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DÍAS DE PANDEMIA

Covid-19: Algunas ideas para no perder la batalla

Mie, 27/05/2020 - 12:07pm
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Rafael Guerschanik, en parte por su formación en análisis de riesgos y en parte por su acceso a fuentes informativas importantes, fue anticipando los desafíos, obstáculos y posibilidades a considerar en la pandemia. En las notas adjuntas puede darse fe de ello: desde el pronóstico en abril que en junio el 90% de los casos ocurrirían en el AMBA a las dificultades por el descontrol de los permisos para circular. Aquí viene su nueva entrega:

Cuidado: El hacinamiento no es una exclusividad de los barrios populares.
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Generalmente las crisis -en este caso, epidemiológica- resultan la convergencia de varios factores que se dan en un momento determinado, causando un daño mayor cuando se cruzan / superponen / mezclan con un interés político.

Para evitar semejantes condicionamientos, es preferible trabajar con datos 'duros', en vez de variables propias de la infectología tales como son las curvas, los aplanamientos y las mediciones de contagios sobre demografía total o fallecidos sobre total de contagios o millón de habitantes.

Si medimos los casos fatales como consecuencia del virus, Occidente tiene más de 300.000 muertes y Asia Oriental -con una población que multiplica por 2 a la de Occidente- no llega a los 10.000 muertes.

Solamente USA carga ya con más de 100.000  muertos y China, en cuya localidad Wuhan, comenzó todo, con 5.000: son un claro ejemplo del contraste mencionado.

Un comportamiento similar ocurre con los países asiáticos vecinos a China: Japón padeció 800 muertos pero Hong Kong registró 5 muertos.

Tal como destacamos en distintas publicaciones en esta columna, la velocidad y amplitud del contagio se relaciona con la densidad poblacional y las diferencias / preferencias culturales.

Es necesario insistir en ejemplos acerca de la evolución de algunos sectores productivos que habrían influido en la velocidad de contagio y hacinamiento sanitario de esta pandemia, motivos por los que covid-19 resulta más peligroso que otros virus anteriores.

En el caso del transporte, hasta 1970 el aerocomercio continental de pasajeros generalmente se hacía en aviones con una capacidad de 180 asientos disponibles (Boeing 707) pero desde 1980 ocurrió un salto con el Boeing 747 (Jumbo), de 500 pasajeros. Hoy día, el Airbus A 380 dispone de una capacidad de 615 asientos. En definitiva, se triplicó la posibilidad de transportar pasajeros transmisores de un virus. 

En la industria de la construcción también se verifica un ejemplo impactante. Los edificios más altos llegaban hasta los 100 pisos, con una ocupación aproximada de 20.000 personas. En 1973, las Torres Gemelas, en el complejo neoyorkino World Trade Center, superaron los 100 pisos y la ocupación creció a 50.000  personas,  además de 200.000 visitantes diarios. Es evidente que el hacinamiento y la densidad dejó de ser una referencia exclusiva de los barrios populares.

Hoy día tenemos el edificio Burj Khalifa o Burj Dubai en Dubai, de 682 metros de altura. La torre Tokyo Sky Tree, de 634 metros. La Torre Central de Shanghai, de 632 metros. Por diferentes motivos, los inversionistas en la industria se apasionan por construir hacia arriba, y a los compradores les apetece la idea.

Los códigos de construcción occidentales requieren contemplar más los riesgos sísmicos y climatológicos. En cambio los códigos de construcción asiáticos se han enfocado más en los frecuentes riesgos epidemiológicos que padecen regiones con costumbres de alto grado de infección (las consecuencias de una gastronomía 'compleja' no son exclusivas de China).

En sus conductas sociales, los asiáticos se encuentran condicionados por la escuela que les dejó el filosofo Confucio -500 años antes de Cristo-, que rinde culto a la autoridad, sin importar su ideología. 

Entonces, les resulta más fácil cerrar las fronteras o acordonar barrios o establecer cuarentenas en ciudades enteras o restringir en forma severa el ingreso / egreso a edificios.

Esta realidad fue verificable en el inicio de la pandemia, con limitaciones severas al ingreso a edificios de toda persona ajena a sus residentes establecidos. Tanto los servicios de limpieza como de asistencia técnica fueron totalmente suspendidos. La alimentación que accedía desde el exterior del inmueble debía llegar envuelta en forma adecuada y sólo podía ser retirada por quien la había pedido.

En cambio, la cultura occidental pondera más la libertad de las conductas individuales, habitualmente regulada en legislaciones y constituciones que reivindican las llamadas normas republicanas.

Los reclamos de final inmediato de la cuarentena o de apertura de actividades son impensables en Asia.

Las exigencias de distanciamiento social fueron rigurosamente aplicadas por los individuos.

El sistema político en China, administrado por el monopólico Partido Comunista Chino, inmuniza a sus dirigentes de responsabilidad alguna, a menos que el Presidente opine lo contrario. Es diferente en Occidente, donde cada líder se afana por desviar la atención respecto de sus errores, y para ello provoca otros eventos informativos, tal como sucedió con la administración de los geriátricos en la mayoría de los países.

A propósito de esto, la Organización Mundial de la Salud estima que la mitad de las muertes ocurrieron en estos centros o residencias, tanto en Europa como en USA.

En el caso de España, los geriátricos acumulan el 68% del total de fallecimientos.

Los políticos enfatizan en la edad y no en el hacinamiento que ocurren en esos centros / hogares, donde aún sin pandemia debería considerarse el alto riesgo de su población y guardarse estrictas normas acerca de personas por metro cuadrado y esterilización de todos los concurrentes y sus equipamientos y vestuarios.

Sorprende el lobbying que realizan los propietarios de los geriátricos estadounidenses priorizando obtener leyes que los protejan de consecuencias judiciales por sus conductas en vez de trabajar en resolver las irregularidades.

También es cierto que en USA, si se excluyera a los fallecidos en geriátricos, la edad promedio de las víctimas estarían mas cerca de los 60 años.

En el mundo mueren por neumonía e influenza cada año unas 650.000 personas sin cumplir alguna cuarentena. Ya casi llegando a mitad de año, con cuarentena, el covid-19 ya se cargó a un equivalente de casi la mitad de esa tragedia. 

No es un dato menor: será el benchamark que deberá resolver Donald Trump en las elecciones estadounidenses en noviembre.

En cuanto al escenario local, pese a la continuidad de la cuarentena las probabilidades de éxito serán muy bajas si no se limita el tránsito interurbano a lo esencial: salud, alimentos y fuerzas de seguridad / armadas.

El telepeaje debería permitir una apertura productiva más racional.

En todo el país debería otorgarse prioridad al personal nativo, y así limitar desplazamientos.

Esto incluye al personal doméstico y al temporario de edificios, quizás limitándolo a menor cantidad de desplazamientos semanales.

De lo contrario, los contagios seguirán aumentando y, tal como sucede en gran parte del mundo, terminaremos comparando si los números de fallecidos locales superaran los 32.000 por gripe de 2019 y si la cuarentena fue necesaria a pesar de todas nuestras angustias psicológicas.