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TRAS LAS HUELLAS DE VÍKTOR FRANKL

De la cultura del bien-estar a la cultura del bien-ser

Sab, 21/12/2019 - 4:31am
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"No existen recetas mágicas sobre cómo modificar la cultura. Ni tampoco hay que basarse únicamente en buenas intenciones. Es fundamental contar con la estrategia para hacerlo. Cada comunidad educativa tiene sus particularidades, sus fortalezas y debilidades, y es desde sus potencialidades que se busca realizar el cambio cultural, reconociendo el impacto de las acciones de los miembros que la integran. Vale la pena aclarar, que suele llevar tiempo generar un cambio en la cultura, sin embargo es posible en tanto uno se dispone a hacerlo. Para ello cada educador debe partir de la realidad concreta de la que forma parte, para plantear y buscar el cambio desde lo que ocurre. Todos los educadores tenemos una visión de lo que buscamos al dedicarnos a esta tarea": excelente Gastón del Río, para leer, releer y compartir.

Contenido

En los tiempos actuales cada vez con mayor frecuencia nos encontramos en los diferentes ámbitos laborales y educativos con personas que manifiestan síntomas relacionados con el estrés, el malestar, la soledad y la falta de motivación. Juntos con estos síntomas, es cada vez mas frecuente, en especial en las instituciones educativas, encontrar manifestaciones del síndrome neurótico masivo propuesto por Frankl (2003): agresión, depresión, adicciones.  

“Y ahora piensen ustedes en el peligro que, desde la perspectiva psicológica, puede representar el hecho de que nuestra joven generación se entiende y se denomina como no future generation, es decir, una generación sin sentido y sin futuro. Pues en este su vacío existencial amenaza con proliferar aquella tríada neurótica de masas que se compone de depresión, adicción y agresión, lo que significa prácticamente: suicidio en el sentido estricto de la palabra, suicidio crónico en el sentido de la drogodependencia y sobre todo violencia incluso contra otros.” 

Estas manifestaciones son un llamado de atención para empezar a ocuparnos con mayor compromiso de los factores macros que inciden en la educación, entre los cuales se encuentra la cultura escolar. Desde hace unos años se empezó a hablar en los ámbitos educativos de vanguardia del well-being (bienestar).

La cultura del bien-estar se basa en promover un estado de satisfacción y comodidad en el ámbito educativo que favorezca la educación. Para ello se centra en las necesidades de las personas, buscando caminos para resolverlas, o para que alcance un estado de 0 de tensión, a partir del cual la persona pueda involucrarse del mejor modo posible en el proceso educativo.

Es muy valioso proponer una cultura del bien-estar, por los beneficios que tiene, pero estas propuestas tienen una limitación: se olvidan que el hombre es buscador de sentido, y justamente aquello que nos motiva a vivir es buscarle un sentido a la vida. Teniendo en cuenta esa cuestión motivacional, las personas siempre vamos a tener un estado de tensión, que busca su realización. Es por ello, que podríamos ampliar la propuesta, buscando una cultura que promueva el well-being, en tanto bien-ser.

La principal diferencia entre estos modelos (del bien-estar y el bien-ser) es la mirada antropológica, puesto la cultura del bien-ser tiene como centro a la persona, como una totalidad (unidad biopsicoespiritual), y busca que se desarrolle y madure del mejor modo posible, encontrándole sentido a su vida. Se pone a la persona en el centro, y no se trata solo de los educandos, sino de todos aquellos que integran esa comunidad educativa. Las personas tienen esa tensión, necesaria y saludable, de buscarle sentido a la vida y la cultura del bien-ser colaborara para desplegar los recursos que favorezcan la satisfacción de esa necesidad espiritual. 

El bien-ser remite directamente al modo en que la persona es-en-el-mundo, siendo parte activa en la relación consigo mismo, con los otros y con el mundo que lo rodea. No se puede hacer una separación entre estos mundos y el ser, puesto que es en la relación con cada uno de ellos. 

Las propuestas de well-being (tanto las de bien-estar como las de bien-ser) proponen en su mayoría, que las personas que integran la comunidad educativa sean activos en el proceso de construcción de la cultura. La cultura se construye, en el día a día, por eso es algo mutable, que constantemente se va armando. No podemos definir la cultura como algo estático, porque es propio de la cultura ser dinámico. 

