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La inflación del 50% anual aguza la memoria de los gobernantes, no ya la imaginación, que sería demasiado pedir, para intervenir en la redistribución del ingreso. La Administración Macri intervino en la estructura de los precios relativos con desmesurados aumentos en las tarifas reguladas por el Estado, que se trasladaron como costo al resto de las cadenas, que cotizan su producción sin interferencias oficiales, salvo cuando se aplican políticas de control, como los precios cuidados que inventó el kirchnerismo y continuó el macrismo. Son listas seleccionadas junto con los empresarios que funcionan con un régimen de ajuste preestablecido. Los bienes durables tienen múltiples precios, lo mismo que los de consumo, pero donde la indexación resulta casi automática es en la canasta alimenticia y de limpieza, donde las devaluaciones pegan de lleno. Están los que venden poco y nada y trasladan a precio cuando pueden sus mayores costos y los que, aún cuando les haya bajado la actividad, cobran lo que les marcan las regulaciones, como sucede con las estaciones de servicio y las naftas, que ajustan por dólar. La multiplicidad también ahora alcanza al tipo de cambio, luego de las retenciones y derechos de exportación que incorporó el gobierno al campo, la industria y los servicios, para compensar la devaluación del 3er trimestre.
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