Londres se prepara para un partido de fútbol con las precauciones reservadas para una amenaza de alto riesgo. Alrededor de 400 policías serán desplegados este sábado en The Den, donde Millwall y West Ham United volverán a enfrentarse después de 14 años en medio del temor a posibles choques entre sus sectores más violentos.
UN CLÁSICO, 14 AÑOS DESPUÉS
Londres se blinda con 400 policías por temor a los hooligans de Millwall y West Ham
El clásico del Championship tendrá accesos separados y poderes especiales de dispersión. En 2009 hubo un apuñalado e invasiones de campo.
La Policía Metropolitana contará con poderes especiales para dispersar grupos y controlar los alrededores del estadio, mientras ambas hinchadas tendrán recorridos diferenciados. Los 1.774 aficionados visitantes deberán llegar por South Bermondsey y utilizar un corredor que conecta directamente la estación con su tribuna. También se reforzarán los controles para impedir el ingreso de personas alcoholizadas.
El dispositivo responde a una historia que excede lo deportivo. La última gran escalada se produjo en 2009, cuando un hombre fue apuñalado durante los disturbios, la Policía antidisturbios intentó contener los enfrentamientos y varias invasiones obligaron a interrumpir el juego. Ahora, el clásico regresa en el Championship para disputar su edición competitiva número 100, con la expectativa puesta tanto en el resultado como en lo que pueda ocurrir fuera del campo.
Del puerto a las tribunas: la historia detrás del clásico
El comunicado de la Policía Metropolitana y el recorrido difundido por el propio West Ham remiten a una rivalidad que comenzó mucho antes de que fueran necesarios los corredores de seguridad. Millwall nació en 1885 entre trabajadores de la conservera J.T. Morton, en la zona portuaria de la Isle of Dogs, mientras que el futuro West Ham fue fundado una década después como Thames Ironworks, vinculado a los astilleros del este de Londres. El enfrentamiento quedó atravesado desde sus orígenes por la competencia entre comunidades obreras separadas por el Támesis y pasó a conocerse como el “clásico de los estibadores”. El primer cruce se disputó en 1899 y terminó con victoria de Millwall por 2-1.
La mudanza de Millwall al sur del río no terminó con aquella identificación. Los partidos conservaron una carga territorial y social que con el tiempo fue apropiada por los grupos más violentos de las dos hinchadas. Durante las décadas de 1970 y 1980, la Inter City Firm de West Ham y los Bushwackers de Millwall se convirtieron en dos de las organizaciones hooligans más temidas de Inglaterra. En 1972 ya se habían registrado incidentes durante el homenaje al exfutbolista Harry Cripps y, cuatro años después, un seguidor de Millwall llamado Ian Pratt murió tras un enfrentamiento con aficionados rivales cerca de la estación de New Cross.
La violencia continuó apareciendo incluso cuando los enfrentamientos se volvieron menos frecuentes. En 2004, durante una victoria de Millwall por 4-1 en The Den, seguidores visitantes arrancaron asientos y la Policía debió ingresar con caballos al campo. Para el siguiente clásico se prohibió la presencia de aficionados de West Ham en el sector inferior destinado a los visitantes. Cinco años más tarde ocurrió la noche de Upton Park mencionada en la introducción, el antecedente que todavía condiciona cada decisión de seguridad alrededor del partido.
Esa historia explica por qué un encuentro de segunda división moviliza ahora a cientos de agentes. También obliga a diferenciar a las hinchadas de las facciones violentas que construyeron la fama del clásico: el operativo apunta precisamente a impedir que esos grupos vuelvan a marcarlo. Millwall llega con una pequeña ventaja en los 99 enfrentamientos oficiales anteriores, con 38 victorias contra 34 de West Ham y 27 empates. El partido número 100 tendrá, por lo tanto, una importancia deportiva e histórica, aunque toda Londres observará primero si el reencuentro puede disputarse sin repetir su pasado.
El recién descendido que quiere regresar inmediatamente a la Premier
La diferencia entre ambos también aparece en el presente. West Ham llega al clásico después de descender de la Premier League, pero conserva una estructura económica y deportiva muy superior a la mayoría de sus rivales en el Championship. A los ingresos acumulados durante sus años en la máxima categoría se suman las denominadas parachute payments, aportes destinados a amortiguar el impacto de la pérdida de los derechos televisivos. Esa protección le permitió retener futbolistas de primer nivel y construir un equipo pensado para regresar inmediatamente.
La magnitud de esa inversión ya se había observado durante la lucha por evitar el descenso. En enero, West Ham destinó alrededor de 47 millones de libras a las incorporaciones de los delanteros Pablo Felipe y Valentín “Taty” Castellanos. El argentino continúa como una de las referencias ofensivas de un plantel que también cuenta con Jarrod Bowen, Max Kilman, Mads Hermansen y Kyle Walker-Peters, nombres con experiencia reciente en la Premier. Nuno Espírito Santo dispone así de recursos que están fuera del alcance habitual de Millwall.
La distancia se observa incluso en los estadios. West Ham disputa sus partidos como local en el London Stadium, el antiguo escenario olímpico al que se trasladó en 2016 y que tiene capacidad para unos 62.500 espectadores. Millwall, en cambio, conserva en The Den un campo mucho más pequeño, estrecho y asociado a la identidad de su barrio. El primero representa la dimensión comercial alcanzada por un club que pasó años en la élite; el segundo, una localía cuya presión suele compensar parte de la diferencia presupuestaria.
Los resultados iniciales respaldan la condición de favorito del equipo descendido. West Ham lidera el Championship con 14 puntos y llega después de golear 6-0 al Wrexham, mientras Millwall ocupa la mitad de la tabla, acumula varias bajas y solamente ganó uno de sus últimos seis encuentros entre todas las competiciones. Sin embargo, existe un dato que desafía esa desigualdad: los Hammers no ganan en The Den desde 1988 y llevan cinco visitas consecutivas sin imponerse allí.
El encuentro número 100 enfrenta, por lo tanto, dos realidades opuestas. West Ham tiene el dinero, el plantel y la obligación de ascender; Millwall posee la localía, la memoria del clásico y la oportunidad de frenar al líder. Los separan apenas cuatro puntos, por lo que detrás del operativo policial también habrá un partido capaz de modificar la pelea por los primeros lugares.
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