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LA FE POPULAR

Crónica roja de la muerte de Antonio, el 'Gauchito Gil'

¿Quién hubiera dicho que del hambre voraz del mercantilismo británico nacería una historia de fe? El 'Gauchito Gil', rebelde y milagrero venerado por parias.

La historia de Antonio Gil, más conocido como 'Gauchito Gil', trata de una tradición que se ha transmitido oralmente en la zona rural de la Provincia de Corrientes, cerca de la ciudad de Mercedes. Es una suerte de vientre insaciable, que no se cansa de parir relatos que rondan en torno de la figura del ' Gauchito', relato historiográfico que ha zurcido las roturas entre Argentina, Paraguay y Brasil. Pero, ¿fue real?

En verdad, no importa. Lo que vale es que, mito, leyenda o realidad, ha cosido con el hilo rojo de la fe, la geografía que había tajeado el puñal de la guerra, de la vergonzante Guerra de la Triple Alianza –conocida también como Guerra del Paraguay- en la que Argentina afianzó su actitud de genuflexión ante Inglaterra, que ya tenía jurisprudencia en el caso de la Standard Oil, en el gobierno de Bernardino Rivadavia.

Un mojón carmesí en la huella

Esta efeméride en memoria de la muerte de Gil, fue sintetizada a modo de chamamé y de cuentos, por el sacerdote, Julián Zini, muy conocido por su cultivo de la cultura de la música correntina, párroco de Mercedes entre los años 1969 y 1987.

Desde 1970 recabó información sobre esta manifestación de religiosidad popular que en la zona se conoce como 'la Cruz Gil' (Curuzú Gil, en guaraní). Además de haber compuesto un famoso chamamé llamado 'Antonio Gil', en 2012 publicó una Novena a la Cruz, recordando a Antonio Gil y a sus queridos difuntos y con una presentación del entonces obispo de Goya, Ricardo Faifer, y el imprimátur de aprobación eclesiástica.

Además, a modo de apéndice de la Novena viene un devocionario que incluye –por pedido expreso del entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio- una oración para bendecir la Cruz Gil.

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'Gauchito Gil', una tradición popular que permite revisar la injusticia de la Guerra del Paraguay.

'Gauchito Gil', una tradición popular que permite revisar la injusticia de la Guerra del Paraguay.

Una biografía de claustro

Se cuenta que Antonio Mamerto Gil Núñez fue un criollo que vivió en Corrientes, del lado del Río Uruguay, entre los años 1830 y 1870.

En los testimonios más antiguos que se han recabado sobre su historia resalta la frase: "Antonio Gil no quiso pelear". Eso hace que muchos ubiquen su muerte en el marco de la guerra contra el Paraguay (1864-1870).

Fueron muchos los criollos que no quisieron ir a esa guerra. Resultaba muy impopular entre el paisanaje provinciano pelear al lado de los brasileros y los porteños. Más aun cuando enfrente estaba el Paraguay.

Fueron terribles las levas en las provincias. El encargado de reclutar soldados en la Provincia de Córdoba le escribió a ese horrible presidente que fue Bartolomé Mitre, que enviaba contingentes de "voluntarios atados codo con codo".

Al mismo veleta Justo José de Urquiza se le sublevaron 6.000 soldados en el arroyo Toledo. Tanta fue la resistencia, que Mitre ordenó que quien no quisiera pelear sería declarado "traidor a la Patria".

El que huía era apresado por desertor y –de no mediar alguna influencia- ajusticiado por el pelotón de fusilamiento.

Si alguno podía escapar, pasaba a vivir en la clandestinidad, como gaucho alzado.

Es muy probable que esta haya sido la situación de Antonio Gil.

Aun así, no faltan testimonios tempranos que ubican su historia en el marco de los enfrentamientos entre milicias unitarias y federales. De allí el color rojo que lo caracteriza. Sea como fuere, puede pensarse que al 'Gaucho Gil' se lo consideraba desertor por resistirse a alguna injusta leva forzosa.

