EXCLUSIVO 24

EL PROBLEMA DEL DÓLAR

Manejar las expectativas es más importante que los informes del BCRA

La cotización del dólar estadounidense provoca un dolor intenso a la Administración Fernández, en parte porque es un evidente problema en ciernes de precios relativos a causa de la enorme diferencia entre el dólar oficial y el abanico de otras paridades del dólar que fijan los precios de diversas mercaderías y servicios. Sin embargo, por ahora, establecer como estrategia un informe del Banco Central sobre salida de divisas no sirve como estrategia para revertir la situación.

Aparentemente, la Administración Fernández, y/o el presidente del BCRA, Miguel Ángel Pesce, esperaban un impacto mucho mayor en la opinión pública, y el domingo 17/05 la prensa oficialista le ha concedido gran importancia a ese trabajo. Por ejemplo, en el diario Página/12 y en la web de actualización semanal El Cohete a la Luna.

La denuncia del BCRA pareciera tener varios propósitos convergentes:

 **  ayudar a reciclar el reclamo de la contribución impositiva extraordinaria a las grandes fortunas, ya que ahora hay un fundamento no sólo ético sino también o normativo o penal, 

 **  permitir una nueva embestida, ahora por discrecionalidad y/o corrupción, contra Mauricio Macri, quien acaba de informar, a través del diario La Nación, que no responderá; e

 **  intentar fundamentar, ante los bonistas acreedores, en medio de la renegociación de plazos y condiciones, la pobreza de monedas duras, la mala asignación de recursos y otras carencias que recibió como nefasta herencia la Administración Fernández.

Sin embargo, la renegociación financiera externa avanza sin necesidad de informes del BCRA. La moviliza la voluntad de pago del presidente Alberto F., una decisión que la mayoría de la sociedad convalida porque es consciente de que el incumplimiento provocaría una situación casi imposible de soportar para una porción no dolarizada de la sociedad que ya carga sobre sus espaldas casi 1 década de estanflación, deterioro de capacidad de compra y de calidad de vida.

En todo caso, el problema a resolver hoy es la paridad cambiaria, que se ha ubicado muy por arriba de $120 contra un dólar oficial a menos de $70, y los comentarios de que en Montevideo (Uruguay), el valor de referencia se encuentra arriba de $200.

Ya no alcanza con afirmar -aun cuando resulte cierto- que se trata de un mercado de oferta muy reducida, a causa del freno de actividades en la pandemia.

Es necesaria una acción concreta previa a que los valores de referencia no oficial impacten en la formación de precios de bienes y servicios, proceso que la Administración Fernández intenta o mantener congelado o que suceda un deslizamiento muy moderado.

No hay antecedentes históricos de que pueda lograrse un retroceso de más del 50% en el banico de paridades no oficiales del dólar estadounidense.

La prensa oficial insiste en que el informe del Banco Central fundamenta lo que llama "la recuperación de los capitales fugados". Sin embargo, es bien diferente afirmarlo que concretarlo, y no resuelve el problema del día-a-día, que es donde ocurre el problema.

Es cierto que hay un castigo anticipado al frente externo de la Administración Fernández y también hay una cuantificación no oficial del desequilibrio fiscal y su impacto en la economía real. El combo supuestamente negativo es lo que estaría descontando el conjunto de paridades no oficiales.

Por ejemplo, la inflación -y todos saben que el mínimo de ajuste de la paridad cambiaria oficial debería ser el deslizamiento de los precios domésticos-.

Ahora bien, el relato de "la recuperación de los capitales fugados" no reemplaza la necesidad de una estrategia para el día-a-día. Esta confusión u omisión de parte de la Administración Fernández provoca la hipótesis de que la paridad presente no tiene techo.

La idea de equilibrar las cuentas fiscales en base a "la recuperación de los capitales fugados", y así reducir el riesgo cambiario, también resulta, en el mejor de los casos, un objetivo de mediano o largo plazo, tiempo en el que, según John Keynes, tan reivindicado por los economistas gubernamentales, "estaremos todos muertos". 

Mucho más realista para ayudar a las cuentas fiscales sería recurrir al Fondo Monetario Internacional, que ha dispuesto líneas de asistencia crediticia para la emergencia por el covid-19, y se ha manifestado condescendiente con la Argentina.

Por supuesto que es importante la fiscalización que realiza la AFIP acerca del movimiento de cuentas bancarias informadas por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), y no investigadas por la Administración Macri. Sin duda el Frente de Todos podría obtener un rédito en su confrontación con el flanco más ortodoxo de Juntos por el Cambio. Pero ni el voluntarismo ni la política resuelven el problema cambiario. 

Sin duda alguna, lo que precisa la Administración Fernández es modificar las expectativas de los agentes económicos acerca del desenvolvimiento próximo de la economía. Respecto de esa cuestión de vida o muerte, los informes del BCRA son anécdotas estadísticas.

Las expectativas no se refieren exclusivamente a las erogaciones que provoquen las obligaciones externas del Estado sino también a la tasa de inflación, la financiación del déficit fiscal y algunas otras medidas que integran el bendito plan económico que el ministro Martín Guzmán aún adeuda.

Por lo tanto, intentar aglutinar las expectativas de la población en la suerte difusa de un informe del Banco Central es eludir el problema verdadero y alentar los rumores de desconcierto de la política económica.

Precisamente esto es lo que debe desmentir con hechos la Administración Fernández para comenzar a trabajar sobre las expectativas y cuando esto suceda, la paridad cambiaria lo reflejará sin necesidad de amenazar sin tregua y un rédito sólo político pero no económico.