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PANORAMA

La crisis del presidente turista Javier Milei

La derrota parlamentaria dejó una administración resentida que, a apenas 60 días de su asunción, actúa bajo los efectos de las emociones de su líder.

El gobierno de Javier Milei está en crisis. Aunque el Presidente se saque relajado fotos en Roma, que tienen más de paseo turístico que de viaje oficial (“con la ajena”, diría el propio mandatario). Aunque el vocero Manuel Adorni diga que el Ejecutivo quedó “fortalecido” luego del duro traspié en el Congreso. Aunque Milei crea que en realidad la que quedó en falsa escuadra fue “la casta” que demostró que sólo cuida sus privilegios. Pero detrás de toda esa fachada queda una administración resentida que, a apenas 60 días de su asunción, actúa bajo los efectos de las emociones de su líder que se reflejan en tuits y likes en las redes sociales. Cuando vio que lo deshojaban como una margarita, el Presidente retiró el proyecto de ‘Ley ómnibus’ que se trataba en el recinto de la Cámara de Diputados. O al menos eso fue lo que él dijo. Podría tratarse de una forma de salvar su imagen luego del paso de comedia que implicó que ni el ministro del Interior, Guillermo Francos, ni el jefe de los diputados libertarios, Oscar Zago, supieran que devolver el proyecto a comisión significaba hacer caer todo lo que hasta ahí se había conseguido (la aprobación en general y la particular sobre algunos artículos, empezando por la declaración de emergencia).

Como en ese caso, Milei buscó a través de su intensa actividad en Twitter, donde reparte premios y castigos, moldear el fallido resultado a su antojo y evitar que le cuelguen el cartel de perdedor. Así fue que convalidó la teoría que una tuitera hizo respecto del devenir de la ‘Ley ómnibus’. "Cooooooorrecto", respondió el presidente cuando la influencer conocida como Lady Market sugirió que la derrota pudo obedecer a una estrategia del libertario para "exponer" a la clase política. Milei también reforzó esa postura al compartir un análisis de la desconocida consultora Vuelta de Obligado que dice más o menos lo que el Presidente quiere escuchar: que la “casta” quedó expuesta y que el Gobierno ganó una primera batalla. Ese informe firmado por Gonzalo A. Juan arriesga además que el abrupto desenlace de la discusión parlamentaria "empieza a preparar el terreno para las elecciones legislativas del año que viene". "Es por eso que el gobierno pedirá el apoyo de la población para barrer a la casta, configurar un nuevo congreso y poder avanzar con el cambio", se adelanta Juan en su análisis, soslayando que de aquí a las elecciones lo que debe mostrar el Gobierno, más que si pudo “barrer” o no a “la casta”, son resultados en el plano económico: baja de la inflación, crecimiento de los salarios reales y preservación de las fuentes de trabajo. Son los motivos principales por los que Milei fue votado en el balotaje por casi 56% de los electores.

El Presidente no desconoce que es en el campo económico donde se juega la suerte de su gobierno. En Israel, donde estuvo esta semana, dijo ante empresarios que su espacio “llegará fortalecido a las urnas” si resulta exitoso en “la estabilización de corto plazo”. Es allí donde mueren las promesas de una Argentina potencia dentro de 45 años. Milei reconoce que no tiene ese tiempo. Entonces, las diatribas contra la “casta”, ahora encarnada en los gobernadores a los que acusa de frustrar la ‘Ley ómnibus’, no son más que juegos de pirotecnia que apuntala el gurú comunicacional Santiago Caputo, como separar a los diputados dialoguistas en “leales” y “traidores”. Son artificios para las redes sociales luego de fracasar estrepitosamente como negociador en la realpolitik.

La crisis política del gobierno de Milei está expuesta. No hay más responsable que el propio Ejecutivo cuando no consigue que le voten una ley. A nadie serio se le ocurrió culpar a la oposición cuando Máximo Kirchner hizo naufragar el presupuesto para el año 2022 de Alberto Fernández. Pero para Milei las culpas están en otro lado. Antes que una autocrítica prefiere el escrache y el disciplinamiento. Echó a los funcionarios que llegaron al Gabinete por acuerdos políticos con los gobernadores que ahora señala por el fracaso del paquete reformas. Dejó la secretaría de Minería Flavia Royon, quien había sobrevivido a la gestión de Sergio Massa (fue su secretaria de Energía) por un entendimiento entre Milei y el gobernador salteño, Gustavo Sáenz; también fue desplazado Osvaldo Giordano de la conducción de la ANSeS por la ruptura entre el Presidente y el cordobesismo de Juan Schiaretti y Martín Llaryora, este último el que más pugnó por obtener recursos en la negociación artículo por artículo. Los acusaron, dice un comunicado oficial, de no defender al Gobierno "del constante ataque de aquellos que pretenden sostener sus privilegios a costa del hambre del pueblo". Doble revés para Adorni -el vocero, no su hermano también funcionario- que horas antes había desmentido cualquier desplazamiento por “cuestiones políticas”. Los hubo y sus motivaciones no pudieron ser más políticas.