Un 8 de enero…

Se cuenta que un 8 de enero, después de la fiesta de San Baltasar, Gil fue detenido en las afueras de Mercedes por una partida que tenía orden de llevarlo a enjuiciar a Goya.

Él, que tenía fama de tener un coraje invencible y una mirada hipnótica que paralizaban a cualquier adversario, no quiso derramar sangre y entregó mansamente su cuchillo. Dice el chamamé de Zini: "Un refusilo en la mano, payé doble en el mirar Antonio Gil los podía, pero no quiso pelear".

Tal como sucedía muchas veces en esos casos, la patrulla no quería tomarse el trabajo de trasladar un bandido al lugar del juicio y lo ajusticiaba en el camino con la excusa de que el prisionero intentaba escapar. Así fue que en un cruce de caminos colgaron de los pies al gaucho y, con su propio cuchillo, lo degollaron.

Mientras tanto, algunos amigos habrían conseguido una orden de liberación que nunca llegó a tiempo.

La tradición impera como el dogma

La tradición dice que antes de morir, Antonio le habló a su verdugo con palabras como éstas: "Tu hijo está muy grave y se está muriendo. Cuando vuelvas a tu casa, verás que es cierto lo que te digo. Pero no te preocupes, mi sangre de inocente intercederá ante Dios para que se salve".

Al volver a su casa, el matador encontró a su hijo al borde de la muerte. Sin dudarlo invocó la memoría de quien era su víctima.

El milagro ocurrió: el niño se sanó. Entonces, el padre, agradecido, volió al lugar donde enterraron al gaucho matrero y colocó una cruz de ñandubay, le agradeció y le pidió perdón.

También se dice que comenzaron a llegar devotos a pedir favores ante la cruz.

Ante esto, preocupado por la rotura de alambres, el peligro de incendio que suponían las velas y la seguridad de su hacienda, el dueño de la estancia La Estrella –donde se había producido el asesinato a sangre fría- decidió trasladar los restos de Antonio Gil al cementerio de Mercedes.

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Cosa i mandinga

Desde ese momento, le ocurrieron todo tipo de cosas extrañas:

  • muerte de sus animales,
  • enfermedades en la familia,
  • tormentas en sus campos y
  • todo tipo de inconvenientes.

Convencido de que se trataba de un 'mensaje', él regresó los restos a su lugar de origen y terminan todos sus males.

Desde entonces, el lugar donde se emplaza la 'Cruz Gil' es La Meca de miles de peregrinos y son muchos los milagros que se le atribuyen.

Especialmente en los últimos años, han aparecido innumerable cantidad de ermitas rojas con la imagen de Antonio Gil y su Cruz a lo largo y a lo ancho del país.

No parece exagerado decir que hoy en día es una de las devociones más extendidas. Si bien en la zona se habla de la 'Cruz Gil', desde que tomó difusión nacional, el título más común parece ser el de 'Gauchito Gil'.

El diminutivo no es porque Antonio Gil haya sido un jovencito. En yopará, la lengua que surge de la cruza del guaraní con el español, el diminutivo se usa cariñosamente. 'Gauchito Gil' sería el 'querido Gaucho Gil'.

Antonio Gil - Toto Sheman (Canción)

Conclusión y transición

La Iglesia Católica, que siempre ha mixturado el Evangelio de Cristo con las tradiciones de los pueblos que iba adosando a la corona de turno que representaba, ha expresado que una historia popular puede tener mucho potencial evangelizador más allá de la posibilidad de ser documentada historiográficamente.

Para penetrar el sentido profundo de esta historia, resulta valioso observarla a la luz del poema 'Martín Fierro', conque José Hernández relató el drama que sufrió el pueblo pobre en los tiempos de Antonio Gil.

Cuando una historia cala tan hondo en el corazón de un pueblo que ha recibido el Evangelio es porque en ella hay valores que la conectan con el sentido profundo de lo cristiano, afirman algunos documentos parroquiales de Zini y hasta de Bergoglio.

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