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"CORTABA TODO Y..."

Revelaron la obsesión que tuvo Chiche Gelblung antes de su muerte: "Una injusticia"

Chiche Gelblung tenía una insólita fascinación que se conoció justo ahora, después de su muerte, que lo alejaba de sus labores y que incluso lo dejó devastado.

El recuerdo que pinta de cuerpo entero a Chiche

Chiche Gelblung murió el 9 de septiembre, a los 82 años, después de una trayectoria de más de seis décadas en los medios argentinos. Fue periodista gráfico, fotógrafo, editor, conductor y hasta corresponsal de guerra. Tenía fama de exigente, obsesivo con la información y bastante poco amigo de perder el tiempo.

En ese universo apareció Marina Calabró, una periodista a la que Chiche le dio una oportunidad importante cuando todavía era conocida principalmente por ser la hija de Juan Carlos Calabró. Según recordó ella, la citó personalmente en el restaurante Tabac para ofrecerle trabajar en Las doce y Chiche, y con el tiempo terminó considerándolo "el mejor productor periodístico con el que trabajé".

Marina Calabró recordó con enorme cariño a Chiche Gelblung, quien le dio una oportunidad profesional y se convirtió en uno de los periodistas más importantes de su carrera.

Marina Calabró recordó con enorme cariño a Chiche Gelblung, quien le dio una oportunidad profesional y se convirtió en uno de los periodistas más importantes de su carrera.

La relación profesional dejó en ella una huella evidente. Marina destacó que Chiche le enseñó muchísimo, incluso en una etapa en la que aquel programa no consiguió el éxito de rating esperado. Y cuando llegó la noticia de su muerte, el recuerdo no fue frío: se quebró en vivo y lloró al hablar de él.

Pero al día siguiente apareció otra faceta del periodista. Una bastante menos épica, más ridícula, pero mucho más humana. Porque si alguien esperaba una anécdota diferente, se llevó una sorpresa tamaño huevo de plástico.

La insólita obsesión de Chiche Gelblung que terminó muy mal

En Otro Día Perdido, Marina contó que durante la época en que trabajó con Chiche, alrededor de fines de los 90 y principios de los 2000, el periodista estaba obsesionado con un Tamagotchi. Sí, el mismo juguetito electrónico que millones de chicos tenían en los bolsillos y que exigía alimentarlo, limpiarlo y cuidarlo para evitar que se muriera.

La historia parece inventada, pero ocurrió. "¡Todo!", respondió Marina cuando Mario Pergolini le preguntó si realmente le daba de comer. Y después llegó el dato que liquida cualquier intento de imaginar la escena con seriedad: "¡Sí! ¡Te lo juro!".

Marina reveló que Chiche estaba obsesionado con su Tamagotchi, al punto de interrumpir reuniones para atenderlo y quedó devastado cuando murió. Foto: Captura El Trece

Marina reveló que Chiche estaba obsesionado con su Tamagotchi, al punto de interrumpir reuniones para atenderlo y quedó devastado cuando murió. Foto: Captura El Trece

Según contó, Chiche podía estar hablando con el Presidente de la Nación y, si el Tamagotchi reclamaba atención, interrumpía todo. "Podía estar hablando con el Presidente de la Nación, cortaba todo y se ocupaba del Tamagotchi", relató.

Aunque la situación llegó al absurdo el día en que la criatura digital murió. Marina aseguró que "suspendió la reunión de producción, fue un escándalo" y que Chiche estaba devastado. Pergolini, naturalmente, no pudo dejar pasar semejante contradicción: "Qué locas estas personalidades porque estás contando algo que uno no vincularía con alguien como Chiche Gelblung".

Lo mejor de la anécdota fue que Marina lo describió como "un tipo súper racional, estricto", pero capaz de poner en pausa una reunión de producción por un muñeco electrónico de píxeles grises. "Era una porquería, con todo respeto al Tamagotchi, pero no era una cosa sofisticada", sostuvo Marina sin reparos.

Como remate todavía más absurdo, Marina afirmó que la muerte ocurrió en 1997 y deslizó una idea casi trágica: "Y además fue una injusticia porque con la dedicación que le puso al Tamagotchi...".

Impensado: el Tamagotchi terminó revelando una grieta inesperada en un personaje que durante décadas se lo viocomo profesional duro, racional y obsesionado con el trabajo. Chiche podía pensar una tapa o interrogar a una fuente, pero también podía quedar destruido porque su mascota digital había pasado a mejor vida.

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FUENTE: Urgente24