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¿QUÉ TIENE QUE CAMBIAR?

No es algo personal entre China y USA: la desigualdad global perpetuará las guerras comerciales

Dom, 29/12/2019 - 12:50am
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Por Urgente24

¿Hasta cuando durará la guerra comercial entre China y Estados Unidos? ¿Qué es lo que hay detrás del conflicto que lo hace perpetuarse tanto? ¿Qué pasara cuando esta se acabe, si es que se acaba? Existen tantas respuestas a estas preguntas como analistas o economistas existan en el mundo y la mayoría terminan en que es una cuestión entre las dos potencias más grandes del mundo y los dos líderes tal vez con el mayor ego en la actualidad. Sin embargo, algunos no lo creen así y aseguran que la explicación es mucho más profunda e histórica y está relacionada con la forma en la que está dispuesta el mundo capitalista. Los desequilibrios internos tienen consecuencias en la balanza comercial y ahí es cuando llegan los aranceles.

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China y Estados Unidos fueron los primeros en avanzar hacia una guerra comercial, pero eso no significa que serán los últimos, como tampoco que tiene algo personal. Aunque sí son las dos potencias mundiales en las cuales está tal vez el futuro de la economía, teniendo en cuenta que son líderes en tecnología y en innovación espacial por ejemplo. La guerra comercial fue un claro signo que Estados Unidos ya no es la hegemonía que solía ser, un abrir de ojos para el país del norte y para el resto del escenario internacional, ya que hay muchos que hoy pueden ser su competencia. 

Sin embargo, según asegura uno de los artículos realizados por The Forgein Policy en la edición de Otoño (calendario de temporadas norteamericano), como lo fue China, también podría haber sido Japón o Alemania, que son países también con superávit comercial, hasta todavía mayor que el de China. Solo que para Donald Trump es algo más difícil romper lazos completamente con un país como Alemania que fue su aliado durante los últimos años después de la Segunda Guerra Mundial. Lo mismo ocurre con Japón, un gran aliado de la Casa Blanca en Asia. 

Lo que sucede es que la gran mayoría de los países tiene desigualdades internas y eso se traduce directamente en las relaciones bilaterales. No es solo cuestión de magia ni de actos dis honestos contra otro país y su economía lo que sucede actualmente en la guerra comercial, como le encanta decir al presidente Donald Trump. Sí, es verdad que China tiene superávit y al ser una de las mayores potencias del mundo, lo obliga a invertir en activos extranjeros. 

"Debido a que la tasa de consumo de China es tan baja, el valor de todo lo que China produce todavía eclipsa el valor de todo lo que China consume o invierte en el país", explica The Forgein Policy dando a entender que el problema que hoy es de todos los países, desde Europa hasta América Latina, comenzó porque países como China o Alemania tienen grandes desigualdades en su economía interna. Hay exceso de producción, pero nadie consume. 

Algo similar ocurre en Alemania o en Japón: dos países que son ejemplo de producción eficiente y de crecimiento económico, pero a la vez son también un ejemplo de lo que significa una mala e injusta distribución de ingresos. En Japón casi no existe la capacidad de ahorro en los hogares, y en el país más fuerte de Europa el poder los tienen las élites empresariales y bancarias. Entonces, mientras existan las desigualdades sociales y la distribución de riquezas interna de los países no sea igualitaria, las guerras comerciales existirán en el mundo.

Lo que sucede es que los problemas domésticos se trasladan inevitablemente al resto del mundo y eso se debe al fenómeno de la globalización que llega a todos y cada uno de los ciudadanos desde hace por lo menos 20 años. Desde el momento en que se pudo acceder a información producida en China, comprar y vender bienes libremente en cualquier parte del mundo y hasta ser parte de un grupo de países en un acuerdo comercial o una entidad económica como puede ser la Unión Europea, toda acción que alguien realice en Occidente va a repercutir en Oriente y viceversa. 

