La Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven, estrenada hace 200 años en Viena, sigue siendo una de las composiciones más emblemáticas de la historia de la música clásica. Esta obra maestra, que culmina con el famoso himno "Oda a la alegría", no solo rompió moldes en su época sino que se transformó en un símbolo universal de hermandad y unidad.
CLÁSICO DE LA MÚSICA
200 años de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven: Una oda a la alegría revolucionaria
Este año se cumple el bicentenario de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven, una obra maestra revolucionaria de la música clásica que hasta hoy impacta.
La Novena Sinfonía: una obra que demoró 30 años
La historia de la Novena Sinfonía es tan fascinante como la propia música que la acompaña. La idea de musicalizar la "Oda a la alegría", un poema de Friedrich Schiller, venía girando por la mente de Beethoven desde los 23 años, en 1793. Pero al compositor alemán le costaba encontrar la sinfonía adecuada para adaptarlo y terminó abandonando el proyecto. Tuvieron que pasar casi 20 años para que decidiera retomarlo, y fue así como en 1817 se puso en serio a trabajar en esta obra musical.
El proceso de composición de la sinfonía se extendió por más de seis años, cuando comenzó a esbozar algunos bocetos en 1815 hasta que terminó la partitura en 1824. Es decir, que Beethoven soñó con este proyecto a los 23 años, lo comenzó a los 47 y lo terminó a los 54: todo la gestación le llevó más de 30 años de su vida.
Con la sinfonía terminada, y a pesar de haberle dado vida en Viena, Beethoven planeaba darla a conocer en su país natal en Berlín, pero no llegó a marcharse sin recibir antes una carta de la comunidad musical de Viena pidiéndole que brinde su próximo concierto en la capital austríaca. Así que, conmovido, canceló sus planes y la estrenó en Viena el 7 de mayo de 1824, no sin antes supervisar los ensayos (los cuales tuvo que dirigir un colega porque su sordera estaba empeorando).
Beethoven presenció el debut de su obra de pie en el escenario dándole la espalda al público mientras seguía de cerca los movimientos de la sinfonía, en cuya ejecución no pudo evitar notar serias imperfecciones. Aun así, terminó siendo ovacionado por el público, de lo cual Beethoven no se percató hasta que alguien le avisó: al darse vuelta, se encontró con un teatro lleno que lo aplaudía y hacía mover sus pañuelos con entusiasmo.
Una obra única y revolucionaria
La Novena Sinfonía es una obra maestra que innovó en varios aspectos. Para empezar, a diferencia de otras piezas extensas de aquella época, que se construían a partir de secciones cortas, la Novena está conformada por cuatro movimientos extensos y unidos, brindándonos una experiencia musical integral de principio a fin.
Pero la verdadera revolución, según el director de orquesta Teddy Abrams, radica en la forma en que Beethoven entrelaza los movimientos. No era una técnica usual en ese momento que elementos de los primeros movimientos de la obra reaparecieran en el final, antes de la "Oda a la alegría". Es así como la melodía del himno, adornada con el texto de Schiller y su mensaje de hermandad, surge a partir de estos "recuerdos musicales".
En estos 200 años que transcurrieron desde su estreno, la "Oda a la alegría" es una de las melodías más reconocibles del mundo y fue adoptada como himno por diferentes organizaciones internacionales. Y la Novena Sinfonía de Beethoven se convirtió en una obra fundamental del repertorio orquestal, con una riqueza que permiten múltiples interpretaciones, aunque su mensaje de esperanza sigue resonando con fuerza en el siglo XXI.
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