Paglieri a Prazeres: "No es proteccionismo, es industrialización" (?)
La secretaria de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri, recibe a su par del Brasil, Tatiana Prazeres. Hay cierta obsesión argentina por dejar en evidencia que el nuevo régimen de importaciones -desde el 01/02, los importadores argentinos están obligados a recibir autorización oficial para cada una de las compras al exterior que quieran realizar-, es similar a restricciones que aplicará Brasil en el futuro.
06 de febrero de 2012 - 15:14
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Preocupada por las nueva trabas aduaneras y presionada por la poderosa Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP), la presidenta brasileña Dilma Rousseff decidió enviar a Tatiana Prazeres, quien dijo que el gobierno brasileño estaba "preocupado" por el nuevo sistema de control de importaciones argentino, y que evaluaría su legalidad e impacto antes de adoptar una decisión.
"Estamos en contacto permanente con el sector privado de Brasil y el gobierno de Argentina para que podamos entender el impacto económico de este nuevo régimen y la consistencia jurídica" del mismo, agregó.
Para la Argentina, no se trata de restricciones sino del inicio de un proceso de sustitución de importaciones como eje de una política industrial. Además, se asemeja a lo que Brasil está haciendo, sostiene la Argentina.
No es lo que opinan en Brasil ni en Uruguay ni en Paraguay ni en Chile.
En el diario oficialista BAE, Darío Gannio, sostuvo el discurso industrialista como argumento para la prohibición vigente:
"Brasil confirmó que, al igual que la Argentina, incentivará la industria local evitando la competencia con los productos importados. Luego de las quejas del empresariado brasileño por la postura argentina de elevar el control a las importaciones, el país vecino creó un ente para fiscalizar las compras exteriores, y su ministro de Economía, Guido Mantega, defendió en declaraciones el uso de políticas más proteccionistas.
En ese contexto, los representantes de la Argentina y Brasil continúan reuniéndose para articular estas medidas de fiscalización sin afectar el comercio intrarregional. Hoy será el turno de la secretaria de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri, que recibirá a su par brasileña, Tatiana Prazeres, con el objetivo de profundizar el intercambio y buscar soluciones que permitan amortiguar los efectos de la crisis internacional.
Por su parte, el ministro de Economía brasileño opinó ayer que si el mercado fuera libre, la industria nacional se habría terminado. “Solamente habría producción en China o en Corea y Brasil sería apenas un gran importador”, explicó Mantega a la revista Istoé Dinheiro.
El funcionario afirmó que “una de las formas más eficientes de capitalismo” en el mundo es el que aplica Brasil, al defender la participación del Estado y las medidas para evitar la competencia con los productos importados. “Es un capitalismo que trae directamente beneficios a la población, estamos lejos del modelo europeo de desarrollo, pero vamos a alcanzarlo”, estimó.
De esta forma, Mantega, que reivindicó el aumento del 30% de impuestos a automóviles importados fuera del Mercosur y del acuerdo brasileño-mexicano, revalidó el camino –transitado por la Argentina– que pretenderá recorrer la región en medio de la crisis económica global. (...)".
En el mismo matutino, a cargo del Grupo Olmos, Patricia Valli se enfocó a la industria automotriz:
"En medio de las negociaciones con Brasil para aumentar la integración de partes argentinas en la producción brasileña y nivelar así la balanza comercial, el Gobierno se reunió con las automotrices y reclamó que se sustituyan las compras de insumos que puedan fabricarse en el país.
Entre los productos a los que se apunta son los metalmecánicos –para lo que los fabricantes locales aseguraron que existe oferta– y plásticos, que se compran a Brasil. También se busca sustituir importaciones de aluminio y vidrio.
Para verificarlo, la AFIP y la Secretaría de Comercio Interior mantendrán el cruce de información que se pretende desarrollar a partir del nuevo sistema de control a las compras en el exterior.
El monitoreo forma parte de lo acordado en una reunión de la que participaron el viernes 03/02 la ministra de Industria, Débora Giorgi; el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, y los secretarios de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri.
“No se va a importar ningún insumo difundido para la industria automotriz que se pueda producir en el país”, aseguró Giorgi, según un comunicado difundido ayer por Industria. “Tanto terminales, autopartistas y sistemistas como productores de insumos difundidos tienen que trabajar en la sustitución de importaciones”, dijo la funcionaria.
En aceros especiales se podrá llegar a una sustitución de importaciones de más de u$s120 millones, según definió Industria con el titular de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Adimra), Juan Carlos Lascurain, y empresarios del sector.
Las compras al exterior de suministros para la industria ascendieron a US$ 21.410 millones el año pasado, 23% más que en el 2010. Las importaciones de piezas para maquinaria y las de bienes de capital sumaron en conjunto casi US$ 30.000 millones. De esta forma, el Gobierno busca reducir un déficit en manufacturas de origen industrial que asciende a US$ 27.000 millones en el total general.
