La llegada del invierno en el hemisferio norte, y la coincidente aparición de la variante Ómicron, que en un principio preocupó de sobre manera a la comunidad científica en particular, y, a los mercados en general, tendrá finalmente efectos sobre la economía mundial, pero muy lejos de ser la catástrofe que en un principio se imaginaba. Si bien dos informes científicos consideraron el riesgo de hospitalización de la nueva variante muy por debajo del de la variante Delta, aún así el impacto sobre la economía mundial acabará por sentirse, y los especialistas reducen la tasa de crecimiento esperada de la economía mundial de los primeros meses del año.
Las consecuencias que tiene la variante Ómicron en la economía mundial ya empiezan a sentirse, aún siendo que esta variable del coronavirus no es tan severa como en un principio se creía, pues, la semana pasada se han publicado dos estudios en Estados Unidos que mide el riesgo de hospitalización de dicha variable muy por debajo de la variante Delta. Aún así, los efectos sobre la economía comienzan a sentirse, y algunas aerolíneas estadounidenses se vieron obligadas a cancelar vuelos en épocas navideñas debido a una escasez de personal causada por los contagios de la variante, y no se descartan tampoco la cancelación de eventos deportivos, entre otras regulaciones, para no saturar al sistema de salud. Al momento, no hay nada definido.
Pero las consecuencias, aún sin medidas concretas, ya comienzan a ser medidas por las entidades y consultoras económicas. La entidad financiera Moody's consideró que la tasa de crecimiento de la economía estadounidense y mundial se verá reducida con respecto a las estimaciones que se habían generado, por lo cual, se corrigió la estimación de crecimiento para los primeros meses del año 2022 de la economía de Estados Unidos, pasándose de un 5,2% a tan solo un 2,2%. De todos modos, hacia el segundo trimestre se espera que al economía comience a recuperarse, y con ello, el arrastre se expandirá al resto de la economía mundial.
Los analistas coinciden que gran parte del daño no económico no proviene del daño real de la variante Ómicron en sí, sino, por el contrario, los excesivos cuidados que tiene la gente aplazando viajes, hábitos de consumo más medidos, y menos actividades al aire libre que dañan la microeconomía e impactan de lleno en los pequeños negocios como restaurantes y comercios. Este impacto acaba por ser luego divisado en las estadísticas como menor crecimiento, menor empleo.












