las medidas promoverán una reacción en el mercado", afirma el presidente de la Federación Nacional de Distribuidores de Vehículos Automotores (Fenabrave), Flavio Meneghetti.
De acuerdo con la Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos Automotores (Anfavea), los stocks de vehículos nuevos repartidos entre los fabricantes y comerciantes siguen siendo altos.
A finales de abril, equivalían a 43 días de ventas o 366.000 autos. La información que la entidad tenía hasta el lunes 21/05, antes del anuncio de las medidas, era que el mercado continuaba en caída, sin reacción.













