Durante casi un año, Iván Colmenares estuvo detenido en una de las cárceles más herméticas del régimen venezolano. Acusado de delitos que asegura nunca cometió, compartió encierro y tortura con decenas de extranjeros señalados como “terroristas”. Entre ellos, un argentino: el gendarme Nahuel Gallo, a quien en el penal todos llamaban Agustín.
HORROR
Golpes, gas pimienta y tortura psicológica: El infierno que vivió el gendarme argentino preso en Venezuela
Un compañero de celda del gendarme Nahuel Gallo contó el horror que viven detenidos. Golpes y tortura psicológica como moneda corriente.
El centro de detención es conocido como El Rodeo I, aunque hoy figura oficialmente como CESMAS, un establecimiento de máxima seguridad bajo control de los servicios de inteligencia. Allí, según Colmenares, la legalidad no existe y la vida cotidiana está marcada por el aislamiento, la violencia y la incertidumbre permanente.
El colombiano llegó al penal a fines de noviembre de 2024. Dos semanas después ingresó Gallo. “Lo pusieron en una celda cercana a la mía. Desde el principio se notaba que estaba completamente desorientado”, recordó en diálogo con TN.
Tortura psicológica por parte del régimen
Colmenares explicó que los detenidos eran sometidos a procesos irregulares desde el primer momento. “No hay abogados, no hay jueces reales. Te dicen que sos terrorista, te hacen firmar papeles bajo presión y quedás atrapado en un sistema que no tiene salida”, describió.
La angustia del gendarme por su hijo
Uno de los aspectos que más impactó al exdetenido fue el deterioro emocional del gendarme argentino. Según contó, Gallo hablaba casi a diario de su hijo y del tiempo que estaba perdiendo lejos de él.
“La angustia más grande era no poder comunicarse. No recordaba los números de teléfono y eso lo destruía. Saber que su familia no tenía noticias, que no sabían si estaba vivo, era una tortura constante”, relató Colmenares.
Durante meses, ninguno de los detenidos tuvo contacto con el exterior. “Pasamos alrededor de siete meses completamente incomunicados. Éramos personas borradas”, afirmó.
Golpes y castigos colectivos por parte del régimen de Venezuela
El relato también incluye graves denuncias sobre los métodos utilizados por los custodios y agentes de inteligencia. “En cada traslado nos encapuchaban, nos esposaban y nos golpeaban. Usaban gas lacrimógeno y gas pimienta dentro de las celdas como castigo”, detalló.
Según Colmenares, la lógica del encierro era clara: quebrar psicológicamente a los presos y utilizarlos como moneda de cambio.
“Éramos extranjeros secuestrados para negociar. No importaba si éramos culpables o no”, sostuvo.
El colombiano aseguró que en el penal hay detenidas personas de más de 35 países, todas bajo acusaciones similares. Aunque logró recuperar la libertad, dijo que su testimonio busca visibilizar lo que sigue ocurriendo dentro del sistema penitenciario venezolano.
“Lo que viven Nahuel y los demás no es una detención legal. Es desaparición forzada. No son terroristas, son inocentes”, concluyó, y pidió la intervención urgente de gobiernos y organismos internacionales.
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