Sugeríamos en la anterior columna para Urgente24, la oportunidad, el mérito y la conveniencia de que el presidente Alberto Fernández, aproveche la coyuntura y convoque de una vez al Consejo Económico y Social, un anuncio reiterado del mandatario, no implementado y nunca más necesario.
Pero esta vez no debería ser cualquier convocatoria. A juicio de este cronista, es probable que la Argentina enfrente una encrucijada tan o más compleja que la crisis del 2001. El pronóstico de los economistas de cualquier pelaje ideológico, va de una caída del PBI del 5% al 10%. Hay gobernadores que piden ya la impresión de cuasimonedas.
CONSEJO ECONÓMICO Y SOCIAL
En medio de la peste, difícil, pero no imposible
"Cuanto más se pueda sumar, mejor. Lo preocupante que exhibieron las imágenes del viernes 03/04 en las puertas de los bancos fue la fragilidad del poder. Así como un virus diminuto colapsó el capitalismo del siglo 21, una fila de personas ancianas por tiempo excesivo frente a una entidad financiera puede, si se repitiera, destruir la imagen de un gobierno que hasta esa mañana tenía niveles de aceptación superiores al 70%", afirma Roberto Barga. Aquí la columna completa:
Sin fuentes de financiamiento externo, con las materias primas en un proceso descendente y en la perspectiva de un mundo que va camino a cerrarse. Todo indica que los países comenzaran a vivir intramuros. Las 10 plagas de Egipto parecen cernirse sobre la Argentina, y los años de vacas flacas llegan después de otros varios años de vacas también raquíticas.
La crisis del Coronavirus será, desde luego, el pretexto de muchas naciones para aplicar las recetas más heterodoxas jamás vistas desde el 'crack' de 1929 o desde el Plan Marshall de la pos Guerra. Alberto Fernández tiene la oportunidad de convertir la desgracia de la peste en una convocatoria tan amplia como jamás pudo llevar adelante el país desde los tiempos de la independencia.
¿Es posible armar una mesa amplia, muy amplia, donde estén las fuerzas del trabajo (sindicatos), los empresarios, la “clase política”, los representantes de la sociedad civil y de los credos más representativos?
Tal como pudo apreciarse en 'El Padrino', la ficción de Mario Puzzo que filmó Francis Ford Coppola, en esa escena en la que 'il capo' reúne a sus 'consiglieri' y Michael Corleone pregunta si se podría asesinar a un traidor custodiado por el FBI, recibe como respuesta: “It's very dificult, but not impossible” (Es difícil pero no imposible).
Fernández corre con el handicap que otros presidentes no han tenido. La situación global se presenta tan disolvente, tan dramática, que quien se anime a sacar “los pies del plato”, tal como amenazaba Juan Perón, podría ser acusado ante la sociedad en pleno de insolidario, egoísta y codicioso.
Octaedro, 62 modelo para armar
Al igual que en las novelas y cuentos de Julio Cortázar (hay que leer a Cortázar, no sólo de Netflix viven el hombre y la mujer), el formato de la mesa amplia puede tener múltiples formas, títulos o características.
Sin embargo, lo que no puede faltar es una 'hoja de ruta', que contenga discusiones programáticas: sugerimos tratar
** el frente fiscal,
** el modelo productivo con sesgo mercado internista,
** la cuestión laboral, la discusión salarial y
** un pacto de rentas, para ver si de una vez por todas los sueldos, por lo menos, le empaten a la inflación.
Deberían quedar expresamente prohibidos los significantes vacíos, esos slogans indefinidos, que sirven tanto para una cosa como la contraria. Al decir de Julio Anguita, aquel dirigente del Partido Comunista Español de los ’90, “lo que sirve son tres palabras: programa, programa y programa”.
Con exagerada facilidad en la Argentina se tira de archivo y hemeroteca, y se arrojan al viento palabras tales como “Pactos de la Moncloa” (ya Raúl Alfonsín las utilizaba 30 años atrás, cuando se le derrumbaba el Plan Austral, y Felipe González envió una misión que se estacionó cerca de Juan Carlos Torre, colaborador muy antiperonista de Juan Sourrouille), sin tener conocimiento cabal en qué consistían aquellos Pactos.
Los llamados Pactos de la Moncloa fueron la resultante del agobio a un tiempo, económico y político, que vivía la península ibérica en 1977, hace 43 años. Conviene recordar que en aquel año, la crisis provocada por la suba del precio del petróleo -origen de la creación de la OPEP-, le imprimió una inflación a la economía española de 30% anual.
