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SITUACIÓN MUY TENSA

Etiopía: Atletas dispuestos a ir a luchar en el Tigray

Etiopía define su guerra contra la insurgencia del Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) como "existencial".

El medallista olímpico de Etiopía, Haile Gebrselassie, dijo estar dispuesto a ir al frente de guerra para luchar contra la insurgencia en la región norteña del Tigray, encabezada por el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF, según sus siglas en inglés), luego de que el primer ministro de ese país, Abiy Ahmed, instara a "todos los ciudadanos" a defender su país. Otro atleta etíope que se ha mostrado partidario de hacer el esfuerzo requerido es Feyisa Lilesa.

Gebrselassie fue 2 veces campeón olímpico de 10.000 metros, mientras que Feyisa Lilesa fue medalla de plata en el maratón de los Juegos Olímpicos de Río en 2016.

"Estoy preparado para hacer lo que sea necesario", dijo Gebrselassie en una entrevista concedida a la agencia etíope de noticias ENA, en la que criticó la intervención de otros países en el conflicto. El atleta agregó que los etíopes "no deben permitir" que el país siga los pasos de Siria o Libia. Varios consideran que los enfrentamientos que vienen teniendo lugar en el Tigray, entre el gobierno central etíope y la insurgencia regional, ya configuran una guerra civil.

"Los etíopes no debemos permitir que esto pase en nuestro país. En este sentido, estoy preparado para servir a mi país allá donde me necesite", ha señalado. "Las potencias occidentales han intervenido en los asuntos internos de Etiopía, lo que afectará a casi todos los africanos y al resto de los negros. No entiendo por qué necesitan esta intervención poco razonable", ha agregado. "Hemos visto cómo Irak, Siria, Yemen y Libia han sido destruidos o desintegrados, pero Etiopía es un país con más de 120 millones de personas, así que cualquier intento de desestabilización irá en su contra". Por ello, ha pedido a los "hermanos y hermanas y africanas que apoyen a Etiopía". "Hemos estado luchando contra el colonialismo desde hace siglos. Tenemos que reforzar nuestra libertad luchando por el futuro de nuestra generación", ha remarcado el atleta, agregando que "Etiopía siempre ha sido un ganador".

Por su parte, Lilesa ha aplaudido la decisión de Abiy y se ha mostrado dispuesto a unirse a las filas del Ejército, tal y como ha recogido la cadena de televisión etíope Fana.

"El primer ministro Abiy Ahmed ha tomado la decisión correcta y estoy preparado para inspirarme de la valentía de mis ancestros y repetir lo que hicieron en la Batalla de Adua --en la que las tropas etíopes derrotaron en 1896 a las fuerzas invasoras italianas--, en la línea de frente, para salvar a mi país", ha subrayado.

Las declaraciones de los atletas llegaron luego de que el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, instara a todos los ciudadanos a acudir al frente en defensa del país y anunciara que él mismo se dirigiría al frente para luchar contras los rebeldes en el Tigray.

Lilesa es miembro de la comunidad oromo al igual que Ahmed, y saltó a las portadas internacionales tras cruzar la línea de meta en los Juegos Olímpicos con los brazos sobre su cabeza y las muñecas cruzadas, en un gesto de apoyo a las protestas de los oromo contra los planes del Gobierno de reasignar tierras de cultivo, explica el diario La Nación. Las protestas, reprimidas con dureza por el Ejecutivo, fueron uno de los catalizadores de un proceso que llevó a la dimisión en febrero de 2018 del entonces primer ministro, Hailemariam Desalegn, quien fue sucedido por Ahmed, primer miembro de la comunidad oromo en acceder al cargo en la historia de Etiopía.

Abiy Ahmed se marcha al frente

El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, ha marchado al frente a dirigir al Ejército etíope en la guerra contra los rebeldes en esta región, informó este miércoles 24/11 el portavoz del Gobierno, Legesse Tulu.

"El movimiento del primer ministro al frente es una decisión clara y ejemplar de un auténtico líder. No hay nada más etíope. Los etíopes deberían seguir al primer ministro y marchar para salvar al país", afirmó Legesse en una rueda de prensa en Adís Abeba. "Otros altos funcionarios del Gobierno también han aceptado el llamamiento del primer ministro e irán a los frentes de guerra. Los líderes que se queden se centrarán en su trabajo habitual y el viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores, Demeke Mekonnen, coordinará esto", explicó Legesse.

El mandatario, ganador del Premio Nobel de la Paz en 2019, prometió el pasado lunes que, a partir del martes, iba a luchar en el campo de batalla contra los rebeldes tigriños porque en estos momentos el país "necesita sacrificarse". El mandatario instó a "todos los ciudadanos" a defender el país y "enfrentar al enemigo" en el terreno de combate. "Es una lucha que determina si vivimos o no. Pero definitivamente ganaremos. Es impensable que Etiopía sea derrotada", agregó.

Abiy lanzó su arenga luego de que las fuerzas insuergentes del Tigray conquistaran el pasado fin de semana la ciudad de Shewa Robit, en la vecina región de Amhara, a unos 220 kilómetros de Adís Abeba, sede de la Unión Africana (AU), entre otros organismos internacionales. Su gobierno calificó el conflicto como una a "guerra existencial".

