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POR CEUTA

La barra ultra del Real Madrid amenaza a Florentino, Mbappé, Vinícius y Konaté

La agrupación radical exigió disculpas a los tres futbolistas por ocultar la camiseta de apoyo a Ceuta y reclamó la dimisión del presidente si no lo hacen.

La crisis abierta alrededor del Real Madrid por el apoyo a Ceuta acaba de sumar a su actor más radical. Ultras Sur, el histórico grupo de extrema derecha expulsado del Santiago Bernabéu, irrumpió con un comunicado contra Kylian Mbappé, Vinícius y Ibrahima Konaté, pero dirigió su advertencia más grave hacia Florentino Pérez.

El detonante se produjo en el túnel, cuando la plantilla recibió las camisetas después del calentamiento y algunos jugadores mostraron dudas sobre cómo actuar. Las cámaras captaron a Federico Valverde animando al grupo a ponérsela y a Vinícius preguntando si todos harían lo mismo. Finalmente, el brasileño, Mbappé y Konaté salieron con la prenda enrollada y el mensaje “Todos somos caballas” prácticamente oculto, a diferencia del resto de sus compañeros. La imagen encendió las críticas y obligó al delantero francés a explicar, un día después, que apoyaba a Ceuta, pero que también había querido recordar a los migrantes que mueren en el mar y a quienes sufren en otras partes del mundo. Vinícius y Konaté, en cambio, todavía no ofrecieron públicamente su versión.

A través de su perfil en redes, identificado como Fondo Sur 1980, Ultras Sur calificó lo sucedido como una ofensa contra los españoles afectados por lo que denominó una “invasión” y exigió disculpas públicas a los tres jugadores. La advertencia culminó con un ultimátum: si esas disculpas no llegan, el grupo reclama la dimisión de Florentino Pérez, a quien responsabiliza por la “pérdida de valores y dignidad” del club. El pronunciamiento convierte así una imagen de apenas unos segundos en un enfrentamiento ideológico e institucional que alcanza directamente al presidente.

La bajada de línea de Ultras Sur: Ceuta como prueba de lealtad

Ultras Sur no se limitó a cuestionar la manera en que los tres jugadores llevaron la camiseta. Su comunicado construyó alrededor del episodio una prueba de pertenencia: vestir el escudo del Real Madrid implicaría asumir también una determinada idea de España. El grupo comenzó asegurando que suele mantenerse fuera de las controversias protagonizadas por futbolistas a quienes “nuestro escudo y valores les importan poco o nada”, pero afirmó que esta vez estaba “obligado a alzar la voz”.

A partir de ahí, el mensaje adoptó un tono abiertamente político. La agrupación describió la crisis migratoria como una “invasión”, acusó a Mbappé, Vinícius y Konaté de faltar el respeto a ciudadanos españoles y sostuvo que cualquier madridista debería avergonzarse de “estos tres individuos”. La camiseta dejó de aparecer como un gesto solidario voluntario y pasó a funcionar, dentro de su discurso, como una demostración obligatoria de fidelidad al club y al país.

El cierre llevó esa presión hasta Florentino Pérez. Ultras Sur exigió una disculpa pública de los futbolistas y fijó una consecuencia si no llega: “Si no la hay, la dimisión de Florentino Pérez”. El presidente aparece señalado como culpable de la supuesta pérdida de identidad del Real Madrid por no imponerles una respuesta. “Se pueden perder partidos, títulos y dinero”, concluye el texto, antes de advertir que abandonar los valores significaría perder también a “la generación que debía continuar tu historia”.

La dureza de esa bajada de línea contrasta con lo sucedido apenas unas horas antes con Abde Ezzalzouli. El internacional marroquí sí mostró el lema “Todos somos caballas” antes del encuentro entre Betis y Villarreal, pero esa decisión provocó una oleada de ataques desde Marruecos. Abde explicó que la camiseta tenía una finalidad social y no buscaba ofender a su país, aunque se negó a pedir perdón: “Esto no es una disculpa para nadie”, respondió antes de asegurar que seguiría caminando “con la cabeza bien alta”.

Mbappé terminó atrapado en la reacción contraria. Fue cuestionado por ocultar el mensaje, pese a expresar después su apoyo a los habitantes de Ceuta. El francés justificó su gesto en la necesidad de recordar también a quienes murieron intentando cruzar la frontera y resumió su posición con una idea: no quería establecer prioridades entre distintos sufrimientos. Ultras Sur rechazó esa explicación y convirtió la elección individual de los jugadores en una acusación colectiva contra la conducción del club.

