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Europa y los gustos por el fútbol: ¿Interesa más África que América?

La Copa África de Naciones que se adjudicó Egipto, acaparó la atención del viejo continente. Los europeos prestaron más atención a la Copa de África de Naciones que a la Copa América. ¿Por qué se da este fenómeno? ¿Es sólo una cuestión de horarios?

Los "Faraones" egipcios se dieron el gusto de ganar la Copa y dejar de lado, al menos por unas horas, el sabor amargo de no jugar el mundial de Alemania. Los "Faraones" le ganaron por penales a los Elefantes marfileños una nueva edición de la Copa África de Naciones. Pero en esta oportunidad la idea es realizar una mirada diferente, que no compete estrictamente lo lúdico. Sino lo social. Una respuesta coherente de esta gran atracción por parte del público europeo, sería esgrimir lo siguiente: Hay un gran interés de millones de inmigrantes de origen africano y sus descendientes, cuyo reclamo se hace sentir en los ratings de la televisión y el tiraje de los diarios europeos. La Copa América, en cambio, llega de contramano a los medios, porque los partidos se juegan cuando los europeos duermen. Pero este argumento no engloba todo, y no nos da respuesta a otros aspectos. Las emisoras, los diarios y los sitios de internet también tienen otro público que atender, un interés mayoritario, y no dedicarían tanto espacio a la Copa de África si no tuvieran otra razón de peso. Esa razón es uno de los anzuelos periodísticos más antiguos: lo revolucionario. Los europeos dan mucha importancia al fútbol africano porque su realidad actual es revolucionaria. Si uno se entromete en este mundo, llega a la conclusión de que la respuesta a los interrogantes, es más sencilla de lo que parece. Desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo, el fútbol africano está sacudido por formidables convulsiones, reflejadas hace poco en la clasificación para el mundial de países supuestamente atrasados futbolísticamente: Togo, Angola y Costa de Marfil, donde además se libra una guerra civil paralizante. La eliminación del torneo mayor de Nigeria, Camerún, Senegal, Marruecos y Egipto, vista al principio como un signo de debilidad de esos países, es en realidad la consecuencia del avance de la 2ª fila del fútbol africano. Los procesos revolucionarios se caracterizan por este tipo de saltos bruscos, que desafían el orden establecido. Esto abre oportunidades para los individuos y organizaciones que en circunstancias normales sabrían perfectamente cuál es "su lugar". En fútbol, el orden establecido es (¿o era?) el predominio de 4 o 5 naciones europeas y sudamericanas, en una especie de "mercado cerrado". En este mercado, y cuando las normas en las ligas europeas lo permitieron, 3 países sudamericanos, Brasil, Argentina y Uruguay, fueron los proveedores tradicionales de "mano de obra especializada". Ahora es diferente. Las compuertas están abiertas y ahora el mercado africano ofrece mano de obra capaz a un costo muy bajo. Por eso, el avance que vemos de jugadores del continente africano. Las crónicas desde Egipto sobre esta Copa de África mencionaron al camerunés Samuel Eto'o, al marfileño Didier Drogba, al egipcio Mido y los nigerianos Kanu y Jay-Jay Okocha, en un contexto que parece señalarlos como las máximas estrellas del fútbol africano. Esto pasa por alto a buena parte del seleccionado francés de fútbol, mayoritariamente africano: Vieira es senegalés; Zidane es hijo de inmigrantes argelinos. Y no olvidemos al legendario Eusebio (64 años), que es de Mozambique. El caso de Zidane desmintió una de las grandes falacias del fútbol: que África era capaz de producir grandes jugadores negros pero ninguno árabe. Se suponía que la cultura árabe reprimía la expresión individual, que el caos de las sociedades negras era más fértil para el fútbol. El verdadero estímulo no es el caos, sino la pasión, exacerbada por la necesidad. La mejor cuna del fútbol es humilde, es pobre. Hay algo en el fútbol que se nutre de la miseria, o mejor dicho, del deseo de escapar de ella. Y eso es lo que pasa en gran parte en África. Los jóvenes escapan de la hambruna y la miseria en busca de nuevos horizontes. Y el fútbol en Europa es la meta de muchos africanos que emigran con el anhelo de tener una vida mejor y triunfar en el mundo del deporte. Si trasladáramos esto al continente americano, diríamos también que, sin el estímulo de la miseria, la estructura del fútbol brasileño no sería capaz de engendrar a jugadores como Ronaldinho. Daría a Kaká, como no, pero nunca a Ronaldinho. ¿Ven la diferencia? La idea es no hacer comparaciones de este tipo con Argentina para no herir susceptibilidades. Pero las tenemos. El fútbol africano está en pañales en comparación con el latinoamericano, pero le sobra vitalidad, y el espolón de la miseria pica más fuerte. ¿Se nos viene encima, en el corto plazo, el "Gigante Negro"?