El 19 de enero de 1998, el Valencia protagonizó una de las remontadas más épicas de la historia de la Liga española. El equipo che perdía por goleada, pero los argentinos Claudio López, Ariel Ortega y Guillermo Morigi remontaron el partido y lograron la victoria.
Barcelona destila superioridad
El Barcelona llegaba al partido como segundo clasificado de la Liga, a dos puntos del Real Madrid. El equipo catalán, dirigido por Louis Van Gaal, atravesaba un buen momento de forma y venía de ganar sus tres últimos partidos. El Valencia, por su parte, ocupaba la decimoquinta posición, en puestos de descenso.
Aquel encuentro se disputó en el Camp Nou y comenzó con dominio del Barcelona, que se adelantó en el minuto 33 con un gol de Luis Enrique. Los azulgranas siguieron presionando y aumentaron su ventaja poco tiempo después, esta vez por el brasileño Rivaldo. Por si la paliza barcelonesa no fuera poca, Fernando Cáceres puso el 3-0 después de meter un tanto en puerta propia.
En este momento, el Valencia parecía abocado a la derrota, el equipo che estaba hundido y parecía que no tenía opciones de remontar. Sin embargo, los argentinos Claudio López y Ariel Ortega tenían otros planes.
Tres argentinos y la remontada imposible del Valencia
Cuando parecía que el partido estaba sentenciado, el Valencia empezó a remontar. Faltando sólo 20 minutos para el final, Guillermo Morigi marcó el primer gol de los che y Claudio López, recién llegado en el mercado de invierno, colocó el segundo en el minuto 74. El ‘Piojo‘ no se detuvo y logró igualar el marcador un cuarto de hora después.
En el último minuto del partido, Ariel Ortega definió el 4-3, poniendo delante al Valencia y dándole la victoria. El equipo che lograba así una remontada imposible que le permitía abandonar los puestos de descenso.
El gol del ‘Burrito‘ Ortega fue un momento de locura en el Camp Nou, donde los jugadores del Valencia se abrazaban mientras los hinchas del Barcelona se quedaban atónitos. Aquel trío de argentinos demostró que no hay partido imposible.
La remontada del Valencia fue clave no sólo para no caer de categoría, sino además para no descender más del décimo puesto. Es un ejemplo de cómo el fútbol puede ser impredecible y cómo cualquiera puede ganar, sin importar las circunstancias.