La semana pasada, en medio de la visita del presidente de la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP), Paulo Skaf, el empresario reconoció que se puede aumentar la compra de autopartes argentinas para equilibrar la balanza y evitar roces comerciales. El rojo de la Argentina en ese sector alcanza los US$ 3.400 millones.
El acuerdo con las productoras de insumos locales incluiría los beneficios fiscales del plan de industrialización, mientras que el Gobierno además estudia la posibilidad de mantener un subsidio focalizado para la energía en algunos sectores específicos y estratégicos de la industria, para que los bienes locales sean más competitivos frente a los importados y se facilite así la sustitución. (...)".
Pero hay advertencias sobre los límites que, al menos en el corto y mediano plazo, enfrenta las decisiones argentinas de desarrollismo manufacturero forzado por carencias en la balanza de pagos.
Por ejemplo, la consultora Ecolatina afirmó:
"(...) El accionar del Gobierno responde en última instancia a la escasez de dólares que enfrenta la economía argentina, pero vale la pena hacer un breve raconto de los últimos acontecimientos para entender el proceso decisorio.
Pese al contundente resultado electoral, la dolarización de activos alcanzaba niveles récord a fines de Octubre. Para cortar la incipiente corrida contra el Peso, el Gobierno impuso controles a la venta de dólares, redujo al mínimo la remisión de utilidades y apuntaló la oferta de divisas obligando a aseguradoras a repatriar fondos externos y a petroleras y mineras a liquidar el 100% de sus exportaciones.
Estas medidas, junto con la fuerte suba de las tasas de interés pasivas y la garantía de que las colocaciones en moneda extranjera en los bancos estaban a disponibilidad del público, lograron frenar la demanda de dólares. La mejora de la oferta de divisas por la repatriación de fondos de las aseguradoras y la liquidación de mineras y petroleras, terminó de estabilizar la situación cambiaria a fines del año pasado.
El Ejecutivo logró frenar la corrida contra el Peso sin devaluar, pero no revirtió las causas que han hecho atractivo al dólar. Además, en el corto plazo se registró una significativa caída de las colocaciones privadas en dólares en los bancos, y un fuerte salto de las tasas de interés y del tipo de cambio informal.
Pese a préstamos de Bancos europeos y Basilea (por US$ 5.000 millones), las reservas internacionales del BCRA cayeron US$ 5.800 millones el año pasado, algo que no sucedía desde 2002. Más importante aún, por el fuerte crecimiento de la base monetaria (+35,2% i.a.), las Reservas de Libre Disponibilidad (RLD) cerraron 2011 en terreno negativo (U$S -5.400 millones).
Sin RLD para pagar deuda Pública Nacional bajo el marco legal vigente, un contexto internacional incierto y volátil, y exportaciones agrícolas jaqueadas por la sequía, el Ejecutivo avanzó en enero sobre el control de las compras externas con el fin de alcanzar un elevado superávit comercial que ayude a garantizar la estabilidad cambiaria.
A la autorización oficial que están sujetas las importaciones desde el 1 de Febrero de 2012, se suman otras medidas complementarias tendientes a minimizar la salida de dólares de la economía. Entre ellas se destaca el aumento de requisitos de capital para las entidades bancarias que quieran girar dividendos (en la práctica implica la imposibilidad de remitir utilidades por un par de años).
El camino elegido por las autoridades permite acotar en el corto plazo la depreciación del tipo de cambio. Sin embargo, esta estrategia no está exenta de riesgos, máxime si no se ataca la causa original de la escasez del dólar (inflación).
En primer lugar, trabar la demanda de dólares (financieros o comerciales) complica la oferta de divisas. Por caso, es muy difícil captar inversión extranjera directa si no se garantiza la posibilidad de remitir utilidades al exterior. Algo similar ocurre con el intercambio de bienes: restringir las importaciones puede generar represalias de los principales socios comerciales, complicando la colocación de nuestras exportaciones.
Más importante aún, la falta de reglas para aprobar o rechazar una operación que involucre divisas –ya sea comercial o financiera- genera incertidumbre en las firmas. Esto es muy costoso a la hora de planificar negocios, ya que eleva la tasa de retorno exigida a los proyectos de inversión realizados en nuestro país.
Por último, como se muestra en la próxima sección de este informe, apuntalar el saldo comercial vía restricción de importaciones impacta negativamente en el nivel de actividad y puede incluso acelerar la suba de precios al eliminar la competencia externa. Lograr una rápida sustitución de importaciones sin una barrera efectiva como el tipo de cambio real competitivo no parece plausible, ya que el aparato productivo local tiene una eleva dependencia de insumos importados, que en buena medida –por cuestiones de escala o especialización- no se producen internamente.
Por ello, más que nunca las exportaciones serán claves para la economía. Si las ventas externas no crecen, las importaciones tampoco lo harán en pos de mantener un elevado superávit comercial. Si esto sucede, el nivel de actividad se verá limitado porque 80% de las compras externas intervienen en el proceso productivo.
