Leído

EL CASO TIKTOK

La Gran Estafa Made in America

Mar, 04/08/2020 - 6:18pm
Enviado en:

Es muy grave lo que está sucediendo en USA ante el silencio de la comunidad global: el hombre que habita la Casa Blanca, o sea que institucionalmente representa al país que, aún cuando fue derrotado militarmente en Vietnam y no pudo alcanzar el éxito que buscaba ni en Corea ni en Irak ni en Afganistán, se considera la potencia bélica y financiera N°1, está estafando a una mediana empresa china sólo para que la compren o la sustituyan empresas estadounidenses porque no puede asumir que había una tecnología más exitosa que la suya. La inseguridad jurídica es terrible en el país que afirma ser garante de la seguridad jurídica.

Tio Sam.
tio_sam.jpg
Tio Sam, ícono estadounidense.
Contenido

Todo comenzó con la hipótesis de la globalización. En Washington DC elaboraron una teoría académica, luego llevada a la práctica, que afirmaba que lo mejor que le podía suceder al planeta Tierra era el libre comercio, y en aquel inicio hubo un soporte intelectual explícito de Michel Camdessus, cuando era director-gerente del Fondo Monetario Internacional -que aún era un organismo poderoso, no este flacucho FMI-, y comenzó con el relato de los aranceles en 0 como panacea 'urbi et orbi'. Esta expresión no es baladí ya que Camdessus terminó como consultor vaticano en los días de Juan Pablo II, Karol Wojtyla, el polaco anticomunista, aliado de USA pero también del Opus Dei, y garante del silencio para varios líderes de la ex Logia Propaganda 2. Porque las cosas hay que escribirlas como son, sin hipocresía.

La globalización fue imaginada en USA como una forma de ganar mercados para sus empresas, partiendo de una sobrevaloración: que ellas eran más eficientes que el resto. En verdad, un absurdo porque ya Japón, con el Just in Time, de Toyota, había hecho temblar la industria más famosa de los estadounidenses (mal llamados, en forma monopólica, 'americanos'), la automotriz.

La globalización fue ofrecida y hasta impuesta a China, el gran mercado posible para productos y servicios básicos, y a su vez el banco de recursos humanos para las industrias estadounidenses, según lo había demostrado Blue Ribbon, que luego se llamó Nike, mucho antes que Steve Jobs lograra la genialidad del iPhone, en su regreso a Apple, cabalgando entre China, Taiwán y Corea del Sur.

El problema estadounidense fue que China aceptó lo que le ofrecían, la globalización, pero hizo una lectura propia: propició una lenta pero progresiva transferencia de capacitación, y luego de tecnología, se involucró con otras naciones, no sólo USA, en especial Alemania, y comenzó a enviar a decenas de miles de estudiantes a las universidades de los países centrales. De hecho, las más selectas casas de formación estadounidenses no podrían resistir hoy día quedarse sin las matrículas chinas.

Así China inició un desarrollo tecnológico, desparejo, incompleto, pero cierto. Es un país con enormes desequilibrios domésticos, con una distribución muy desigual de la riqueza, con escasa clase media, con salarios muy bajos para la mayoría de la población aún hoy día y con un Estado muy fuerte. Beijing imparte directivas que se aplican en forma disciplinada y vertical, sin reparar en los costos personales porque lo que les importa es el Partido Comunista, gestionado en forma férrea por su Politburó. Obvio que los emprendedores la tienen difícil y que ahora, que necesita consumidores con poder de compra, se le complicará mucho. Pero su modelo exportador logró prosperar.

Por supuesto que, un ejemplo de los excesos de su capitalismo 'sui generis', China es un gran contaminador pero a nadie le importó hasta ahora, que llegó la pandemia.

Occidente subestimó a China, y China tuvo un enorme acierto: descubrió que la tecnología, en ciertos niveles, es un commodity. No es imposible alcanzar ciertos niveles de complejidad. Aún cuando cometió varios errores enormes antes de conseguir el apoyo de Rusia, comenzó a desarrollar una industria bélica que le permitió dominar otras disciplinas. La carrera aeroespacial, por ejemplo, que lanzó China sólo apunta a obtener una cantidad de patentes que necesita para consolidar sus industrias.

El ejemplo más notable de que China estaba logrando escalar en la globalización fueron los logros de la empresa Huawei y el dominio de la tecnología iniciada en Corea del Sur, 5G, la próxima generación de la transmisión de datos.

Cuando USA comprendió el gravísimo error de perder esa batalla por las telecomunicaciones que vienen, ya estaba en la Casa Blanca el gran estafador de Wall Street (porque el curriculum-vitae de Donald Trump como desarrollador inmobiliario, promotor de casinos y hoteles acumula varias convocatorias de acreedores con condiciones horribles para los tenedores de los 'junk bonds' o 'bonos basura' que emitieron sus empresas)

Pero no fue sólo Donald Trump quien decidió frenar a Huawei. En verdad esa acción, un paradigma de la contra globalización que decidió un influyente sector del 'establishment' estadounidense, sólo tuvo a Trump como el ejecutor. La acción procuró, como hipótesis mínimo, ganar tiempo hasta que algunas empresas estadounidenses recuperasen el tiempo perdido con la 5G.