Al apuntar al bien-ser, se toma como referencia lo que las personas pueden llegar ser, teniendo como objetivo poder colaborar a que el clima escolar, la cultura escolar y las estrategias que se implementan tengan como objetivo común que las personas alcancen la mejor-versión-posible-de-ellas-mismas. El desafío estaría en poder plantear un contexto para que las personas puedan ser cómo son, asumiendo el protagonismo en su tarea educativa, que se traslade a la sociedad. En esta función, estarían involucradas todas las personas que intervienen en la tarea educativa (docentes, directivos, alumnos, personal no docente, familias). Es una cultura apeladora. 

Esta es una de las principales diferencias con los modelos que proponer el bien-estar, porque lo que buscan es que la persona alcance el equilibrio en tanto logre saciar sus necesidades. En cambio, una cultura que promueva el bien-ser, apuntará a que la persona logre encontrarle un sentido a su vida. La cultura del bien-ser es superadora a la del bien-estar, porque la complementa.

La cultura del bien-ser busca que quienes forman parte de la comunidad sean protagonistas de su vida y busquen cambiar el mundo, haciendo que este sea más saludable, favoreciendo la realización de valores superiores.

No existe un único modo de generar la cultura del bien-ser, por eso cada ámbito se tendrá que plantear los proyectos que se considere más convenientes. Aquí radica el valor de ser una comunidad de puertas abiertas, que facilite y promueva el intercambio entre sus miembros, para poder identificar el verdadero valor del impacto de dichos proyectos en tanto favorezcan el bien-ser. 

La búsqueda de una cultura del bien-ser está centrada en afinar la conciencia (1), apelando la voluntad de sentido, ayudando a que las personas puedan encontrar sentido en sus vidas. Educando en la capacidad de decidir, de poder hacer uso de sus recursos personales, para tomar decisiones con sentido. Implica reconocer el valor de nuestras acciones, teniendo los educadores un rol fundamental en esta tarea. Tomando la definicion de educador propuesta por Dienelt (1970) “El educador no alude solo al pedagogo profesional, sino teniendo en cuenta el ámbito total de la realidad educativa, el adulto que entre en cualquier clase de relación educativa y formativa.” Resaltando que son nuestras acciones las que van cambiando al mundo. 

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Gastón del Río
Un libro de Gastón del Río que invita a generar un cambio cultural.

La cultura del bien-ser se va desarrollando a partir de los pequeños detalles, de las distintas acciones, que van a favorecer la creación de una cultura particular. Se debe partir necesariamente de tener el propósito claro de generar un cambio, reconociendo el valor de los pequeños detalles que van marcando el espacio educativo, el modo de ser-en-la-escuela y por lo tanto, el modo de ser-en-el-mundo. Lo que ocurre en las escuelas es un reflejo de lo que ocurre en la sociedad. Brindar oportunidades para que las personas puedan desplegar su humanidad en la escuela, trae que esos comportamientos también se puedan  trasmitir en la vida fuera de ella. 

No existen recetas mágicas sobre cómo modificar la cultura. Ni tampoco hay que basase únicamente en buenas intenciones. Es fundamental contar con la estrategia para hacerlo. Cada comunidad educativa tiene sus particularidades, sus fortalezas y debilidades, y es desde sus potencialidades que se busca realizar el cambio cultural, reconociendo el impacto de las acciones de los miembros que la integran. Vale la pena aclarar, que suele llevar tiempo generar un cambio en la cultura, sin embargo es posible en tanto uno se dispone a hacerlo. 

Para ello cada educador debe partir de la realidad concreta de la que forma parte, para plantear y buscar el cambio desde lo que ocurre. Todos los educadores tenemos una visión de lo que buscamos al dedicarnos a esta tarea. 

