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ÁCIDO ARGENTINO

Entre anarco-capitalistas no se pisan la motosierra

Milei y Thiel odian tanto al Estado que les encanta. Un mundo sin periodistas en Casa Rosada. ¿Pochoclos o Bart Simpson para Adorni en el Congreso?

“Yo quiero mi motosierra, afiladita, afiladita, afiladita”. Como si fuera Luca Prodan, Javier Milei podría dedicarle esa canción, casi una serenata, a su objeto fetiche. Símbolo del achique del Estado, la motosierra oficial reapareció con todo su esplendor en estos días para el agasajo en Casa Rosada a Peter Thiel, uno de los tecno empresarios más poderosos del mundo, que, como el Presidente, sueña con la reducción al mínimo de la intervención estatal, cuando no con su desaparición total.

Thiel, que co-fundó PayPal con Elon Musk, se autodefine como anarcocapitalista, un sayo que también se calza Milei. Pero las vueltas de la vida -y el voto popular- pusieron a Milei al frente de un Estado, mientras Thiel le vende los servicios de big data e inteligencia artificial de su emporio, Palantir, a distintas agencias gubernamentales de USA, como la CIA y el FBI. Son suculentos contratos pagados con dinero de los contribuyentes, al mismo tiempo que Thiel se pone al frente de una campaña para evitar que les cobren más impuestos a súper ricos como él.

Ninguno le señalará las contradicciones al otro, porque entre anarco-capitalistas no se pisan la motosierra.

PETER THIEL
Peter Thiel. 

Peter Thiel.

Un mundo sin periodistas

Ningún periodista acreditado de la Casa Rosada pudo acercarse a Thiel… porque, en realidad, ninguno se pudo acercar a la Casa Rosada. Ese mismo día el Gobierno dispuso cerrar la Sala de Prensa y sin plazo previsto. Nunca visto.

¿El motivo? Un supuesto espionaje realizado mediante filmaciones clandestinas dentro del palacio para un informe del canal TN del que nadie se enteró hasta que todos los acreditados quedaron agolpados dentro de un bar aledaño como si fueran vaquitas en un camión jaula. Aunque dijeron más que “mu”.

Aunque insólita por su nivel de autoritarismo, la medida no desentonó cuando no pasa un día sin que el Presidente derroche su antipatía porque los periodistas no dicen lo que él quiere escuchar. Si fuera por Milei, hay que creer que la prensa hace tantas operaciones como el Hospital de Clínicas.

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Sin acceso a la Rosada, los acreditados se la rebuscaron en un café cercano. 

Sin acceso a la Rosada, los acreditados se la rebuscaron en un café cercano.

No hay remate

Milei culpa al periodismo de llenarle la cabeza al público a un punto tal que derrumba el Índice de Confianza al Consumidor que hace la Universidad Di Tella y acumuló 3 meses de saldo negativo. Pero el problema es el deterioro de las expectativas en una economía que viene más que fría, como lo mostró el INdEC respecto de la actividad. Milei y ‘Toto’ Caputo explican el resultado con que febrero tuvo menos días hábiles. La declaración exime al autor de tener que buscar un remate.

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Por suerte, Adorni no es Roberto Carlos

Sin periodistas alrededor, Manuel Adorni podrá caminar tranquilo por la Casa Rosada. El jefe de Gabinete tuvo un alivió cuando la justicia dijo que no hubo delito en la inclusión de su esposa en la comitiva presidencial que fue a Nueva York. Pero el resto sigue. Ahora el amigo que le vendió departamento en el que vive reveló en tribunales que Adorni le debe US$65 mil en negro por la operación. Hasta aquí, los 3 amigos del funcionario -incluidos Marcelo Grandio y la escribana Nechevenko- no lo han dejado bien parado.

Menos mal que Adorni no tiene el millón de amigos que pretendía Roberto Carlos, si no, vaya a saber uno en qué otros líos lo podrían meter.

¿Pochoclos o Bart Simpson?

Adorni irá el miércoles a la Cámara de Diputados a dar su primer informe de gestión. Milei confirmó que lo acompañará. Si el Presidente convirtió en una batalla campal su propio discurso ante la Asamblea Legislativa, ¿dejará de hacer lo mismo desde una tribuna del recinto cuando la cosa se ponga picante?

Martín Menem recomienda comprar pocholos. Bart Simpson sugeriría preparar los cachetes para el bochorno.

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