De igual manera, USA apeló a presiones irresponsables para vender su gas natural licuado a diversos países, interrumpiendo gasoductos o sancionando a quienes colaborasen en la ingeniería de su construcción. Y podrían mencionarse otras actividad ejecutadas por el país que había evangelizado con el libre comercio desde los organismos multilaterales que controla.

Es cierto que podían verificarse vínculos entre el Ejército Chino y la creación de Huawei. Ren Zhengfei nunca ocultó su pasado. Ahora, que el país que realiza un ilícito espionaje global, tal como lo denunció con pruebas Edward Snowden, sancione a una empresa porque, según su hipótesis, podría hacer algo parecido con las telecomunicaciones -lo cual nunca fue probado-, es muy curioso porque, a la vez, todavía USA sostiene el relato de competencia y reivindica la meritocracia.

Podría afirmarse, de todos modos, que Huawei es una 'zona gris'. Alemania no está segura y tampoco Francia. Ni siquiera el Reino Unido, aunque las presiones de USA han sido tan grandes que decidieron aceptar el reclamo. Pero... podrían encontrarse elementos probatorios.

Sin embargo, lo de TikTok es un robo a mano armada. Y es un robo múltiple que realiza el 'establishment' estadounidense aprovechando que Bytedance no es una empresa 'protegida' por el gobierno comunista de Beijing sino que realmente es todo lo independiente que se puede ser en China.

Bytedance tuvo varios aciertos tecnológicos en el mercado de las apps (aplicaciones). En el caso de TikTok logró ir más allá de lo que en su momento fue Snapshat, antes que Mark Zuckerberg apelara a sus mañas para aniquilarla, no fuese que hubiera invertido en Instagram con algún riesgo. TikTok consolidó una posición en el mercado adolescente de videos breves, y creció y creció, por lo tanto es culpable.

El mensaje que está enviando USA hoy día es que hay negocios en los que no se puede ganarle, ni por casualidad, porque el castigo será terrible. No se trata solamente de Trump, y es el verdadero mensaje del caso TikTok, ante el silencio global.

Es obvio que un país que invadió Irak afirmando que Saddam Hussein tenía un arsenal químico letal, que jamás pudo demostrar Washington DC, ¿por qué no podría estafar a una empresa que ni siquiera cuenta con la defensa del gobierno chino?

La imputación contra TikTok fue la misma que contra Huawei: el Ejército Popular de Liberación -así se llaman los uniformados chinos-, estaría detrás. Y si lo dice la NSA (National Security Agency) o la CIA (Central Intelligence Agency, todos mentirosos profesionales en nombre de la 'libertad'), no se puede discutir.

Entonces, mientras Zuckerberg gana tiempo para lanzar su nueva aplicación Instagram Reel y ofrece millones de dólares a los creadores espontáneos de videos en TikTok, Microsoft presiona para que Bytedance le venda su operación en USA.

Además, Trump aclaró que esto debe alcanzar al 100% y que la fecha tope es 15/09 o la prohibe, lo que contribuye a bajarle el precio.

Resulta increíble que esto ocurra cuando Zhang Yiming, el creador de Bytedance, un ex Microsoft, realmente tiene, por precaución, el banco de datos en USA no en China, y cuando el crecimiento de Bytedance fue financiado por fondos de inversión independientes, algunos estadounidenses, hoy accionistas de la compañía.

Es cierto que el capitalismo estadounidense hoy es dominado por las empresas tecnológicas: Amazon, Apple, Facebook, Google y Microsoft. Pero de ahí a la prohibición de competir en territorio estadounidense, hay un gran trecho. La globalización tiene límites, que los impone USA, es la nueva consigna de Washington DC. Y el libre comercio ya no funciona, es el corolario.

Obvio que la culpa la tienen los chinos. Cuando la pandemia por el covid-19 comenzó en Wuhan, Trump y sus colaboradores lanzaron la teoría de que el Instituto de Virología en el distrito Jiangxia, que administra la Academia de Ciencias de China, realizaba experimentos terribles de donde había escapado el virus. Nadie reparó en que el laboratorio de bioseguridad nivel 4 lo montaron los franceses, en el marco de una cooperación franco-china. Y, si bien Alain Mérieux dejó la presidencia de la comisión bilateral, los 50 investigadores franceses no se marcharon con él.

Siempre la culpa la tienen los chinos. Ahora, por haber ganado el favor popular con una app que resultó más divertida que las que habían creado las empresas estadounidenses. Entonces, hay que imponer respeto, tal como diría un mafioso. El soft power tiene que seguir siendo Made in America, aún cuando esas empresas tengan su dinero declarado en Dublin, Irlanda. El mensaje es muy preocupante.