La titular de la Sociedad Argentina de Vacunología, Florencia Cahn, se refirió a la polémica que instaló la escritora intelectual Beatriz Sarlo en la noche del miércoles en declaraciones a TN, cuando afirmó que le ofrecieron "bajo la mesa" la vacuna contra el Covid y ella se negó.
SARLOS Y LOS OTROS
Lo que es de barro el barro se lo lleva…
"Sostener una mentira en televisión es parte del juego presuroso. Ampliarla una cuestión natural. La propia regla de supervivencia del show, que debe continuar, la remplaza por otra con mas efecto instantáneo", dice el autor.
Para Cahn, si Sarlo tiene pruebas, debería denunciar ese hecho ante la Justicia porque es ilegal. El texto transcripto, de una nota de Perfil, define la situación.
Varios actores políticos de capacidad propia, como Hernán Lombardi, y de capacidad heredada, como el hijo de aquel abogado de la CGT (Mariano Recalde, hijo de Héctor), alguien de singular belleza, como una senadora K y de hermosa voz grave y persuasiva, de locutor, tal como el anterior ministro, Alejandro Finnochiaro, participaron de un debate televisivo en TN, uno de los canales del Grupo Clarín.
Que el eje del pibe Recalde sea que Horacio Rodríguez Larreta se ponga o no se ponga la vacuna contra la Peste ya es un marcador de profundidad del debate.
Que el eje de la bella senadora sea el enojo y el grito destemplado, al punto de la respiración jadeante, ante cualquier manifestación anti K es el límite mas esclarecedor. En vivo y en televisión.
Piecita de atrás, otra mesa, solitaria pero en el mismo sitio, la señora Beatriz Sarlo fue consultada por el conductor (Marcelo Bonelli) y dijo sus cosas. Las que se corresponden con la mesura: calma radicales, todos juntos ahora, lo arreglamos entre todos o no lo arregla nadie, vengo descarnado, este viejo adversario despide a un amigo, con la democracia se come y se educa, no es posible una pelea por estas cosas y algo mas: en las manifestaciones le gritan “chorra” a Cristina.
También aclaró, ante una insinuación, que ella no se pondría, fuera de la ley, la vacuna anti Peste.
Hace tiempo que sabemos que el pensamiento, el verdadero pensamiento va por sus carriles sus vertederos y sus meandros y que el lenguaje televisivo es el de “entretenedor”, que nada profundo aparece allí y que el sedimento es el que sobrevive a la imagen. Poco y nada. Sostener una mentira en televisión es parte del juego presuroso. Ampliarla una cuestión natural. La propia regla de supervivencia del show, que debe continuar, la remplaza por otra con mas efecto instantáneo.
Aquella ensayista, que creciera junto a Carlos Altamirano y lograse su propio vuelo, en la televisión cae abatida por un corte y una quebrada y en tres minutitos volvemos.
Los libros de tesis de la Sarlo, los ensayos de Sergoio Berenztein, las citas de Eduardo Fidanza, las investigaciones de Ceferino Reato, caen abatidas ante el griterío que lleva a la sordera (…“ aquel que canta a los gritos no escucha su propio canto…” Atahualpa Yupanqui)
Esa es la cuestión en televisión. El grisáceo que multiplican las redes. El río revuelto que muchos pensadores televisivos y analistas “al toque”, al “toco y me voy” no terminan de entender… o si… y tal es su nuevo destino.
En la misma semana que la Sarlo dijo que no compraría la vacuna María Casanova (Moria Casan) estaba enredada en “me invitaron y no me invitaron” a que me vacunase públicamente.
Cosas veredes, Sancho, diría el compañero Marshall McLuhan, el primero que entendió de masajes en el mensaje. El lo avisó.










