OPINIÓN

DÍA DEL TRABAJADOR (1)

Ideas para una política salarial en tiempo de inflación

Domingo Cavallo habló de dolarizar salarios. Aquí Luis Rizzi busca otra propuesta. Lo cierto es que en una economía con estanflación por tan largo tiempo en forma casi ininterrumpida, es un dilema no sólo la distribución equitativa de la renta sino la ejecución de una política de ingresos que mantenga el poder adquisitivo de los asalariados, cuentapropistas, monotributistas y jubilados. Un tema para hoy, 01/05, Día del Trabajador.

Si bien la inflación es una enfermedad muy grave para todo sistema económico, es obvio que la contagian y la desarrollan los malos gobiernos. Pueden ser populistas o no.

También es cierto que para combatir esa patología cuyo origen generalmente es monetario aunque no siempre se la puede combatir con remedios solo monetarios, como parece ser la política del banco Central, es necesario el esfuerzo y la voluntad  de todos.

Los gobiernos tienen que ofrecer idoneidad para proponer la terapia pertinente, pero la gente, nosotros los habitantes del país, nos toca también una pesada y riesgosa tarea, ya que en esa lucha representamos el papel de las infanterías militares, nos toca la peor y más vulnerable de las tareas. 

Somos los que más arriesgamos dado que perdemos poder adquisitivo, dicho de otro modo, el salario nominal se incrementa, pero el salario real pierde valor. Otra paradoja el incremento salarial no incide en el crecimiento del PBI. Es probable que la inflación incida negativamente en nuestros niveles de productividad.,

A comienzo del siglo XX Argentina y Australia tenían un ingreso “per capita” similar, hoy solo tenemos el 35% de ese país. 

Por ese motivo una de las cuestiones más difíciles es acertar, en épocas de alta  inflación, con una política salarial adecuada, capaz de respetar el segundo principio liberal de justicia expuesto por John Rawls que no es más que el principio de la diferencia, que en definitiva pretende garantizar la igualdad ante la ley.

El principio liberal dice que las desigualdades sociales deben administrarse de tal modo que beneficien a los menos aventajados.

Lo más aventajados son los que deben hacer los mayores esfuerzos.

Si miramos este cuadro publicado por el INdEC (imagen que ilustra esta nota), veríamos que recién el sexto decil presenta un ingreso base de $ 26.000 y un máximo de $ 32.000,00. Esos seis deciles comprenden poco menos de seis millones de hogares, sobre un total de 9.137.413 compuestos por casi 15 millones de personas.

El noveno decil recién parte de una base de $ 48.000,00 y junto con el decimo conforman un conjunto de poco mas de 1.820.000 hogares integrados por alrededor de 6.400.000 personas sobre un total de 27.809.491. Solo un 23% del total.

Con esto quiero decir que en estos momentos con una inflación que este año  estará entre el 35% con mucha suerte y un 40 y pico por ciento que es lo que arrojan estimaciones que parecen razonables; los incrementos salariales no pueden ser  generales  ni similares ya que eso sería muy injusto. 

Imaginemos una pauta del 30% para todos, para los deciles 9 y 10 tendrían un efecto muy diferente a los otros ocho ya que  una cosa es recibir un incremento de ese porcentaje sobre una base  de $ 15.000,00 y otra sobre 65 mil o más.

Estimo que como mínimo debería pensarse sobre tres grandes conjuntos sociales. 

Hasta la base del nivel de ingreso limite con la calidad de pobre, el incremento debería ser la inflación pasada más un porcentaje de recuperación.

Para una segunda franja quizás solo debería corregirse el salario nominal por el porcentaje de inflación.

Para la ultima franja lisa y llanamente no debería haber incremento alguno ya que ese alto nivel salarial, permite enfrentar el difícil momento, a lo sumo sacrificando consumos superfluos.

Esa sería una forma razonable de tener una política salarial que precisamente debe amortiguar el impacto inflacionario en los segmentos más desfavorecidos de la sociedad. 

La encuesta de la deuda social argentina para los niños entre 0 y 17 años “… el 63,4% de los niños/as y adolescentes estaba privado en el ejercicio de al menos un derecho y 51,7% vivía en hogares pobres en términos monetarios. Un 41,2% de la infancia era doblemente pobre. Esta doble privación se incrementó entre 2017 y 2018 en 4,1 p.p.”

Las mayores falencias o privaciones se dan en saneamiento, vivienda salud e información.

Estas realidades, son conocidas, pero siempre creemos que les pasan “a los otros”, no asumimos que con los “otros” componemos este “nosotros” que es la sociedad.

Resumiendo para poder armar una política salarial con una realidad como la descripta muy someramente, debemos compadecernos  de la pobreza que implica “hacer algo” y en este punto cada uno de nosotros debemos y podemos hacer algo concreto.

La grandeza se construye desde las buenas pequeñas cosas de todos los días, en cambio nosotros construimos nuestra decadencia con afán, haciendo mérito de nuestros peores vicios.

Es lo que muestra Cristina en su libro, la virtud del vicio y la desconfianza y mala fe como soporte de la vida, lo describe muy “sinceramente”….

En general nos conformamos con sentir lástima por la pobreza, lo que no pasa de ser una forma de hipocresía y de cinismo.