Antecedentes del conflicto

Ahmed lanzó una campaña militar contra el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) -partido que gobernaba entonces la región- hace poco más de un año -el 4 de noviembre de 2020-, tras acusarlos de haber atacado 2 bases militares etíopes en la región del norte, presuntamente para robar artillería y equipamiento militar (las autoridades de Tigray niegan que esto haya sucedido). Ahmed los acusó de buscar desestabilizar su gobierno.

Tres semanas más tarde, las tropas etíopes entraban en Mekele, capital de Tigray, y Ahmed declaraba el final del conflicto. Sin embargo, el TPLF lanzó una contraofensiva meses después, recuperó Mekele y buena parte de Tigray y comenzó su avance hacia el sur, ocupando diversas ciudades en las regiones vecinas de Afar y Amhara

Por ahora, según la ONU, miles de personas han muerto y unos dos millones han sido desplazadas internamente en Tigray. Durante la guerra, se han llevado a cabo varias masacres, entre ellas la de Mai Kadra -por la que organismos locales de derechos humanos y Amnistía Internacional- acusan a los insurgentes del Tigray, quienes a su vez acusan a fuerzas del gobierno central.

Hasta junio de 2021, el gobierno parecía estar prevaleciendo con la ayuda militar de la vecina Eritrea, pero el TPLF ha resurgido con una estructura militar superior y capacidades adquiridas durante sus 3 años en el poder antes que Ahmed. Mientras tanto, los eritreos se han retirado de la guerra, aunque continúan ocupando algunas áreas a lo largo de la frontera, dijeron los diplomáticos, y el Ejército etíope está a la defensiva después de haber sufrido enormes pérdidas por desgaste. El TPLF está intentando construir un frente más amplio. La milicia más poderosa de Etiopía, el Ejército de Liberación Oromo (OLA), unió sus fuerzas al TPLF en la carretera que conduce a Addis Abeba. El portavoz de la OLA afirmó que cientos de soldados etíopes han desertado a su lado en los últimos días y que decenas de miles de jóvenes oromo se han unido voluntariamente a sus filas. Ninguna de las afirmaciones fue apoyada por pruebas.

El TPLF, que antes de la llegada de Abiy al poder en 2018 dominaba el Gobierno etíope, también ha formado una alianza con otros grupos insurgentes, como el Ejército de Liberación de Oromo (OLA), activo en la región de Oromía que rodea Adís Abeba, explica el portal Marca. 9 grupos militantes, incluidos TPLF y OLA, firmaron una alianza, afirmando representar una visión de Etiopía más similar a la que prevaleció bajo el TPLF, privilegiando la autonomía étnica y el federalismo, en oposición a las propuestas de Abiy hacia la centralización del poder y la creación de un gobierno más unificado.

Poniendo en contexto

El pueblo Tigray tiene sus orígenes en los primeros grupos semitas que llegaron a la zona y se habrían establecido en el actual territorio del norte de Etiopía y Eritrea, explica Wikipedia, a partir del año 1000 a. C. De acuerdo a la tradición, el pueblo Tigray sería descendiente del antiguo reino de Saba, gobernado por Menelik I, hijo rey de Salomón y la reina de Saba, al igual que los sacerdotes de la Iglesia ortodoxa etíope Tewahedo.

Así explica el portal Descifrando la Guerra el trasfondo del conflicto:

"Para muchos, esta ofensiva de Adis Abbeba, es considerada como una venganza hacía la región norteña por las elecciones no autorizadas que celebraron en septiembre (del año pasado). Los comicios fueron la respuesta del TPFL a la postergación sin fecha de las elecciones estatales que debían celebrarse en 2020, pero que el gobierno decidió retrasar a causa de la pandemia de Covid-19. Esto provocó las quejas de la oposición en todo el Estado y llevó a al gobierno de Tigray a no reconocer a ninguna autoridad federal desde el 5 de octubre, fecha en que debía terminar el mandato de Abiy Ahmed.

"Esto, se une a un creciente interés de la población tigriña (también llamada tigray o tigré) hacia la secesión. Los tigriña, a pesar de contar sólo con el aproximadamente 5% de la población total etíope, fueron durante años la etnia dominante en el país bajo el gobierno de Meles Zenawi, y ocupan actualmente la que muchos consideran como la región más rica y próspera del país, además de la más beneficiada por el fuerte crecimiento económico de Etiopía en los últimos años. Además, este pueblo se considera descendiente directo del mítico Reino de Saba.

"Todo ello ha provocado la animadversión de parte de la población etíope e incluso el propio Primer Ministro los ha llegado a considerar como 'arrogantes'."

Etiopía se rige desde 1991 por un federalismo étnico en el que cada una de las etnias mayoritarias gobierna una de las 9 regiones administrativas.

Cuando llegó al poder, Ahmed inició una purga de los tigriña que ocupaban altos cargos administrativos o militares.

"Esta situación no es nueva en Etiopía, acostumbrada a las tensiones étnicas y a las venganzas de las élites cuando se produce una alternancia en el poder."

El actual primer ministro aplicó políticas encaminadas hacia la centralización del poder y la recuperación de un nacionalismo estatal, el fortalecimiento de un sentimiento de unidad por encima de las particularidades comunitarias. Esta iniciativa encontró gran resistencia por parte de pueblos como los tigriña, que sienten que sus particularidades históricas están en peligro.

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