Para River fue una revancha: 1 a 2 en visita a Belgrano, y con 10 jugadores
Antes del comienzo del partido, el entrenador de River Plate, Ramón Díaz, explicó su anhelo: "Jugar como durante el verano. ¿La clave? En el ataque, siempre en los delanteros". Pero la realidad fue bien diferente y mucho tuvo que intentar arreglar Ramón durante el entretiempo, y aún así el partido se le complicó -en especial luego de la expulsión de Poncio- hasta alcanzar un 1-2 que festejó River no solamente por ganar en Córdoba al aguerrido Belgrano sino porque es el equipo que lo condenó al Nacional B.
10 de febrero de 2013 - 23:03
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El ánimo de un plantel es muy importante, en especial durante el transcurso de un partido difícil. Para River Plate visitar a Belgrano en Córdoba, es una ocasión compleja porque esos mismos jugadores que el entrenador Ricardo Zielinski dispuso en el campo de juego, enviaron al club del barrio de Nuñez al descenso, del que tuvo que regresar con esfuerzo.
Por eso, Ramón Díaz mucho trabajó en recuperar la autoestima de un club grande como River Plate, integrante del G5, el que más campeonatos locales ganó durante el siglo 20, con psicología de Nacional B. Y precisamente por todo eso, para River era importante ganar en Córdoba a un Belgrano que desea clasificar para la próxima Copa Sudamericana, como objetivo 2013, y para ello debería lograr una performance similar a la del torneo pasado, cuando fue una de las revelaciones.
El final del aburridísimo 1er. tiempo que jugaron ambos equipos demostró que River Plate había controlado la pelota durante el 65% del período. Pero el porcentaje era engañoso: no había generado jugadas colectivas de peligro para su rival. Es más: la jugada de mayor riesgo la protagonizó Belgrano, y había sido el travesaño el impedimento que encontró el recuperado -luego de una lesión importante- 'el Picante' Pereyra para lograr poner en ventaja al 'Pirata' celeste.
La táctica de Belgrano era sencilla: dejarle el balón a River, esperarlo apenas detrás de la media cancha, y ahí quitársela ante la falta de ideas y de precisión de los jugadores del club porteño, para intentar salir en contraataque, considerando que tenía en cancha 2 buenos artilleros -César Pereyra y Víctor Aquino- contra los 3 del fondo de River -Gabriel Mercado, Adalberto Román y Jonathan Bottinelli-.
River tenía un planteo supuestamente ofensivo, que no lograba demostrar durante el juego. En especial porque a menudo parecía que se superponían en el mismo espacio del terreno sus centrales Cristian Ledesma y Leonardo Ponzio, y porque en la izquierda padecían de una increíble imprecisión Leonel Vangioni y Rodrigo Mora.
Parado junto a la línea de cal, Ramón Díaz se desesperaba. Les pedía a sus jugadores, en vano, que pararan la pelota, a Manuel Lanzini que hiciera la pausa antes de cederla, a Ponzio que la distribuyera mejor, a todos que no la 'rifaran'. Nadie parecía escuchar al entrenador. Y así se fueron al vestuario.
El 2do. tiempo comenzó peor porque en el inicio porque Ponzio recibió la tarjeta roja. Él acusó al árbitro Germán Delfino de echarlo sin haber visto la jugada ("Estabas de espalda", le reprochó) pero se tuvo que ir.
Belgrano fue por el partido: Lucas Melano al campo de juego. O sea 3 delanteros contra 3 defensores. Así fue el planteo teórico de Zielinski. Pero el transcurso de un juego es mucho más complejo. A los delanteros tiene que llegarles el balón en forma conveniente, y todo el equipo tiene que acompañar esa intención del entrenador. En cambio, mientras el DT apostaba por el triunfo, el equipo seguía en el planteo especulador del 1er. tiempo.
Del otro lado, Ramón comprendió que cambiaba el partido y de inmediato movió el banco de suplentes: cambio a sus delanteros, una señal de que no aflojaba, quería el triunfo.
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Expulsión de Poncio
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Belgrano 0 - River 1
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Belgrano 0 - River 2
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Belgrano 1 - River 2
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Y River encontró la oportunidad, que cuando se aprovecha puede marcar el partido.
A los 69, el jugador nuevo que más aportó, Leonel Vangioni, importado desde Newell's, le pegó de forma impresionante a la pelota, inalcanzable para el buen arquero Olave, que se arrojó pero no llegó a tiempo.
Entonces Belgrano desnudó su impotencia para modificar el resultado.
A los 86, el arquero Barovero sacó desde el arco, Funes Mori la peinó y dejó, mano a mano, al cordobés Luna (delantero de una pericia importante, siempre atento, aunque en River todavía no rindió como puede), que no perdonó ante el achique de Olave.
A los 87, Farré apareció por el sector del "8" y con un derechazo venció las manos de Barovero.
Pero no alcanzó. No es para ilusionarse lo de River, pero sí para que lo festejen bien largo.