Nivel de exportaciones, de importaciones y de actividad
Tras crecer 22,4% en 2010, las ventas externas treparon 23,7% el año pasado. Si bien la tasa de expansión fue similar en ambos años, las exportaciones crecieron en 2011 principalmente por mayores precios, mientras que las cantidades impulsaron esencialmente las ventas externas hace 2 años.
Las perspectivas de las exportaciones para 2012 no son muy alentadoras ya que los precios de las commodities agrícolas se ubican por debajo de los del año pasado y la escasa humedad está reduciendo las cantidades esperadas para la próxima cosecha. En este sentido será difícil repetir la performance de los últimos años.
El principal problema es la intensa sequía que afecta a la zona núcleo agrícola. Si bien las recientes lluvias trajeron cierto alivio, existe un fuerte deterioro en los rindes de soja y maíz. Más allá del impacto de la menor producción agrícola sobre el nivel de actividad, la oferta de divisas se resentirá.
En 2011 las ventas externas de los principales granos y oleaginosas (maíz, trigo, soja, y girasol) y derivados (aceite de soja y girasol y pellets de soja) alcanzaron US$ 28.000 millones (+28% i.a.). Esto representa el 57% de exportaciones de Productos Primarios (PP) y Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) y 33% del monto total exportado.
Antes de los primeros indicios de sequía, se esperaba que la cosecha de los 4 principales cultivos ronde las 94 millones de toneladas (Tn).
Sin embargo, las estimaciones actuales sugieren que la producción se ubicaría 10 millones de Tn por debajo. Incluso suponiendo precios internacionales superiores a los actuales, la menor producción respecto de la campaña 2010/11 (merma de 6,8 millones de Tn) redundaría en una pérdida de exportaciones de al menos US$ 4.000 millones. De esta forma, las ventas externas de PP y MOA caerían en 2012.
Por otra parte, las exportaciones de productos energéticos (7% del total) acumulan un deterioro de 18,5% desde 2008 (-23% en cantidades) y es poco probable que se expandan durante este año. Para revertir el continuo declive de la producción de petróleo y gas se necesitan fuertes inversiones y mayores plazos.
El rubro con mayores chances de expansión son las Manufacturas de Origen Industrial (MOI), que en los últimos 2 años treparon al 25% anual, en línea con la dinámica del crecimiento de la actividad y el comercio mundial.
Sin embargo, las perspectivas para 2012 son más moderadas: el FMI y el Banco Mundial volvieron a recortar las proyecciones de crecimiento global. Además, según datos de la Organización Mundial del Comercio, las exportaciones de 67 países que concentran 90% de las ventas globales, treparon sólo 8,7% i.a. en noviembre tras promediar un incremento del 22% i.a. durante el primer semestre.
De esta forma, puede verse que la proyección de exportaciones totales del presupuesto (US$ 90.800 millones), que incluía una importante desaceleración, resulta incluso difícil de alcanzar. En el mejor de los casos, el crecimiento de las ventas externas será muy bajo o nulo.
Si el nivel de las exportaciones no trepa en 2012, las importaciones tampoco deberían hacerlo pues la prioridad oficial es conservar el saldo comercial en torno de los US$ 10.000 millones, valor que permite afrontar los pagos de deuda y las demandas –acotadas- del sector privado sin una pérdida excesiva de reservas.
En este marco el Gobierno reaccionó extendiendo los controles oficiales a las importaciones. Como ya mencionamos, esta estrategia no está exenta de riesgos: conflictos comerciales, incertidumbre, menor crecimiento y mayores precios.
Dado que 80% de las compras al exterior intervienen en el proceso productivo local, el impacto sobre la actividad sería significativo. La mitad de las importaciones son bienes intermedios y piezas de capital, insumos claves para la producción diaria.
Por su parte, combustible y energía concentra 13% de las compras externas, y bienes de capital 20% del total importado. Tampoco conviene restringir estos rubros ya que afectan la oferta energética y la de la economía doméstica.
El restante 19% son bienes de consumo y autos, rubros que seguramente tendrán mayores trabas para su ingreso. De todas formas, un fuerte ajuste en este rubro no estaría exento de costos.
En el corto plazo es difícil suplantar la producción importada, por lo que habría menos bienes disponibles para consumir y, por ende, más caros.
La extensión del recorte de las compras externas necesario para alcanzar un superávit elevado será relevante para el nivel de actividad, ya que desde 1973 las importaciones cayeron en 15 oportunidades y en todos esos años, excepto 1983, se observó una reducción del PBI.
Por último, el impacto sobre la actividad también depende de cómo se implemente el control sobre las importaciones y la magnitud del ajuste necesario. En la medida que se evite paralizar una planta productiva por un insumo importado barato, el daño será más acotado. (...)".