Los diputados que responden a esos gobernadores habían aprobado la ley en general, pero votado en particular en contra de unos incisos de las facultades delegadas. Para Miguel Pichetto la inflexibilidad del oficialismo era lo que atentaba contra el proyecto. “Parece que les encanta perder y se trata de ganar”, disparó durante el debate uno de los legisladores opositores que más quiso hacer para que la iniciativa oficial tuviera media sanción. Incluso más que los de La Libertad Avanza.

La quita de subsidios al transporte público para el interior del país es interpretada por los gobernadores como otra represalia. Protestó incluso el de Mendoza, Alfredo Cornejo, un radical que está más cerca de Milei que, por ejemplo, su correligionario Maximiliano Pullaro, al que el Presidente acusó, al igual que al cordobés Llaryora, de despilfarrar recursos públicos en recitales y en pagarles a periodistas para que hablen bien de ellos. Milei ya había advertido que de no aprobarse la ‘Ley ómnibus’ iba a haber un mayor ajuste de las cuentas públicas, en especial en las partidas discrecionales a las provincias. Lo había adelantado el ministro de Economía, Luis Caputo, aunque esta semana minimizó el revés en el Congreso al sostener que la deriva del proyecto no altera los planes fiscales. También adelantó que en el mes de enero habrá equilibrio financiero. O sea, que no habrá déficit. Se anticipó casi 15 días al reporte del INdEC. Rápidamente se leyó que el ministro quiso mandar una señal al mercado tras el traspié legislativo. Lo mismo habría hecho Milei cuando dijo en Israel que , de continuar por este sendero, podría levantarse el cepo cambiario en algún momento antes de mitad de año. Como en el FMI, los inversores están atentos a la viabilidad política de la experiencia libertaria. No alcanzaría sólo con enunciados.

Los infortunios del gobierno libertario también se reflejan en el acercamiento con el PRO. Milei ya admite que quiere formalizar una alianza. En el macrismo esto tiene una única lectura: falló el esquema inicial del Gobierno. Se dice que Mauricio Macri esperaba ese devenir, pero para más adelante. Cómo será eso que algunos llaman “fusión” es lo que está por verse. El exPresidente quiere figuras de su confianza en ministerios clave. Desde Roma, Milei manda a bajarle el tono a esa posibilidad. Pero está claro que el fracaso de la ‘Ley ómnibus’ obliga al libertario a ampliar su base de sustentación política. El PRO actuó como auxiliar sin fisuras de las necesidades del Gobierno: votó a libro cerrado el dictamen oficialista.

Hay otro elemento que expone la crisis de Milei. A pesar del fracaso de su proyecto de reformas en el Congreso, el Presidente no impulsaría una consulta popular sobre aquel texto, aunque la había prometido en ese caso. Hay encuestas que anticipan un desenlace incierto si se adoptara ese camino, abriendo un interrogante sobre la gobernabilidad futura. En esta columna se advirtió que un plebiscito pondría en la balanza todo el gobierno de Milei y no sólo una política determinada. Sería una suerte de elección de medio término anticipada, con el impacto que eso podría tener. El polítologo Cristian Buttié, director de CB Consultora, coincide con ese análisis y avizora un escenario algo hostil para Milei si quiere ir a las urnas antes de tiempo. "En nuestro último informe, la imagen de Milei cayó en todas las provincias. Por ende, hacer un plebiscito ahora tendría una fortaleza y una debilidad. La fortaleza es que usaría la dicotomía con el kirchnerismo para desviar la atención. La debilidad es que la tendencia de su imagen es negativa, por lo que no tiene garantizado un apoyo transversal, sólo el de su núcleo duro", le dijo Buttie a Urgente24.

La imagen de Milei podría seguir bajando. Mientras el Presidente pone en primer plano su pelea contra la “casta”, se le escapan, da la sensación, otros detalles. Con la quita de subsidios en el interior aumentarían las tarifas del transporte, que en algunos lugares se acercarían a los $1.000 el boleto de colectivo. Eso tendría un correlato en el humor social. Milei cree que ese costo político lo pagarán los gobernadores, pero tal vez pierda de vista que la opinión pública puede detectar rápidamente que ese golpe a su bolsillo es un efecto de una decisión de la Casa Rosada. Por otro lado, el Gobierno dejó de enviar fondos a los comedores comunitarios. Se trata de una competencia de la amiga presidencial Sandra Pettovello, a quien esta semana le plantaron cuadras de cola en la puerta de su ministerio como forma de protesta por parte de organizaciones sociales. La desidia oficial tuvo un eco en la Iglesia Católica, que reclamó la asistencia a los comedores. “La comida no puede ser una variable de ajuste”, postuló la Conferencia Episcopal, tras lo que Pettovello renovó un acuerdo con Cáritas. Se apresuró la ministra en cumplir: estará el lunes junto al Presidente ante el papa Francisco. Todos esperan ver qué cara pone el Sumo Pontífice argentino.

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