Y, al mismo tiempo, la agrupación terrorista vasca ETA hacía crujir las tablas de la transición desde el 'tardo franquismo' hacia la democracia, cargándose militares un día sí y otro también.
Curiosamente, quien no quería firmar esos pactos era el por entonces joven Felipe González, socialista conocedor de que la rueda de la política lo conduciría más temprano que tarde a la Presidencia de Gobierno. Pero, tal como se señaló renglones arriba, hay momentos en que no se puede "sacar los pies del plato".
Un párrafo aparte, para el rol fundamental que cumplió en esos acuerdos de Estado el Partido Comunista Español conducido por el histórico Santiago Carrillo.
El PCE controlaba al sindicato Comisiones Obreras, un sindicato de clase que había vertebrado la resistencia al franquismo desde las fábricas.
Sin embargo, esa mesa 'grande', que la integraban tanto dinosaurios de la dictadura como el gallego Manuel Fraga Iribarne; demócratas de nuevo cuño como Adolfo Suárez -quien había sido presidente de Televisión Española en días de Franco-; el andaluz González; el catalán Jordi Pujol (a la sazón sempiterno presidente de la Generalitat de Catalunya) y Javier Arzalluz, líder de Partido Nacionalista Vasco, se apoyó en el PCE y “su” sindicato (Comisiones Obreras) para homologar con su firma “el Pacto” que incluía, entre otras consideraciones, un aumento de salarios del 22%, cuando la inflación era del 30%.
Eso fue España hace 4 décadas y en una transición de la dictadura hacia la democracia. No es el caso argentino 2020. Por primera vez en la historia de la recuperada democracia, un gobierno no peronista concluyó su mandato constitucional en 2019 y le entregó el bastón de mando y la banda presidencial a otro gobierno sí peronista, algo que no había sucedido ni con Alfonsín ni con Fernando De la Rúa. Un avance institucional.
Aparece, entonces, el caso de la pandemia. Pero ¿cómo no reconocerle al Frente de Todos una conducción de la crisis con resultado optimistas, en el desastre? A las 17:30 del domingo 05/04, el mapa en tiempo real que lleva la John Hopkins University afirma que España tiene 130.759 contagios y 12.418 fallecidos.
La Argentina tiene 1.451 contagios y 44 fallecidos. La aritmética indica que, hasta ahora, no son casos comparables. Es lógico que Pedro Sánchez rememore los Pactos de la Moncloa así como también lo es que Alberto Fernández exija un reconocimiento y no acepte algo que se parezca a un cogobierno. Si el 'pico' de la pandemia para la Argentina está proyectado a mayo, ¿qué queda para esos días si lo previsto fracasa?
Por ese motivo no hay que herir susceptibilidades ni cometer errores. El Consejo Económico y Social, autoría del Presidente de la Nación, sigue resultando la mejor opción para reconstruir lo que viene.
Es obvio que la clave del citado Consejo -o como quieran llamarlo. Puede tener o no un título épico. Es cierto que los buenos relatos abroquelan las huestes- es su integración: mucho se insiste que para soportar la crisis económico social se precisa ampliar la base de sustentación. Es cierto que el Frente de Todos ya es una coalición entre diferentes fuerzas político-partidarias. Pero es necesario ir más allá.
Ampliar la base no significa que puedan estar todos sentados a la mesa, tal como lo explicó Fernández a Horacio Verbitsky: hay enfoques muy diferentes en algunos casos porque no es lo mismo insistir en que la prioridad es la salud que exigir que la prioridad resulte la economía, y esto influirá en cómo se reinicien las actividades el 13/04. De hecho, los alcaldes de Juntos por el Cambio en el Gran Buenos Aires discrepan con muchas de las opiniones de los jefes nacionales tanto de la UCR como del PRO.
Pero cuanto más se pueda sumar, mejor. Lo preocupante que exhibieron las imágenes del viernes 03/04 en las puertas de los bancos fue la fragilidad del poder. Así como un virus diminuto colapsó el capitalismo del siglo 21, una fila de personas ancianas por tiempo excesivo frente a una entidad financiera puede, si se repitiera, destruir la imagen de un gobierno que hasta esa mañana tenía niveles de aceptación superiores al 70%.
Son tiempos de prudencia y no de omnipotencia. Y de generar empatía, única estrategia posible para sortear la extrema sensibilidad fomentada por el largo encierro, que nos hace reflexionar sobre la labilidad coyuntural. Lo que hasta hace algunas horas eran puras adhesiones, antes de concluir una jornada puede convertirse en un mar de reproches.
Urge ampliar la base de sustentación.











