EXCLUSIVO 24

PANDEMIA

Fernández camina desnudo y solo (nosotros también)

Es cierto que Alberto Fernández tiene limitaciones, tal como todos. Su virtud, por momentos, es reconocerlas, y es cuando acierta convocando al consenso. A veces no lo consigue, cuando intenta satisfacer a Horacio Verbitsky y otros súper K, 0,0,01% de los votos. Pero cuando escapa de la trampa, Alberto levanta en la crisis de una Civilización que no sabe cómo podrá remontarla, y donde, quizás, todos los manuales arderán hasta las cenizas. En ese contexto, utilizar las herramientas de análisis de ayer para evaluar el presente y/o el futuro, puede resultar un error brutal, según sostiene Urgente24 como enfoque general. Alberto puede acertar mucho, poco o nada. Sin mucho, apenas con poco, puede romper todas las previsiones adversas: la hiperinflación por gran emisión, la ruptura social por descontento laboral, la crisis sanitaria por desborde hospitalario. Él no tiene muchos naipes pero nadie tiene mucho juego. La mayoría, ninguno. Aquí va la nota:

Alberto Ángel Fernández, el porteño, camina solo por este pasillito del Coronavirus. Nadie lo acompaña y no tiene nada puesto. Justeza en las apreciaciones. Nadie lo sabía. Ni él ni nosotros. Y está claro qué una cosa es él y ¡qué montón disonante el “nosotros”! Completemos el cuadro: él no sabe dónde va. Nosotros tampoco.

Desde el 11/12/2019, Argentina tiene esta carta natal. Es un abogado porteño que, consecuencia de árboles genealógicos, desaciertos del 'Mauri', la vida misma de los argentinos, cruzando los horóscopos con luz roja en La Matanza, llegó a una Presidencia con votos prestados (CFK) + votos regalados (MM) + votos desconfiados (PJ de la Traditional Jazz Band). Su investidura es legal en votos y el problema es el trasluz.

El Coronavirus lo encontró por los pasillos de Balcarce 50 con lo dicho: desnudo y solo. Ahora, él puede quedarse con todo. Total… no tenía nada.

No hay dos generalatos para una misma batalla. La Generala era Cristina. Las catástrofes, ya se sabe, inmovilizan a CFK. No puede con ellas. Mediante el más barato sicologismo de poltrona lacaniana es fácil advertir que alguien, ombligo céntrica, se siente desaforada, fuera de foro ante los muertos de Cromañon, una inundación y una peste.  Son acontecimientos que la exceden, la vuelven excéntrica. No se banca la cooperativa, el falansterio. Si ella no es el eje, el juego no se juega. Con la metáfora futbolera: CFK tira el centro, cabecea…y convalida el gol. O no se juega.

Que sus súbditos, siempre tan interesados, fieles, ignorantes del mundo fuera de la aureola de la jefa espiritual, no estaban preparados no ya para una desgracia universal, ni siquiera para el trabajo burocrático diario, necesario,  es una constante. Estaban / están para entorpecer, medrar, socavar, preparar el terreno para arribar al poder que pide la jefa. Esa es su constante. Hoy están larvados. No sirven pero no se fueron. Para que se entienda: me refiero a los camporitos, los evititos y los “ongs” de la miseria del conurbano. Eso es lo que queda, según nómina de ministerios, secretarías y burocracias satelitales. Cajas subsidiarias a una economía de soldadesca fiel.

En una catástrofe, el eje es ésa catástrofe, y una sola pulsión: la salida. Alberto Fernández, el porteño, se encontró, en mitad del desastre económico y social de Argentina, que ya ni hace falta enumerar, porque no tiene arista sana, en mitad del “no puedo hacer nada” se encontró con el coronavirus. Repito: desnudo y solo.

Los argentinos morimos tal como lo quiere una partícula, con una secuencia conocida y una defensa inexistente, que pone a nuestras  células pulmonares en situación de bomba generadora de más bombas y ya no hay respirador que ayude a respirar... y páfate… nos morimos. Espero que no todos. Espero no estar entre los muertos.

El partido del General Juan Perón es -aún es-, un partido y un aliento militar, piramidal. La genética peronista, que queda indica claramente. Cuadros hacia arriba más finos y hacia abajo más gordos. Si, mi general.

El mundo dijo "encerrémonos". "Lavémonos las manos". "Recemos". "Tapémonos la boca".

Al diablo la economía, las reservas, la plusvalía y el PBI. No es posible pensarlo por una razón: sucede y nadie, siquiera en novelas, piensa en mitad del terremoto.  El terremoto no respeta relaciones parentales. Eso pasa hoy.

Alberto Fernández, el porteño, es un abogado que, desde fines del Siglo XX, conoce el poder central, el nacional, el que vale, el que se ejerce en su Ciudad, Buenos Aires, pero ni aún el mas hábil encantador de serpientes podrá convencer a  los incrédulos, en la plaza del pueblo, que él sabe de medicina. Mucho menos que en él está la salida. Es la lucecita y es eso: la única lucecita en la oscuridad. Chicos… el mundo se quedó sin estanterías y plan B. Pobrecito el Alberto.