El cambio va a ocurrir cuando las personas estén dispuestas a cambiar ellas mismas. La cultura del bien-ser es una cultura apeladora, facilitadora, transformadora que nos invita a realizar este cambio. Fomenta las condiciones y los espacios adecuados para que ocurra. Se trata de brindar oportunidades para conectarse con el mundo en que forma parte y rodea a la persona, asumiendo un compromiso ante esta realidad y con los otros

Cultura del Bien-Ser y Comunidad

Por otro lado, la cultura del bien-ser busca generar una comunidad (común-unidad). Basándose en la aceptación del otro, en tanto se reconoce su dignidad. La creación de una cultura que fomente la confianza (en uno mismo y con otros) y los espacios para conseguirla. Que los miembros de la comunidad se reconozcan como agentes de cambio, protagonistas de sus vidas. Al asumir el compromiso de su vida los educandos y sus familias se verán apelados. 

Estableciendo vínculos genuinos, en los cuáles hay afecto, buscando el bien del otro, ayudándolo a que alcance la tan ansiada felicidad. Este tipo de cultura educa para afrontar la vida (no para enfrentar la vida), favoreciendo un cambio en las personas, un cambio en el modo de vivir su vida, en la actitud ante la propia vida.

En la comunidad de la cultura del bien-ser estamos todos involucrados en la conversión de los espacios educativos en espacios de vida, donde ocurra el encuentro y, en este encuentro se despliegue el bien-ser y el bien-estar. Al desplegar su bien-ser, la persona tendrá un impacto en su comunidad, comprometiéndose cívicamente con la realidad social que le toque. Siendo protagonista de su vida, buscando cambiar el mundo, haciendo que sea más saludable. El desplegar el bien-ser es para toda la vida, tomando decisiones que estén orientadas por el sentido que le encuentran a sus vida.

Generando como efecto, un aumento de la vivencia de pertenencia, reconociéndose los miembros que la integran como parte de la misma, siendo agentes activos. Esta vivencia genera mayor compromiso en el accionar de los distintos miembros. Para que esto ocurra, se buscará que cada persona reconozca su propia individualidad (que incluye el reconocer las exigencias de su rol, las tareas que implican), el para qué de la educación (el valor que tiene asumirlo)  y las necesidades existentes (en la realidad educativa de la que forma parte). Implica tener una mirada amplia sobre la realidad que le toca vivir a cada uno, a partir de la cual se implemente y asuma su tarea correspondiente.

Un ambiente donde se promueva el bien-ser traerá como efecto la vivencia de calma. Pese a las problemáticas que puedan ir surgiendo, los miembros de la comunidad educativa viven con calma su participación en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Para ello se busca promover un ámbito que genere amparo, protección a los miembros que la integran, donde cada uno se reconozca aceptado por la comunidad. En especial en comunidades donde existe gran diversidad de culturas e intereses. 

Entre los desafíos de esta cultura que promueve el bien-ser, nos encontramos con el valor de promover cierto orden dentro de la comunidad educativa. El orden no visto como rigidez, sino como aquello que sostiene (posibilita) la tarea educativa. 

Algunos aspectos que influyen en el orden son el respeto por los horarios, la planificación de las evaluaciones (sin sobrecargar los días y las semanas con las mismas, buscando una buena proyección sobre cómo podrían estar distribuidas en el calendario), el conocimiento y el cumplimiento de las pautas de convivencia (que se trasmitan claramente), etc. Este orden lo que brinda es la vivencia de sentirse cuidado, porque los límites nos permiten identificar aquello que es esperable y lo que no. Si este sostén no se da, la persona vive con tensión el estar en ese espacio, siempre preocupada, nerviosa, ansiosa, preocupado por lo que pueda ocurrir.

Por lo tanto, la cultura del bien-ser favorece el compartir, las relaciones, entre los miembros de la comunidad educativa. Para ello se deben promover un clima de encuentro para poder compartir con los otros, y en lo posible, por medio de actividades que generen agrado a quienes intervienen. 

La cultura del bien-ser se va elaborando por medio de las acciones y el diálogo. Ocurre el encuentro entre las personas, quienes reconocen el valor del otro, como alguien que influye en lo que yo soy. Es en el encuentro entre el yo y el tú nos descubrimos a nosotros mismos y a los otros, colaborando mutuamente en la búsqueda del despliegue personal y el descubrimiento de sentido. En el encuentro se manifiesta la autotrascendencia. 

