El ministro de Economía Martín Guzmán comenzó a dar señales claras al empresariado, bonistas y el FMI. Luego de la licuación del paquete COVID, de salarios estatales, jubilaciones, pensiones y programas asistenciales con inflación a través de la disparada del dólar blue, cayó muy bien su anuncio el lunes pasado (2/11) en el que aclaró que no pedirá más asistencia al Banco Central sino que el Tesoro se financiará con el mercado y todo el excedente irá a sanear su balance.
SE FILTRÓ TRAS REUNIÓN EN AEA
"Sustentabilidad": Guzmán prometió a empresarios déficit 2021 "por debajo del 4%"
Si bien el ministro de Economía Martín Guzmán prevé un déficit primario de 4,5% (6% total) para 2021, el FMI, los bonistas y la City Porteña le pide un plan económico más austeros para generar incentivos y se reordene la macroeconomía. Trascendió en las últimas horas que el funcionario nacional está dispuesto a corregir por debajo del 4%.
También fue visto con buenos ojos su objetivo de evitar la financiación del gasto 2021 con 60% de emisión monetaria. Según Guzmán, apunta a un 40% o 45%, y el resto será con emisión de títulos en el mercado.
Sin embargo, seguía haciendo mucho ruido el 4,5% de gasto primario. En el propio oficialismo entienden que es un problema porque "si sacás el gasto COVID, te queda 4,5%. Quiere decir que no estás haciendo ningún equilibrio fiscal", advirtió el economistas Emmanuel Álvarez Agis, muy cercano al Frente de Todos.
Finalmente, llegó la señal que se esperaba. Guzmán está dispuesto a encarar un ajuste fiscal de más de medio punto en nombre de la "sustentabilidad", pero tiene que pasar por el Congreso. Se trata del nuevo acuerdo del Fondo Monetario Internacional sobre el que ahora se esperan novedades de financiamiento para amortiguar el impacto.
Tal como informó Urgente24 anoche (2/11), el ministro estuvo reunido con los empresarios nucleados en Asociación Empresaria Argentina (AEA).
El periodista Carlos Pagni reveló parte de lo charlado allí a puertas cerradas:
"Hablaron todos, uno por uno, y Paolo Rocca lo hizo sobre un tema que viene planteando desde la reunión anterior con el ministro: la competitividad de la economía argentina, sobre todo para los exportadores industriales como él. Muchos interpretan, es obvio, que se refería al conflicto del tipo de cambio y una posible devaluación. Por eso, Guzmán contestó que el Gobierno no puede devaluar porque eso incrementaría las tensiones en los sectores más pobres por el impacto que tendría que el nuevo precio del dólar se traslade, sobre todo, al precio de los alimentos. Y, muy optimista, consideró que va a seguir habiendo una brecha, pero que se irá acomodando de a poco sin perder el orden social. El Gobierno está atado a una estrategia cambiaria y cree que podrá mantenerla. Más allá de la caída de depósitos. Más allá de caída de reservas.
Todos coincidieron en que hay que buscar un arreglo con el FMI, cuestión que Guzmán está dispuesto a escuchar porque es a lo que está comprometido. El ministro sostiene que el FMI no pide una devaluación. Es cierto. Pero sí le reclama un orden monetario y cambiario. Para que se genere un programa con el Fondo, no puede seguir la corrida que ha habido en las últimas semanas. Por eso, el Gobierno utiliza todos los mecanismos posibles, desde la venta de bonos de la Anses hasta la Gendarmería, para llevar adelante estrategias muy riesgosas. Sobre todo de emisión de bonos en pesos atados al dólar. Lo hace para dominar el mercado paralelo del dólar y el del contado con liquidación y poder, a partir de esa serenidad, hablar con el Fondo. Es imposible que los funcionarios del Fondo se comprometan a negociar o a aceptar un programa en medio de una convulsión cambiaria, y este es el mayor desafío que enfrenta Guzmán, a quien algunos llaman "el ministro del contado con liquidación", porque está muy enfocado en ese problema. Del mismo modo en que antes estuvo centrado en la deuda, que no salió tan bien, y que ahora se agrava con la venta de estos bonos a precio de remate.
¿Qué implica este orden fiscal que pide el FMI? ¿Llegar a 4,5% de déficit? No: que el déficit baje otro 0,6 el año que viene. Alberto Grimoldi le preguntó, entonces, si apunta a que el déficit fiscal esté en 4%. Y Guzmán contestó que estima que esté por debajo de eso. Esto quiere decir que está pensando en un esfuerzo fiscal muy grande, que debe pasar o por la obra pública, o por las tarifas (es decir, los subsidios a la energía), o por las jubilaciones o por algún programa social, como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), que ya fue recortado. Esta es la gran discusión que deberá dar Guzmán con su frente interno: Cristina Kirchner, La Cámpora y los movimientos sociales. ¿La política está ordenada? Esa pregunta de Magnetto es, entonces, "la pregunta". Para fijar una dirección, primero hay que ordenar la política.
Guzmán explicó a los empresarios que él pretende que el acuerdo con el Fondo lo apruebe el Congreso, lo cual significa que apuesta a tener el respaldo, mínimamente, del kirchnerismo para lograrlo. Lo que no se sabe es si habrá conversaciones que involucren a algún sector de la oposición. Hasta ahora eso no está previsto en la hoja de ruta, aunque sí es muy probable que se lo siga viendo en diálogo permanente con aquellos que inciden en la economía, como los empresarios, bancos y, en general, la gente del mercado.
En la reunión con estos grandes empresarios, Guzmán también contó que va a adecuar el gasto para no tomar tanto dinero del Banco Central para financiar el déficit. Esto está en el núcleo del problema de la economía argentina porque no es que la sociedad quiere dólares, sino que huye del peso, que está condenado a devaluarse y a generar inflación. Tan es así que el presupuesto público dice que el año que viene habrá un billón de pesos de emisión para cubrir una porción del déficit fiscal.
Guzmán, que hace 15 días decía que no iba a bajar el gasto, ahora empieza a modular otra melodía: reconoce que deberá bajar el gasto y emitir menos y que habrá un ajuste, con el perdón de la palabra. Obviamente, él no usa ese término y lo reemplaza por el concepto de "sustentabilidad", que sería el rostro bueno del ajuste. Detrás de todo esto está el problema del dólar. Es muy alentador que el ministro ofrezca una imagen más realista de sus desafíos.
Al final del encuentro, Guzmán dijo algo simpático: que si él les diera la razón a todos generaría desconfianza porque tienen intereses contradictorios. Eso es de esperar porque las expectativas varían según el lugar de la economía en que está implantada cada empresa y lo que mueva a cada empresario. Esta división y los problemas que eso produce es algo que reconoció Carlos Miguens, quien suele ser muy frontal en sus afirmaciones. "El problema es que nosotros también estamos divididos", dijo Miguens.
De esta manera, Fernández está siguiendo una hoja de ruta que es un intento por relanzar el Gobierno, haciéndose eco de lo que le dicen algunos gobernadores (principalmente Omar Perotti, de Santa Fe; Juan Manzur, de Tucumán; y Sergio Uñac, de San Juan), varios intendentes del conurbano, ministros y la gente que lo rodea: que le haga caso a Cristina, que le tome la palabra, y que gobierne él".











