La prensa de Madrid se pregunta qué hacer y no hay mucha coincidencia entre sus principales comentaristas. Algunos se inclinan por la presencia del zaguero central luso-brasileño Pepe como volante, para cortar el juego de Lionel Messi, pero otros creen que tornaría muy rústico un centro del campo que, salvo por Xabi Alonso, nunca se ha caracterizado por el vuelo, ausente Sahín por sus eternos problemas físicos (al punto de que se habla ya de su posible regreso al Borussia Dortmund).
Otros hablan de la vuelta de Angel Di María, tras la ausencia de algunos partidos por lesión y quien no se ha mostrado mucho en las últimas horas, en tanto el entrenador portugués José Mourinho ha estado tratando de minimizar el partido hasta donde pudo, sosteniendo que la prioridad del Real Madrid es la liga y que en Mallorca jugaban “tres puntos importantísimos”.
Es claro que a Mourinho sí le interesa, y mucho, el Barcelona, pero el Real Madrid, si bien mantuvo los 5 puntos de diferencia sobre el Barcelona en la liga, al vencer en las islas in extremis 1-2, es claro que no está jugando bien y que fue escandaloso el gol anulado al local Víctor Casadesús por fuera de juego cuando era evidente que había partido desde su propio campo, lo que hubiese complicado más a los merengues.
La gran pregunta para Mourinho sobre el esquema a colocar en el Santiago Bernabeu ante el Barcelona es si presionar muy arriba, como ya lo consiguió en la final de la Copa del Rey de la temporada pasada en Mestalla, lo cual puede favorecerlo para cortar el circuito rival y quitarle la pelota, pero también puede acarrear que si los azulgranas traspasan la primera línea de marcación blanca, los locales se podrían complicar por inferioridad numérica, y al mismo tiempo, el cansancio por una tarea que requiere de mucho desgaste físico, podría ser fatal en el final del partido.
Por el lado del Barcelona, la confianza esta vez se centra en su superioridad al Real Madrid en los últimos enfrentamientos, sumado a que esta serie de cuartos de final es a doble partido y se define en el Camp Nou el miércoles 25, lo que hace difícil imaginar al equipo de Guardiola con dos malas performances en una semana y ante su rival preferido.
Pero en el Barcelona tampoco reina la paz. En la intimidad del vestuario, Guardiola y su ayudante Tito Vilanova saben bien que el equipo no está rindiendo de visitante y comienza a padecer problemas atrás como el domingo como local ante el Betis, cuando cedió dos goles tras una rueda invicto y el entrenador se vio obligado a pasar a una línea de cuatro en vez de tres, ante el temor de perder el partido.
Betis, como ante Espanyol, se jugaron a quitarle la pelota al Barcelona pero no parece una tarea fácil ni posible para todos y depende mucho más de la inspiración o no de los jugadores azulgranas que de los rivales ocasionales.
Al Barcelona lo ayudan las convicciones como cuando Xavi Hernández fue entrevistado a pie de campo de juego para la TV española tras el partido ante el Betis y ante la pregunta sobre si los dos equipos llegan con dudas a la Copa del Rey, la respuesta fue clara: “¿Dudas? ¿Nosotros? Nosotros no tenemos ninguna duda sobre el juego”. Acaso la duda pase hoy por un plantel demasiado corto para afrontar tantos desafíos en enero, como la salida de Keita a la Copa Africa, el traspaso de Maxwell al PSG francés, y las lesiones de Afellay, Villa y Fontás.