Pero para que el encuentro ocurra, se le debe dedicar tiempo. Las relaciones genuinas se van construyendo, es por ello, que las instituciones deben dedicarle tiempo a que estas se generen. Las propuestas deben aplicarse, en lo posible, de modo trasversal, siendo una cultura escolar que promueva este tipo de vínculos. 

Se genere este clima, que invita a que las personas quieran estar ahí, ser parte de la misma (se podría inferir que disminuiría la deserción escolar). Por lo cual, se genera una retroalimentación diferente. 

Al reconocerse los miembros de la comunidad como agentes activos en la construcción de una cultura particular, que favorezca el despliegue personal y el descubrimiento de sentido, siendo favorable el proceso de enseñanza-aprendizaje, podrán reconocer el impacto que tiene sus acciones en esto. Lo cual se puede trasladar a otros ámbitos, reconociéndose como agentes activos en su comunidad, que puede promover el bien común. La cultura del bien-ser promueve la convivencia, reconociéndonos en nuestra individualidad, tolerando las diferencias y aprendiendo a ser con el otro. En el fondo, todos nos encontramos en la búsqueda de sentido, y compartir un espacio en el cual podamos ayudarnos a lograrlo es posible.

Las culturas que promueven el bien-ser, ponen el acento en la persona, puntualmente, en la responsabilidad de cada uno como agentes de cambios, que pueden genere espacios que posibiliten el despliegue su humanidad posible. En palabras de Freire (2002) “Evidentemente, el hombre decide lo que es en función del sentido que le imprime a la vida. Por lo tanto, para dirigir al hombre a la salud, a la madurez, a la psicohigiene, la logoterapia ha de orientarle y dirigirle a la búsqueda de su concreto sentido de la vida.” La cultura del bien-ser “aproxima” a  los miembros de la comunidad educativa “pone ante su conciencia” situaciones en las que pueda encontrar y comprometerse con valores y su sentido, desarrollando sus recursos personales para hacerlo. Es una invitación a poder ampliar la mirada de las personas y del mundo en que vivimos, para dar respuesta a las exigencias que nos tocan atravesar. 

Si bien se puede actuar sobre los emergentes que ocurran, el foco de interés de la cultura del bien-ser es la promoción de estrategias que favorezcan el proceso de enseñanza-aprendizaje (en cualquier ámbito de la vida) y el desarrollo personal. Es por eso que se puede generar este tipo de cultura en cualquier ámbito, ya que cuenta con los siguientes ejes que orientarían el actuar:

> Promover estrategias saludables
> Fomentar el rol activo de los miembros de la comunidad
> Que cada uno asuma la responsabilidad ante la creación del clima que se vive en el espacio que compartan.
> Construir una cultura saludable, que promueva el descubrimiento de sentido.

La cultura del bien-ser tendrá como fin que la persona pueda alcanzar la tan ansiedad felicidad. Esta se logra a partir de la madurez, que implica que las personas desplieguen su deber-ser en el mundo, siendo buenos ciudadanos, orientados por valores que le den sentido a sus vidas, que puedan interactuar de manera efectiva y afectiva, siendo protagonistas de sus vidas. Esto puede ocurrir a cualquier edad y en todo lugar. La posibilidad del cambio está en cada uno de nosotros.

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(1) Toda acción educativa desde la logoterapia y el análisis existencial (creada por Viktor Frankl) está orientada en afinar la conciencia. Se considera que todos tenemos conciencia, que es el recurso que nos permite encontrar los valores en el mundo que le den sentido a  nuestra vida. Esta conciencia está por momentos “desafinada”, porque no encuentra estos valores. Cambia el foco de las propuestas educativas, dejando de ser lo prioritario el transmitir conocimientos (se lo tiene igualmente en cuenta), trasladándose en ayudar a las personas a poder hacer usos de sus recursos personales, que le permitan vivir su vida de un modo auténtico, encontrándole sentido. 

PD: Para profundizar en esta temática se encuentra la obra del autor: Gastón del Río, “De la cultura del bien-estar a la cultura del bien-ser”, Ed. Bonum, 2019.

Otras obras:“ Biblioterapia y educación “ Ed. Bonum, 2018 ; “En busca del sentido en el aula con Viktor Frankl“. Ed. San Pablo, 2011.