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"ESTADO MENTAL EN JUEGO"

El análisis infantil en el marco de una pandemia

Vie, 15/05/2020 - 8:36am
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Tiempos diferentes los que impone la cuarentena provocada por la pandemia, y cuyo impacto de manera diversa modificará comportamientos, normas y expectativas aún luego del aislamiento social en su forma presente. Tiempos que requieren prudencia y también flexibilidad tanto en adultos como en adolescentes y niños. De esto último trata este análisis.

Paciente y analista están inmersos, como propone Valeros, en un “estado mental de juego”.
"Paciente y analista están inmersos, como propone Valeros, en un “estado mental de juego” implicándose en una relación dialéctica entre el adentro y el afuera donde se articula el principio de realidad con el principio de placer, posibilitando una transformación."
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El entorno social cumple una función de sostén imprescindible para el ser humano. En este sentido, hoy se nos plantea una paradoja: para cuidarnos tenemos que aislarnos.

El aislamiento social obligatorio impacta en los niños, que sienten el miedo, la incertidumbre, y la incomprensión de una situación tan inédita como la que estamos viviendo. 

Lo particular de la actualidad es que niños que usualmente atendíamos en el consultorio, se vieran ante la urgencia de que el tratamiento fuera adaptado a una modalidad virtual. Esta migración a lo digital, requiere de contemplar algunas variables tales como la edad del niño y su subjetividad, es decir aquello que lo hace único en su padecer y en su propia historia. 

Aquel analista que no tenía el consultorio en su hogar, ahora tendrá que buscar nuevos objetos lúdicos, ya que los que compartía habitualmente con el niño, quedaron en el consultorio. 

Así, habrá que considerar con los padres en qué espacio de la casa se desarrollará la sesión, permitiéndole al niño cierta privacidad. También habrá que ser flexibles en relación al horario porque esta alterada la capacidad de concentración de los niños además de varios factores del entorno que influirán en el encuentro.

En ocasiones observamos la dificultad de comprensión por parte del niño acerca de que debe interrumpir su programa de TV o la actividad que estaba haciendo en casa para entrar en un clima de sesión. 

En esta nueva modalidad, tenemos la oportunidad única de estar con los niños en su casa, donde se incluyen sus cosas, sus juguetes y hasta sus mascotas, desplegándose nuevas pautas de juego, como por ejemplo hacer un desfile luciendo la ropa de su armario o jugar a las escondidas.

En la dinámica de aparecer y desaparecer, se irá tramitando la angustia de pérdida por la vida habitual, y el temor a que les pase algo a sus seres queridos. Así, aunque no estén juntos físicamente, el analista está presente para el niño consolidándose la constancia de objeto.

Nos sorprendemos también al descubrir que los niños encuentren, en el medio virtual, la posibilidad de desplegar un material que tal vez la proximidad física perturbaba su despliegue.

Sin embargo, puede suceder que ocurra algo que el niño no quiere escuchar ni que se vea algo de su espacio y, en esta modalidad, puede cortar la videollamada. Esto no debe ser tomado como una resistencia, sino que le permite al niño el despliegue de su agresividad producto de la tensión generada por el aislamiento, la convivencia prolongada, la pérdida de la rutina habitual y una sensación de intrusión en su privacidad.

Trabajaremos también con los padres alojando su propia angustia y malestar además del que puede surgir a partir de la exigencia de los “hay que” -jugar, estudiar, sostener rutinas- que emergen en estos tiempos.  En este sentido será importante escucharlos e incorporarlos –cuando aparecen físicamente en el escenario de la sesión con el niño- en las dinámicas lúdicas compartidas. 

El análisis infantil tiene la potencialidad de trabajar con sujetos en estructuración por lo que la flexibilidad psíquica de los niños es una ventaja que les permite adaptarse a situaciones nuevas.

En este sentido, se requiere del analista que comparta esa flexibilidad para adaptar el encuadre a los nuevos escenarios que se enriquecen con los nuevos medios de comunicación donde la imagen, los emoticones, los emojis y el juego, se ofrecen como medios de expresión de la subjetividad.

Se trata del encuentro con el otro y con el mundo externo otorgándole un carácter de producción al posibilitar el surgimiento de lo novedoso. 

Paciente y analista están inmersos, como propone Valeros, en un “estado mental de juego” implicándose en una relación dialéctica entre el adentro y el afuera donde se articula el principio de realidad con el principio de placer, posibilitando una transformación.