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El costo oculto de la Fórmula 1 en Madrid: vecinos huyen de sus casas por el Madring

La Fórmula 1 obliga a familias del entorno de Ifema a marcharse por el ruido, mientras colegios y empresas alteran su rutina por el Madring.

La Fórmula 1 vuelve a Madrid después de 45 años con una apuesta multimillonaria, entradas agotadas y una previsión de cientos de miles de visitantes. Pero alrededor del Madring, algunos vecinos eligieron otra salida: abandonar sus casas durante el fin de semana para escapar del ruido y las restricciones.

El Gran Premio promete alrededor de 470 millones de euros de impacto económico, unos 8.850 empleos y cerca de 350.000 asistentes, dentro de un contrato que mantendrá la carrera en la capital hasta 2035. Al mismo tiempo, plataformas vecinales calculan que el sonido puede superar los 100 decibelios, mientras el Ayuntamiento mantiene desde agosto cortes y restricciones alrededor de Ifema y Valdebebas.

Ese contraste empieza a definir el estreno. Madrid vende la carrera como una nueva vitrina internacional, pero en Las Cárcavas y otros barrios próximos hay familias que pasarán los próximos días fuera, colegios que flexibilizaron ausencias y residentes que cuestionan cuánto de ese beneficio económico compensa la alteración de vivir durante semanas junto a un circuito semipermanente.

El Madring se mete en casa: vecinos que se van y barrios bajo restricciones

La dimensión del Gran Premio se entiende también fuera de la pista. Entre el 10 y el 14 de septiembre, el Ayuntamiento activó cortes completos en distintos tramos de Ribera del Sena, Vía de Dublín y Francisco Umbral, además de cambios de circulación alrededor de Ifema. Para los tres días de competencia diseñó dos coronas de movilidad y tres zonas de protección, reforzó Metro, Cercanías y autobuses y puso en marcha cinco lanzaderas especiales para absorber la llegada masiva de público. Las restricciones, además, no comenzaron con la carrera: parte del montaje ocupa calles del entorno desde el 10 de agosto y el desmontaje mantendrá afecciones hasta el día 20.

Para quienes viven allí, esa transformación temporal de Valdebebas, Las Cárcavas y los límites de Hortaleza y Barajas significa algo bastante más cotidiano. Algunos residentes deberán identificarse mediante acreditaciones para acceder en vehículo a sectores restringidos, empresas de la zona recibieron recomendaciones para favorecer el teletrabajo y centros educativos flexibilizaron horarios y ausencias ante las dificultades previstas para llegar a clase. El circuito está lejos del centro histórico de Madrid, pero eso no evitó que su funcionamiento terminara condicionando durante varios días la rutina de barrios enteros.

Y algunos directamente decidieron no quedarse para comprobar cuánto se escuchará. Hay familias que viajarán a Marbella, otras se refugiarán en casas de familiares y una vecina contó que recorrerá más de 100 kilómetros hasta Riaza, en Segovia, para pasar allí el fin de semana. Otra residente del entorno de Ifema resumió el desgaste acumulado después de meses de obras con una frase que va más allá de los tres días de carrera: “Una siente que su casa ya no es suya”. El rechazo al Madring, por eso, no nace solamente del sonido de los monoplazas, sino de cuánto espacio está dispuesto a ceder un barrio para sostener uno de los grandes negocios deportivos que Madrid quiere convertir en parte de su nueva identidad internacional.

Hasta 109 decibelios: el ruido lleva al Madring a los tribunales

El principal frente contra el circuito está en el sonido. Durante las pruebas de Fórmula 3 realizadas a finales de agosto, la plataforma Stop F1 Madrid instaló un sonómetro junto a viviendas próximas a Ifema y registró una media de 102,7 dBA, máximos de 107,7 y picos de 109,1. Las mediciones fueron hechas con apenas unos pocos monoplazas en pista, mientras que el límite habitual en áreas residenciales se sitúa en torno a los 55 dBA.

El problema podría alcanzar a mucha más gente que quienes viven pegados al trazado. Un estudio elaborado por el ingeniero ambiental Iván Ruiz Coello estimó que unas 13.936 personas quedarían expuestas a niveles superiores a 60 decibelios durante la actividad del circuito y que 79 residentes podrían afrontar niveles asociados a riesgo auditivo. No se trata de una evaluación oficial del Ayuntamiento, sino de un trabajo académico independiente, pero sus conclusiones reforzaron un reclamo vecinal que lleva meses creciendo alrededor de Valdebebas, Las Cárcavas y Hortaleza.

El Ayuntamiento sostiene que el Gran Premio contará con pantallas acústicas, barreras naturales y otras medidas correctoras, y asegura incluso que los actuales Fórmula 1 generarán menos ruido que los F3 utilizados en los ensayos. Sin embargo, la propia documentación ambiental reconoce que las medidas previstas no permitirían mantener todos los niveles dentro de los límites ordinarios durante entrenamientos y carrera, por lo que la celebración requiere una suspensión temporal de determinados objetivos de calidad acústica.

Ese choque ya llegó a la Justicia. Organizaciones ecologistas mantienen abiertos recursos contencioso-administrativos contra distintos aspectos del proyecto y una de ellas intentó suspender cautelarmente la licencia que permite instalar gradas, pasarelas y zonas de hospitalidad. El tribunal rechazó frenar las obras al considerar que hacerlo a pocas semanas de la carrera provocaría una “perturbación grave de los intereses generales”, aunque el fondo de los procedimientos todavía no está resuelto.

Del Bernabéu al Madring: el ruido cambia de barrio, pero el conflicto permanece

El debate tampoco nace con la Fórmula 1. Madrid ya había enfrentado un choque parecido alrededor del Santiago Bernabéu, donde la llegada de la NFL reabrió el enfrentamiento entre los grandes eventos y los residentes por las excepciones acústicas. Pero la comparación tiene un límite evidente: el estadio del Real Madrid está incrustado en pleno Paseo de la Castellana, rodeado de viviendas, oficinas, comercios y calles con una densidad urbana difícilmente comparable con el entorno de Ifema.

El Madring fue planteado, precisamente, lejos de ese Madrid central. El trazado se extiende entre Ifema y Valdebebas, junto a grandes avenidas, terrenos abiertos y nodos de transporte próximos al aeropuerto. Sobre el papel, es un escenario mucho más preparado para albergar a cientos de miles de personas sin reproducir el impacto de un evento celebrado en pleno Chamartín. Y, sin embargo, el estreno de la Fórmula 1 volvió a provocar el mismo punto de fricción: qué ocurre cuando el beneficio económico de un megaevento empieza a modificar la vida de quienes viven alrededor.

La diferencia hace incluso más significativo el reclamo actual. Si en el Bernabéu la discusión podía explicarse por la ubicación excepcional de un estadio de 80.000 personas en el corazón de la capital, en Valdebebas el conflicto reaparece pese a estar en la periferia. Familias que se marchan durante el fin de semana, colegios que adaptan su funcionamiento y mediciones que superan ampliamente los niveles acústicos ordinarios muestran que trasladar el espectáculo fuera del centro reduce algunas externalidades, pero no las elimina. El Madring abre así un nuevo capítulo de una discusión que Madrid tendrá que resolver si pretende consolidar los grandes eventos deportivos como parte permanente de su modelo de ciudad.

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FUENTE: Urgente24, Ok Diario, elDiario.es, RTVE, El Mundo y El País.