EXCLUSIVO 24

ENCUESTAS & GENUFLEXIÓN

El Gran Riesgo del Presidente

Los políticos han sido invadidos, no importa la preferencia política ni el territorio donde se desempeñan, por la tendencia a tomar decisiones en base a encuestas de opinión pública. Semejante hábito no sólo acota su propio rol de políticos, o sea líderes decisores y/o ejecutores, sino que puede provocarles decisiones erradas. Alberto Fernández debería considerar estas cuestiones en horas tormentosas.

No es conveniente exponer al Presidente de los argentinos al impacto de una pandemia de alcance desconocido, de comportamiento volátil y de consecuencias riesgosas.

Es cierto que a Winston Churchill le resultó exitosa su experiencia de vocero de la calamidad pero, en un ejemplo más cercano, a Eduardo Duhalde lo consumió su apuesta como 'piloto de tormentas'.

Pero a Churchill le salió bien porque Franklin D. Roosevelt finalmente decidió entrar en combate contra Adolf Hitler y pudo rescatar a Inglaterra de su posición desventajosa. Concluido el conflicto bélico, Hollywood hizo el resto. Es importante recordarlo porque hay quienes adulan al Presidente e intentan convencerlo de que él puede emerger de la crisis como un nuevo Churchill.

Para eso él tendría que encontrar un Roosevelt, descubrimiento de cumplimiento bastante difícil hoy día.

Algo más: el caso de Donald Trump es diferente porque hay elecciones en USA en noviembre, y él anhela su reelección.

Alberto Fernández es el candidato que eligió la mayoría de los electores y se convirtió, entonces, en el Presidente de todos los ciudadanos, y ubicarlo en la trinchera más cercana a la pandemia resulta una imprudencia de alcance sistémico.

¿Qué ocurrirá si, tal como podría ocurrir por desgracia, en algunos 'nichos' de baja capacidad defensiva, se acelera el brote de COVID-19 que por estas horas pareciera frenado? ¿Se considerará, entonces, que el Presidente ha fracasado? No sería correcto opinar algo semejante pero aspi se expone al Jefe de Estado a eventualidades previsibles.

El Presidente tiene un gabinete de colaboradores, y si ellos aciertan, sin duda el Presidente podrá demostrar el éxito de su gestión, sobre la base de que es un equipo que él lidera (cualquiera conoce lo limitado de los esfuerzos individuales).

Aparentemente, llegaron un par de encuestas de opinión pública que demostraron que el Presidente gozaba de alta popularidad y que su reacción ante la crisis afianzaba su credibilidad. Entonces, pensando en función del cortísimo plazo, se decidió ubicarlo en la primera línea de la comunicación gubernamental.

Sin duda que quienes así le aconsejaron lo hacen porque ellos creen que es positivo para él. 

Pero las encuestas miden el ayer, quizás el hoy, no el mañana. 

¿Cuánto durará la pandemia? ¿Cuántos infectados habrá dentro de 2 semanas? ¿Habrá más muertos? ¿Cuántos muertos? ¿Y el impacto económico? ¿Se conoce el alcance del freno de la renovada recesión?

Son algunas de las muchas preguntas que el futuro responderá en forma inapelable.

Exponer hoy al Presidente resulta suponer que las respuestas a todas esas preguntas serán satisfactorias, y eso sí que es voluntarismo excesivo, en el mejor de los casos.

Además, hay que decir lo que no le dicen los encuestadores al Gobierno. La respuesta inicial a la pandemia fue o negligente o deficiente. Y así transcurrió la semana N°1.

Luego, el Gobierno logró hacer pié, reaccionar con fortaleza y ha mejorado su capacidad de respuesta y la repercusión de sus acciones en la opinión pública, que es la fotografía que han informado ahora los encuestadores, siempre reacios a informar la película completa.

Pero de ahora en más, Alberto Fernández debería asumir ciertas precauciones, no por una cuestión de vanidad o personalismo sino porque él representa al sistema institucional y es importante preservarlo de ciertos riesgos.

Esta crisis no termina hoy. Tampoco mañana. Ni el 31/03, probablemente. Es deseable que no continúe en abril porque la economía argentina quedaría exhausta y la sociedad padecería una cantidad de inconvenientes, pero nadie tiene firmado el certificado de alta.

Ya está, todos sabemos que el Presidente está trabajando en jornada completa para intentar evitar el colapso. Pero ahora, mucho trabajo, enorme sacrificio y cautela en su comunicación pública parece lo más aconsejable.