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NEGOCIOS RAROS EN EL MAR ARGENTINO

Un cuento muy pero muy chino (¿barbijos por pescados?)

Jue, 30/04/2020 - 9:37am
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Al parecer, las donaciones chinas cuestan carísimo. Por ejemplo, mirar para otro lado cuando sus embarcaciones cometen pesca ilegal en el desprotegido Mar Argentino. No es algo reciente. No sucede sólo en la Administración Fernández porque en verdad ocurre desde el final de la Guerra de Malvinas, cuando la Argentina discontinuó el patrullaje, lo que vuelve hipócrita toda la reivindicación territorial. Lo grave es que siga ocurriendo.

La imagen del radar del pesquero argentino no da margen para la duda, gente de Prefectura Naval y Cancillería.
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Imagine por un momento que Usted, yo, Juan y Pedro, somos amigos. Juan y Pedro además son socios y buen día nos enteramos Juan estafó a Pedro y lo dejó en la ruina más absoluta. Imaginemos que a pocas horas de la estafa Juan aparece muerto de varios disparos. Nadie podría tildarnos de delirantes si Usted y yo sospechamos que detrás del crimen esta la mano de Pedro. Pero mientras no podamos comprobarlo, a Pedro lo asiste con todo derecho la presunción de inocencia.

Con idéntica lógica, imaginemos que un país que ha decido apostar fuerte a las relaciones con China, que además  conserva en su Banco Central el equivalente a millones de dólares en moneda china (renminbis, también llamados yuanes) y que en plena pandemia suplica por algún que otro insumo médico o sanitario procedente de China, tiene que optar entre apresar un buque pesquero del Estado chino para intentar cobrar una mísera multa -ya que en Argentina la pesca ilegal no es delito sino una simple infracción- o dejarlo ir y hacer de cuenta que aquí no pasó nada…

Una vez más, Usted y yo podríamos válidamente pensar como estamos pensando en este momento, pero mientras no podamos probarlo no nos quedará otro remedio que adherir al discurso oficial.

Una de piratas (Chinos y no tanto)

El pasado sábado las todopoderosas redes sociales se ocuparon de elevar a los altares de la fama al Capitán de Pesca Alberto Mendoza quien desde el puente de navegación de su buque “Don Pedro” denunció la presencia de al menos 95 buques pesqueros presuntamente ilegales, operando con total impunidad en la pesca del cotizado calamar y dentro de la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA).

Rápidamente, desde portales ecológicos a grandes medios digitales y tradicionales recogieron el guante y ya con la noticia instalada a nivel nacional, desde la propia Subsecretaria de Pesca se ordenó (como si el Subsecretario tuviera mando para hacerlo) a la Armada Argentina y a la Prefectura Naval que reactiven los mecanismos de control de la ZEEA.

Exhibiendo un total desconocimiento del tema, el subsecretario de Pesca, Carlos Liberman, dispuso que el buque ARA “Bouchard” intensifique su labor de control, a pesar de que la mencionada unidad militar sólo ha realizado una patrulla entre el 16/03 y el 05/04 en el Mar Argentino, estando en pleno alistamiento para zarpar cuando se disponga en los próximos días.

Los principales voceros del sector pesquero reconocen a viva voz que la denuncia pública del capitán Mendoza sólo fue posible porque los propietarios de la empresa para la cual trabaja (Pesquera Moscuzza) lo autorizaron a proceder ya que los buques ilegales estaban operando en una zona donde la pesquera local pesca habitualmente. Tal vez haya sido una cuestión más de interés comercial que de patriotismo. Al margen de los motivos, Mendoza obligó a sacudir cierta modorra estatal en materia de interés político en las cuestiones del mar y al menos para las cámaras de TV se ordenaron algunos operativos puntuales.

Un rápido relevamiento aéreo realizado por la Prefectura Naval contrarió al pescador denunciante indicando que todos los barcos chinos y de otras nacionalidades estaban fuera de las 200 millas aunque la posición que muestra el instrumental del buque dice lo contrario, como sea  el hecho ya es anecdótico dado que por el tiempo transcurrido los infractores pudieron tener tiempo de sobra para transitar las pocas millas que median entre la ilegalidad y el mar libre.

En medio de aguas agitadas (metafórica y literalmente) en la madrugada del pasado 28/04, el Guardacostas “Fique” detectó al pesquero de bandera china “Lu Rong Yuan Yu 668” en evidente faena pesquera dentro de la ZEEA tras lo cual se inició un operativo bajo los protocolos standard que incluyen la notificación a la Cancillería y al Juzgado Federal en turno (en este caso el Nro 2 de Rawson, Chubut, a cargo del juez Gustavo Lleral).

Una vez obtenida la autorización del magistrado se iniciaron las comunicaciones con el infractor a quien se le ordenó detener sus máquinas y disponerse a ser abordado por una “dotación de visita” que luego de verificar y precintar las bodegas de carga de la nave, permanece a bordo hasta que la misma escoltada por el guardacostas amarra en el puerto que la justicia ordene.

Si bien poco después del mediodía desde el juzgado federal de Lleral se difundió la noticia (a la que llamaremos punto A) de la “rendición y captura” del buque propiedad del Estado chino y  su pronto arribo a Puerto Madryn, las maniobras comenzaron a complicarse a extremo tal que sobre las 20:00, la propia Prefectura Naval  informó que el buque se estaba dando a la fuga y que en virtud del mal tiempo reinante se había decidido interrumpir la persecución priorizando la seguridad de las embarcaciones y la vida de sus tripulantes (a este comunicado lo llamaremos, punto B)

Entre A y B - siempre al decir de los profesionales de la pesca- pasaron dos cosas.

La primera fue la férrea y contundente negativa del canciller Felipe Solá de generar el menor incidente con el gobierno chino al que el canciller aún confía “pecharle” algún que otro barbijo y con un poco de suerte una docena de respiradores.

La segunda y mucho más comprobable, es la movida desatada por las autoridades municipales de Puerto Madryn acompañadas por las de la Provincia de Chubut para evitar que en plena pandemia un barco con 20 tripulantes chinos amarre en el principal puerto provincial. 

No es para menos ya que una vez que el buque apresado es controlado y se establece el valor de la multa, pueden pasar varias cosas entre las que se cuentan la posibilidad que nadie pague la multa y el buque quede abandonado en muelle con los tripulantes pasando a ser un problema local que crisparía los nervios de más de un funcionario o que estando liberado por haberse producido el pago, las condiciones técnicas de la nave hagan que no se pueda autorizar su zarpada por cuestiones de seguridad de la navegación. 

No hay demasiados antecedentes que contraríen las variantes arriba apuntadas y tanto una como la otra serían detonadoras de un malestar social sin precedentes en un país que no deja ingresar a miles de argentinos varados en el exterior y que gozan de buena salud, pasaría a ser la patria adoptiva de 20 perfectos desconocidos sociales y sanitarios.

Una vez más… dejemos de lado aquello de “piensa mal y acertarás” y pensemos que todo es como las versiones oficiales lo indican.

Hay en este momento 100 buques pesqueros ilegales en las puertas de las aguas con soberanía económica nacional, no pretendamos que todos los infractores sean capturados, pero confiemos en que seguramente en los próximos días y ya que se suma la Armada Argentina a los operativos de control, al menos un 10% de los ilegales sean infraccionados como la ley determina. Solo si eso no pasa, permitámonos dudar como dudamos de Pedro.