Lo que parecía ser el paraíso de la democracia y la credibilidad en las instituciones, quedó el día de ayer miércoles 06/01 puesto en duda tras los incidentes en el Congreso que dejaron alrededor de 4 muertos, varios heridos y más de 50 personas detenidas.
CRISIS DE INSTITUCIONALIDAD
El modelo democrático de USA en peligro
¿Es la columna vertebral de la democracia americana lo suficientemente fuerte para resistir la triple explosión de la pandemia, el Black Lives Matter, y un presidente en ejercicio empeñado en mantener el poder a cualquier precio? Los disturbios y la violencia que se vivió en el Capitolio el día de ayer 6/1 no allanarían el camino hacia una respuesta positiva.
Estados Unidos hizo de sus instituciones el eje de su softpower. Aquel país en el que la democracia estaba puesta en peligro, aparecía el superhéroe norteamericano a salvarlos del autoritarismo. Pero ¿qué pasa cuando el Congreso, el templo de la democracia estadounidense, se ve invadido por una horda de fanáticos que fueron incentivados por el mismo presidente de ese país modelo para el mundo?
La violencia del día de ayer no fue más que el resultado final de los sucesos que vinieron desestabilizando la democracia y las instituciones estadounidenses este último tiempo. El brote de Covid-19, que exigió una respuesta rápida y eficiente, reveló un país desordenado y lento en el despliegue de sus operaciones sanitarias. El asesinato de George Floyd, y los ataques a manifestantes pacíficos, demostraron las fallas de las fuerzas del orden estadounidenses. Fallas que también se vieron reflejadas en el operativo de seguridad de ayer en el Capitolio. El país que tiene el principal presupuesto de defensa del mundo no pudo y no supo hacer frente a unos cuántos fanáticos supremacistas.
En las escuelas de todo el mundo se enseña que Estados Unidos es la democracia constitucional más antigua del mundo, fielmente caracterizada por sus legendarios checks and balances (frenos y contrapesos). Puede que no sea perfecta, pero es, o al menos era, el modelo a seguir.
El mismo presidente, Donald Trump, se ha dedicado durante todo su mandato a desacreditar a las instituciones de USA. Si se toman dos pilares centrales del gobierno representativo estadounidense podremos identificar esto: el doble concepto de las elecciones celebradas cada 4 años y una transferencia de poder pacífica. En julio, Trump utilizó el coronavirus como excusa para plantear la idea de aplazar las elecciones, algo que ninguno de sus predecesores hizo jamás, por más graves que fueran las respectivas crisis.
Y, en lo que respecta a la transferencia pacífica de poder, su capacidad de crear problemas fue claramente notoria. En particular, luego de las elecciones presidenciales que encontró como ganador al demócrata Joe Biden. Con repetitivas declaraciones infundadas de fraude, el actual líder estadounidense puso en jaque la credibilidad el sistema democrático del país norteamericano. La grabación en la que presionó al secretado de Estado de Georgia para que "encontrara" más de 11 mil votos a su favor y las amenazas a su vicepresidente para que no ratificara a la dupla Biden-Harris, son inéditas en la historia de Estados Unidos. Y no sólo Trump, sino también líderes del partido republicano estaban allí, en el Congreso, repitiendo la mentira del fraude y desacreditando la legitimidad de la democracia y las instituciones.
Aunque anoche se retomó la interrumpida sesión de certificación del presidente electo, quien asumirá el mando el próximo 20 de enero, entre las víctimas no solo hay personas heridas sino también la propia democracia de Estados Unidos. Desde hoy será más difícil invocar el excepcionalismo de dicho país. Según el politólogo Steven Levitsky, en una entrevista realizada por la BBC, "la democracia sobrevivirá a este día", pero lo que se plantea a futuro para Estados Unidos es incierto y un periodo llevado por la crisis.