El mismo choque entre identidades se proyecta sobre el Mundial 2030. España organizará la competencia junto con Portugal y Marruecos, pero la sede de la final ya enfrenta a Madrid y Rabat. Fouzi Lekjaa, presidente de la federación marroquí, prometió el partido a Casablanca; Rafael Louzán replicó que “no puede ni debe” disputarse fuera de España, y hasta el primer ministro Aziz Akhannouch frenó a su propio dirigente por anunciar una decisión que todavía corresponde a FIFA.

Así, la camiseta dejó a los futbolistas en una encerrona: Abde fue castigado por mostrarla y Mbappé, Vinícius y Konaté por esconderla. Ultras Sur aprovechó esa fractura para fijar su propia línea sobre Ceuta y trasladar el conflicto al interior del Real Madrid, mientras España y Marruecos discuten fuera del campo quién recibirá el partido más importante de 2030.

El viejo enemigo de Florentino: amenazas, pintadas y una guerra de trece años

El ultimátum no proviene de un sector cualquiera de la hinchada. Ultras Sur mantiene una guerra abierta con Florentino Pérez desde que el presidente decidió expulsarlo del Santiago Bernabéu. El conflicto comenzó a finales de 2013, después de una violenta disputa interna entre la antigua conducción del grupo y una facción más joven y radical que pretendía controlar sus entradas, desplazamientos y negocios vinculados con la marca.

Florentino aprovechó aquella fractura para romper el pacto de tolerancia que el club mantenía con los ultras. Primero desactivó alrededor de 250 pases que su dirigencia administraba para ingresar al estadio y después avanzó sobre el resto de su estructura. El sector que habían ocupado desde 1980 fue transformado en una nueva grada de animación, formada por aficionados identificados y sometidos a normas contra la violencia, el racismo y la exhibición de símbolos políticos.

La respuesta salió rápidamente del Bernabéu. Ultras Sur inició una campaña contra el mandatario con cánticos, octavillas y pancartas distribuidas en diferentes puntos de Madrid. “¿El Real Madrid de sus socios o de Florentino y sus negocios?”, decía una de ellas. Otra reclamaba que “las manos de ACS” se mantuvieran fuera del club, mientras los radicales intentaban instalar nuevamente el pedido de dimisión entre los asistentes al estadio.

La presión también adoptó formas mucho más graves. Florentino recibió amenazas y su vivienda fue marcada con pintadas. La tumba de María Ángeles Sandoval, Pitina, su esposa fallecida en 2012, fue profanada en al menos dos oportunidades. En 2018, el propio presidente confirmó ante los socios compromisarios que los violentos habían atacado tanto su casa como el sepulcro de su mujer. Los ultras también colgaron una decena de pancartas contra él en puentes de acceso a Madrid y difundieron mensajes intimidatorios en redes. Pérez nunca dio marcha atrás. Durante aquella confrontación aseguró que conocía con “nombres y apellidos” a quienes habían vandalizado la tumba y lanzó una respuesta que definió la política posterior del club: “No me van a amedrentar. No van a entrar aquí”. También afirmó que habían intentado coaccionarlo y que esas personas no debían ser tratadas como aficionados, sino como delincuentes alejados del fútbol.

La disputa continuó incluso después de su salida. Miembros del grupo intentaron promover gritos de “Florentino, dimisión”, acceder individualmente al estadio y recuperar influencia sobre la grada. Sin embargo, la conducción del Real Madrid mantuvo la prohibición colectiva y consolidó un espacio oficial de animación separado de Ultras Sur. Aquella decisión convirtió a Florentino en el principal enemigo del movimiento radical mucho antes del actual conflicto por Ceuta.

Por eso, el nuevo comunicado recupera una pelea que nunca terminó. Ultras Sur utiliza ahora el gesto de Mbappé, Vinícius y Konaté para volver a responsabilizar al presidente y exigir su salida. La diferencia es que el ataque coincide esta vez con la primera visita institucional de un mandatario del Real Madrid a Ceuta. El viaje estaba organizado desde semanas antes, pero Florentino llegará a la ciudad con el viejo grupo que expulsó intentando presentarse como guardián de los valores madridistas y españoles.

La amenaza actual no alcanza por sí sola la violencia de aquella campaña, pero adquiere otro significado a la luz de esos antecedentes. No es la primera vez que Ultras Sur exige la dimisión de Florentino ni que intenta doblegarlo mediante presión pública. Es un nuevo capítulo de una enemistad nacida en el Fondo Sur, trasladada después a las calles de Madrid y reactivada ahora por una camiseta dedicada a Ceuta.

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FUENTE: Urgente24, Reuters, El País, AS y Marca.