BAHÍA BLANCA (

En política, se sabe que a ningún gobierno nacional puede interesarle que se "incendie" Buenos Aires. Tal vez por ello, Scioli deba ejercitar su habilidad para conseguir recursos que alivien la situación económica de la Provincia.
Sin ir más lejos, Solá percibe que todavía le esperan poco más de tres difíciles meses de gestión gubernamental. Ahora, vuelve a sufrir reclamos de aumentos salariales y huelgas por parte de los gremios docentes. Medidas que pueden terminar siendo imitadas por los empleados estatales.
Pese a todo, Solá anda relativamente relajado. Cree que es muy posible que él puede participar de la elección de octubre encabezando la lista de diputados nacionales por el frente conformado por los kirchneristas y sus aliados del PJ ortodoxo. Dicen que habría pedido ser acompañado en la boleta de candidatos al Congreso de la Nación por sus ministros Florencio Randazzo (Gobierno) y Eduardo Di Rocco (Justicia). También que habría insinuado cierto interés por lograr que su actual pareja, María Helena Chávez, pueda ser aspirante "a salir" en la lista oficialista por una banca de diputada en la Legislatura bonaerense.
No es casual que Solá haya decidido ahora salir a buscar ser reivindicado por los intendentes y dirigentes del ámbito bonaerense, durante los actos institucionales que tiene previsto realizar en distintas ciudades de la Provincia.
Por ahora, el clima político interno es de desconcierto, por la falta de certezas. El cierre de listas de candidatos a intendentes municipales y de legisladores provinciales vencerá el sábado 8 de septiembre, pero la mayoría de las espadas K ya presiente que están en "tiempo de descuento".
Todo indica que "a partir de mañana" comenzarán las negociaciones dentro del oficialismo y podrían empezar a caer del embudo los "nombres concretos" de los postulantes, tanto "locales" como "seccionales", ya sea para la boleta "oficial" como para las "colectoras".
Se sabe que, por el particular modo de conducción K, más de uno deberá tragarse "algún sapo", en el reparto de poder.
En la sexta, todo indica que será el subsecretario de Hacienda de la Nación, Carlos Mosse, el portador de la lapicera presidencial. Es probable que pueda sentarse a dialogar con el todavía ministro de Gobierno bonaerense, Florencio Randazzo, quien recluta a un puñado de intendentes, legisladores y otros dirigentes de la región que dicen ser los "únicos merecedores" de utilizar el sello del "felipismo-kirchnerista".
Entre ellos, los intendentes Ricardo Curetti (Patagones), Alejandro Dichiara (Monte Hermoso) y Marcelo Buschi (Tornquist), además del diputado bahiense Marcelo Feliú.
La incompatibilidad de pretensiones que tenga cada sector interno podría derivar en una innecesaria "pelea seccional" en la sexta.
Es que, si llegase a concretarse una fuerte dispersión de votos en el radicalismo, a partir de un virtual "efecto confusión", dada la variada oferta de candidatos a gobernador entre la boleta partidaria que impulsa a Ricardo Alfonsín, otra paralela, al economista Jorge Sarghini, y la del Frente Progresista Cívico y Social integrado por radicales, aristas y socialistas que respalda la candidatura de Margarita Stolbizer, el oficialismo kirchnerista podría quedarse con las 6 bancas de senadores bonaerenses por la sexta que se renuevan en octubre.
Según se comenta, la lista seccional K ya tendría "casi definidos" los primeros cuatro postulantes: Mosse, la "larraburista" Elsa Strizzi, el peronista Haroldo Lebed y el titular del Banco Nación, Alejandro Acerbo. En la futura grilla de aspirantes, no se descarta al jefe comunal de Adolfo Alsina, Alberto Gutt, como tampoco a Jorge Izarra, por Punta Alta.
Pero, un poco más cerca en las hojas del almanaque que la elección de octubre, la puja salarial estalló nuevamente en medio del proceso proselitista. Los docentes insisten en la necesidad de un incremento en los haberes, mientras Solá ya expresó su decisión de "no poner bandera de remate al Estado provincial", descartando así que vaya a otorgar un nuevo incremento durante este año. En rigor, el gobernador no es que no quiera, sino que no tiene "posibilidades ciertas" sin ayuda extra de la Nación.
"No es negándole un servicio educativo a los chicos como se va a resolver el problema", arremetió el ministro de Trabajo, Roberto Mouillerón. Inclusive, no rechazan que, pensando en 2008, no se pueda conversar ya que probablemente haya un reajuste.
Es decir, que Scioli, casi seguro, heredará un conflicto salarial irresuelto. Mientras tanto, sigue con su mensaje optimista de campaña. Y uno de sus ejes, precisamente, es la educación. Dentro de su propuesta, el vicepresidente y candidato oficialista detalló que a la inseguridad "hay que atacarla de manera integral y trabajarla con las armas más modernas que nos da la democracia, que son la inclusión, la educación, la lucha contra la droga y reconstruir la confianza entre la policía, los ciudadanos y el poder político". Es absolutamente razonable cuando también manifiesta la necesidad de "mayor presencia policial en las calles y una justicia eficiente, en donde quien las hace las paga. Ni mano dura ni blanda, mano justa".
Con esa definición, Scioli tal vez busque despegarse del manual de estilo de Kirchner que es mucho más proclive a permitir el desorden callejero. Incluso, de la desafortunada consideración pronunciada hace un tiempo por el ministro de Seguridad bonaerense, León Arslanian, cuando negaba un aumento de los índices delictivos atribuyendo cierta elevada "sensación de inseguridad" de la población a raíz de la difusión periodística de los crímenes sangrientos.
Al parecer, mientras Scioli parece insistir en remarcar en campaña que las políticas aplicadas en la Provincia para combatir la inseguridad no obtuvieron los resultados esperados, sigue manteniendo charlas con Arslanian, para interiorizarse sobre el proceso de depuración policial y tomar como mensaje la "inclusión social", como un modo de arremeter progresivamente contra el delito.
Hace pocos días, desde la Cámara de Diputados bonaerense, se pidió a la administración Solá que se arbitren con urgencia medidas especificas que pongan límite a la ola de violencia. "Deben implementarse medidas públicas y políticas urgentes, a fin de que el número de víctimas de la delincuencia no termine por formar parte de una simple estadística", señaló el diputado oficialista Ricardo Gorostiza. Un dato curioso: el legislador del FPV responde políticamente al ministro del Interior, Aníbal Fernández.
Esta semana, Scioli dejó entrever, además, que su intención es sumar a su eventual gabinete al fiscal federal Carlos Stornelli, para ocupar el ministerio de Seguridad, a partir de las "coincidencias" que tienen en la visión de cómo atacar el delito. "La creación de un superministerio de Justicia y Seguridad en la provincia de Buenos Aires, con el fiscal Carlos Stornelli como titular, demuestra el desprejuicio del gobierno en sus intentos por neutralizar o impedir la investigación de los hechos de corrupción que involucran a algunos de sus funcionarios. Y el fiscal olvida sus deberes e incompatibilidades, metido en la campaña de Scioli a la gobernación", disparó Margarita Stolbizer.
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Efecto confusión: la excesiva dosis de confianza de los K
Pese a la sensación triunfalista que rige dentro del oficialismo kirchnerista, ya se trasluce que el principal desafío que deberían enfrentar la candidata presidencial Cristina de Kirchner y el postulante a la gobernación bonaerense, Daniel Scioli, "ya no es electoral, sino político".
29 de agosto de 2007 - 07:46









