Arqueólogos y profanadores de tumbas que descubrieron los sarcófagos de los faraones egipcios, al poco tiempo, caían muertos como moscas. Sin embargo, cien años después, los científicos han revelado que no todo estaba maldito dentro de los sarcófagos y que, de hecho, un hongo específico de la tumba de Tutankamón podría, incluso, curar la leucemia.
SALE A LA LUZ
El hongo de la "maldición" (radiactividad) de la tumba de Tutankamón combate la leucemia
Se resuelve el mito de la "maldición" de los sarcófagos egipcios (una radioactividad contenida) y se descubre que un hongo de la tumba de Tutankamón puede salvar vidas del cáncer.
Pero el mito de que una serie de "maldiciones" se ciernen sobre la persona que abre la tumba, empezó a circular en el imaginario social tras una seguidilla de muertes. En 1922, Lord Carnarvon, el patrocinador de la excavación de la tumba de Tutankamón, murió de leucemia, al poco tiempo de descubrir a la momia. Lo mismo paso con George Jay Gould, quien falleció de neumonía tras visitar dicha tumba, y Sir Archibald Douglas Reid, quien murió después de tomarle una radiografía.
Sin embargo, un siglo después, la medicina moderna ha descubierto que la neumonía de Jay Gould y la leucemia de Carnarvon fueron consecuencia directa de la aspiración de esporas de hongos tóxicos y por envenenamiento por uranio (radiactividad), todo lo que estaba contenido y esperando salir del sarcófago de la momia.
Leucemia tras la apertura de la tumba de Tutankamón
Un estudio publicado en el Journal of Archaeological Science sepulta por completo la supuesta maldición de los faraones, poniendo sobre la mesa el hecho de que las muertes de los arqueólogos y excavadores que fallecieron tras entrar en contacto con un sarcófago egipcio fueron fruto de un envenenamiento por radiación y de la aspiración de las esporas de ciertos hongos tóxicos.
Ross Fellowes, el autor del estudio, cree que los egipcios almacenaban deliberadamente elementos naturales y desechos tóxicos que contenían uranio, con el objetivo de dañar a cualquiera que intentara perturbar el sueño eterno de los faraones.
De hecho, según revela, el nivel de radiación en las tumbas de los faraones es alrededor de diez veces superior al que hoy en día se considera seguro para los humanos. Incluso, el nivel de radiactividad de la tumba de Tutankamón es tan elevado que quien permanezca en esa cámara mortuoria podría desarrollar cáncer o leucemia.
Por eso, Howard Carter, la primera persona que entró en la tumba de Tutankamón, murió en 1939 después de una larga batalla contra el linfoma de Hodgkin: se cree que su enfermedad la causó la exposición a la radiación presente en la tumba faraónica.
Del mismo modo, Lord Carnarvon, el hombre que financió la excavación en 1922 de la tumba de Tutankamon, murió a causa de la alta radiactividad. "Carnarvon murió pocas semanas después del diagnóstico incierto de envenenamiento de la sangre y neumonía", subraya Fellowes.
También el egiptólogo y excavador independiente Arthur Weigall, que también estuvo en la tumba de Tutankamon, falleció en 1934 de cáncer con 54 años. Se estima que seis de las 26 personas presentes cuando en 1922 se abrió la tumba del faraón-niño fallecieron en los siguientes diez años por asfixia, derrame cerebral, diabetes, insuficiencia cardíaca, neumonía, envenenamiento, malaria y exposición a los rayos X.
Fellowes considera que los antiguos egipcios tenían cierto conocimiento sobre el uranio. En ese sentido, numerosos estudiosos han analizado los Textos de las Pirámides y los Textos de los Ataúdes, que datan aproximadamente del 2.300-2.100 a.C., y han encontrado descripciones de ciertos procesos y de materiales relacionados con el uranio.
El experto incluso asegura que “se han documentado niveles de radiación inusualmente altos en las ruinas de tumbas del Reino Antiguo” y en otros lugares de Egipto. "El contador Geiger ha detectado radiación en dos sitios de Giza adyacentes a las pirámides", señala, añadiendo que también se ha detectado radón -un gas radiactivo- en "varias tumbas subterráneas en Saqqara".
No todo está maldito: el hongo de Tutankamón salva del cáncer
Un estudio de la Universidad de Pensilvania, publicado en Nature Chemical Biology, explica que un hongo encontrado en la tumba de Tutankamón podría curar la leucemia.
Se trata del Aspergillus flavus, un hongo cuyas esporas pueden causar graves infecciones respiratorias, lo que se ha reportado en los profanadores de tumba, pero que puede convertirse en un aliado para la medicina.
Es que tal hongo produce compuestos llamados péptidos RiPPs, los cuales se pueden modificar químicamente para atacar tumores sin afectar tejidos sanos.
Dicho de otro modo, a través de un proceso de lipidación, los RiPPs cambian su estructura para adquirir propiedades terapéuticas, a tal punto que ya existen ensayos preclínicos prometedores contra las células de leucemia.
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