Es por eso que como explicamos anteriormente, la guerra entre China y Estados Unidos no será la última como tampoco tiene que ver solamente con los aranceles a los productos que ingresan y salen de los países, sino que también el conflicto por el 5G, la ciberseguridad, la influencia internacional y los Derechos Humanos otras de las infinitas patas que tiene el conflicto entre China y Estados Unidos. Pero claro esas condiciones no son extrapolarizables a otra porque estamos hablando de las dos potencias económicas actuales. 

Pero ahora, vale la pena poner el ojo sobre la situación de Estados Unidos, que como mencionamos anteriormente, ya no es la misma potencia hegemónica que solía ser hasta principios del siglo XXI después de la caída de la Unión Soviética. Según explica The Forgein Policy, Estados Unidos se volvió una gran potencia no solamente por su capacidad de producción y al mismo tiempo su diversidad, sino que también por ser el gran centro a donde acudían todos los otros países cuando no veían posible hacer negocios ni inversiones en sus propios países. 

"Aproximadamente la mitad de los ahorros excesivos del mundo tienden a terminar en los Estados Unidos, y otro trimestre fluye a otras economías con mercados financieros igualmente abiertos y sofisticados", asegura la publicación. Aunque esta situación sigue vigente, el boom ocurrió hasta un determinado momento, ya que cuando las demás potencias pudieron recuperarse y comenzar a crecer, dejaron a Estados Unidos envuelto en un déficit comercial permanente. 

Y todo acaban siendo ciclos, ya que hay economías como la china o alemana que vive décadas con superávit, o la argentina que desde hace por lo menos 30 años. Esto es un claro signo de que hay algo en la forma que está configurada y estructurada el mundo que no funciona. El capitalismo y el sistema globalizado no es mágico y tiene sus grandes defectos. Y a esto por supuesto se le suma la competencia, y la imposibilidad de la misma ya que países con superávit no pueden competir con los que tienen déficit. 

Pero volviendo al rol de Estados Unidos, cuando este no pudo ser más el centro de ahorro de prácticamente todo el mundo y nadie lo reemplazo, pero sí tenía competencia, comenzaron las guerras comerciales. Hoy existe todavía un desequilibrio global, entre países, interno, y entre sectores de la economía. De acuerdo a lo que explica The Forgein Policy, "los banqueros y propietarios de capital en los países con superávit y déficit se han beneficiado de la reducción de los salarios, el aumento de los beneficios y la mayor movilidad del capital internacional". 

En tanto, los trabajadores son los que pagaban las consecuencias y nunca veían una retribución, simplemente porque el dinero estaba en otro lado, y lo peor es que los mismos trabajadores son los que pagan esa desigualdad creada por los que tienen el dinero. Tengamos en cuenta que cuando falta dinero en un gobierno en lo primero que se piensa es en aumentar los impuestos, o reducir los puestos de trabajo. Y lo peor de todo es que gran parte del trabajo todavía está en manos de Estados Unidos, porque nos guste o no siguen siendo la mayor potencia económica global. 

Es así que para poder terminar con las guerras comerciales, todo empieza por la Casa Blanca, y las reglas internas y externas en cuanto a la posibilidad de los inversores y ahorristas de continuar agrandando el déficit del país. Muchas pueden ser las formas, empezando por ejemplo con una demanda social de las más grandes en Estados Unidos y es el acceso generalizado a un sistema de salud. Mismo la redistribución de las riquezas. Para ambas cosas hay que tener mucho coraje ya que atenta directamente con los ideales que protege el conservadurismo nortemaericano.

Esto mencionado anteriormente son algunas de las cosas que propone la pre candidata demócrata, Elizabeth Warren: sacarle a los ricos y darle a los más pobres, pero no hay que olvidar que Estados Unidos es el padre del capitalismo, de la administración financiera y de los mercados, estos no pueden ser dejados de lado ni ignorados. Por eso todo indica que habrá que prepararse para más guerras comerciales, tal vez que no involucren a China y Estados Unidos.