El coronavirus es una peste biológica, no es un corrimiento de los mercados ni la interpretación de una ley. Ni burbuja ni efecto tequila. Muertos. Cuarentena. Minga de vacuna. Un rezo laico: “quédate en casa y lávate las manos”. Parece una metáfora del pusilánime. General de un ejército que debe quedarse quieto. Se repite: con un semestre del mundo quieto cambian las reglas y los costos. Cuando no se sabe el precio de una ojiva nuclear, una vaca o una vacuna la cuestión no tiene manijas.

Alberto Fernández, el porteño, sin escritorios, sino con territorios que le aparecieron en su mesa de arena, es el que existe, Confianza le tienen, le tenemos. Aún así él tuvo sus fracasos porque mira la catástrofe a veces con ojos del ayer (el ayer es CFK, y el porteño tiene miedo que sea el mañana) a veces con miedo del enojo de los dueños del poder real. Lo que él ignora, porque todos ignoramos, es que la imagen mundial es esta: sonó la alarma, todos a los refugios pero… ¿quién cocina la próxima comida caliente…?

Los yerros, cuando hay un solo general no tienen descarga. Moyano y Palazzo. Dos yerros. Los intendentes del conurbano otro. No conocer el país y el comportamiento de los jubilados otro. Un viernes negro de un millón de personas (de viejos y pobrerío sin plata) en la calle es un yerro que todavía no podemos mensurar. Alberto es porteño, vive en un termo de Puerto Madero que trasladó a Olivos. Un termo con jardines. Sus asesores, sin una mínima lectura del comportamiento una semana antes, un mes antes, un año antes en día de pago a jubilados. Miserables burócratas que siempre cobraron on line. Eso fueron / son sus ayudantes. No hay olvido de la “oposición”. Su inexistencia la definen sus propuestas. Hay un virus, una guerra, una pandemia, un parate mundial del que nadie sale ni sabe cómo se sale. ¿Oposición?... Holaaaa.

Hay algo bueno en tanta catástrofe. Con 100 o con 300 mil muertos, él es el general. Alberto Fernández, el porteño. Es lo bueno, también lo malo.

CFK dirá, si todo pasa y sobrevivimos: ”Preferí que condujese Alberto, le dije que él era el presidente y se hiciese cargo”.

Para entonces Alberto Fernández, el porteño, tendrá muchísimos minutos de exposición. Como es un hábil componedor habrá palabras buenas para unos y otros. Podrá decir ”yo se los había dicho” cualquiera sea el resultado.

Voy a citar a Churchill. A Breton Woods. Al plan Marshall. A una multiplicación de aquel momento con un agregado: Ya Mao no está en la Larga Marcha. Convoquemos el proverbio: el virus y el encierro encendieron un fuego que no sabemos como apagar. Que no saben. Nosotros simples pajaritos en el alambre.

Fernández es un punto de luz en un paisito. Podrá extender su sonrisa de escenario e insistir: tenemos que salir de esta catástrofe. Será verdad, pero la impotencia mundial moverá a risa planteada desde nuestro puntito.

Tengo un susto y una prevención. Es muy probable que haya leído a Winston Churchill. También, como escuchador de música rockera, es muy probable que haya escuchado a un conjunto que tenía, como voz líder, a David Clayton Thomas (Blood Sweat & Tears, o Sangre Sudor y Lágrimas). Para muchos, burlándose de Sir Winston con su nombre, este fue uno de los mejores conjuntos de rock pop inglés. Alejandro Pont Lezica, veterano y renombrado DJ, dirige Radio Nacional. Compartía esa predilección por este grupo. Una vez lo conversamos.

En su biblioteca Alberto Fernández, el porteño, tiene seguro las memorias de Winston. Y en su discoteca el tema top del conjunto que se reía de su eslogan mas famoso. Go Down Gamblin el tema, letra de casino y apostadores (gambling men):

"Born a natural loser -- can't recall just where
Raised on brew and poker and a dollar here and there
Blackjack hand, dealer man, you better pay off that last bet
Two-bit hand, a 21 is all I ever get.

Go down gamblin', say it when you're runnin' low
Go down gamblin' -- you may never have to go
Down in a crap game, I've been losin' at roulette
Cards are bound to break me, but I ain't busted yet
'Cause I've been called a natural lover by that lady over there
Honey, I'm just a natural gambler but I try to do my share…
"

( y que se lo traduzca Felipe Solá, canciller:

"Nacido perdedor natural — no recuerdo dónde
Criado en cerveza y póquer y un dólar aquí y allá
Mano de blackjack, hombre del repartidor, será mejor que pague esa última apuesta
Mano de dos bits, un 21 es todo lo que tengo

Ve a jugar, dilo cuando te estés agotando
Ir abajo apostando — puede que nunca tengas que ir

En un juego de mierda, he estado perdiendo en la ruleta
Las cartas están destinadas a romperme, pero aún no me agarraron
Porque esa chica me ha llamado amante natural
Cariño, soy un jugador natural pero trato de hacer mi parte
").

Personalmente, estas cosas siempre son  personales, estoy asustado. Mucho. A don Alberto Ángel Fernández, el porteño, el coronavirus lo está salvando. A mi  todavía no lo sé. Al mundo tampoco pero soy argentino: no me interesa.