La práctica de colocar unas zapatillas viejas a los pies del arbolito de Navidad junto con agua y pasto para los camellos ‘cansados’ de los Reyes Magos que suelen dejar regalos a los niños, inaugura la celebración de tradición cristiana del 5 de enero.
ORÍGENES
Reyes Magos: El cuarto mago Artabán nunca llegó a Belén
El origen de la tradición de los Reyes Magos y la historia olvidada del cuarto mago Artabán, que no llegó a conocer a Jesús.
En el Evangelio de San Mateo, se menciona a unos magos del Oriente que fueron guiados por una estrella fugaz para que conocieran al rey de los judíos, el recién nacido mesías, Jesús.
Antes del privilegio de encontrarse con Jesús, los Reyes Magos se reunieron con el vasallo romano Herodes el Grande, mandamás de Judea, que los había mandado a llamar para interrogarlos y les pidió que lo mantuvieran al tanto del paradero de quien ellos aseguraban que era “El Mesías”.
Tras esa reunión con Herodes, según el mito cristiano una estrella guió a los magos hasta un establo de Belén, en donde la Virgen María acababa de parir al niño Jesús rodeado de animales. Tal escondite es donde resguardaron al Mesías luego de un sueño que tuvo José en el que un ángel le advertía que su hijo estaba siendo perseguido para ser asesinado.
Los Magos se postraron ante Jesús, al que le hicieron reverencias y le colocaron cerca del pesebre, una ofrenda de oro, mirra e incienso. A ellos también un ángel les advirtió que no volvieran al palacio de Herodes, ya que éste quería matar a Jesús.
Tal es así que Herodes ordenó la cruel matanza de todos los niños nacidos en Belén, aquellos menores de dos años: pretendía deshacerse del popular recién nacido Jesús de Nazaret y por ello se conmemora el 'Día de los Santos Inocentes', el 28 de diciembre, por todas las almas puras que fueron asesinadas.
Pero existe la leyenda que en realidad no eran sólo tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar y el 'negro' Baltazar, sino que habría un cuarto que nunca llegó a conocer a Jesús.
Artabán, el cuarto Rey Mago
En los Evangelios Apócrifos se describe precisamente la figura de estos sujetos, los Reyes Magos, análogos a astrólogos –por eso se usa el término ‘mago’– con cierta sabiduría de interpretar las estrellas para vaticinar acontecimientos.
Quinto Séptimo Tertuliano, padre de la Iglesia en el siglo III, interpretó el Salmo 72 del Antiguo Testamento, y precisó que se traban de tres para vincularlo con la figura de la Santa Trinidad. Luego en la Edad Media se los bautizó con sus nombres populares.
No obstante, un libro de 1896, 'El otro rey Mago', escrita por Henry van Dyke, popularizó la creencia de que en realidad eran cuatros Reyes Magos, basándose en la reinterpretación de las escrituras religiosas y leyendas de tradición oral.
El autor afirma que había un cuarto mago, Artabán, y que todos se reunieron previamente en Borsippa, la antigua Mesopotamia, desde distintos puntos para proseguir el periplo de desierto hasta dar con Jesús; menos el cuarto mago, que nunca pudo llegar.
Artabán, que portaba consigo tres regalos para Jesús, como un gran diamante, nunca pudo llegar ya que se topó en el camino con un hombre malherido que había sido atacado por un grupo de personas. El cuarto Mago, según el relato, le habría dado el diamante –no se sabe si para que pueda pagar a un curandero por sus heridas o sólo por gentileza–, pero el punto es que perdió tiempo mientras el sujeto corroboraba la autenticidad de la piedra preciosa.
Cuando el cuarto Rey Mago retomó el camino, ya era tarde para conocer a Jesús porque sus colegas ya habían iniciado el periplo en el desierto para llegar a Judea.
Además, Artabán se enteró pronto que Herodes estaba degollando bebés y niños menores de dos años para acabar con la vida del popular Jesús. En una situación, y para que un soldado del vasallo de Roma no matara a un alma inocente, dio un rubí a cambio de su vida, otro de los regalos que iba a darle a Jesús.
Más tarde, el Cuarto Mago fue apresado y condenado a 30 años tras las rejas. Luego de cumplir su pena, ya de anciano Artabán decidió conocer a Jesús, más aún cuando éste estaba por ser crucificado. Como sabía del fatal destino del hijo de Dios, emprendió su camino pero nuevamente se topó con otro imprevisto: un padre subastaba a su hija dada su mal situación económica.
Sin pensarlo, el cuarto Rey Mago entregó otra piedra preciosa, un jade, y el padre de familia no vendió a su hija. Otra vez, Artabán no pudo conocer a Jesús en vida, pero cuenta la leyenda que al momento de la crucifixión del Mesías, unas casas por donde paseaba se derrumbaron, una piedra golpeó su cabeza y tuvo una visión de Jesús, el cual le agradecía por sus actos de bondad: cuando murió fue al cielo con el Santo Padre.
Más contenido en Urgente 24
América TV no repunta: Bajo presupuesto provoca salida clave
Billeteras virtuales: Las mejores opciones para el 2024
Recategorización del monotributo: AFIP fija nuevos montos
GH: Repudio masivo en redes por el gesto de una participante


















