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¿Y LOS IMPUESTOS?

Ley de Etiquetado Frontal y la "maravilla" que nos venden

"Esta ley de Etiquetado frontal no es lo maravillosa que intentan hacernos creer", dijo la experta, que advierte que los impuestos "favorecen a los malos".

Según la experta, el objetivo final, que es cuidar la salud de la población advirtiendo al consumidor sobre el exceso de sodio, grasas y azúcares en alimentos ultraprocesados, será muy difícil de lograr.

"Si la ley, que ya de por sí tiene varias falencias, no es acompañada por una fuerte campaña de educación desde la niñez sobre las ventajas de comer sano, los casos de sobrepeso, obesidad y otras enfermedades metabólicas no se detendrán e incluso seguirán aumentando", opinó la especialista en nutrición, Analía Lofrano.

De acuerdo a las últimas estadísticas oficiales, 6 de cada 10 argentinos presenta algún tipo de enfermedad vinculada a la mala alimentación. De acuerdo a las últimas estadísticas oficiales, 6 de cada 10 argentinos presenta algún tipo de enfermedad vinculada a la mala alimentación.

"No está mal que se legisle sobre el tema, pero esta ley no es lo maravillosa que intentan hacernos creer. Tiene muchos grises y está comprobado que ninguno de los países que utilizan el sistema que se quiere implementar aquí logró reducir el impacto perjudicial de los alimentos ultraprocesados. Creo que en Argentina, por las costumbres alimenticias que existen, tampoco se logrará", añadió Analía Lofrano.

Según una estadística de 2015, la Argentina está en tercer lugar entre los países de Latinoamérica con mayor cantidad de ventas de ultraprocesados per cápita anuales. Según una estadística de 2015, la Argentina está en tercer lugar entre los países de Latinoamérica con mayor cantidad de ventas de ultraprocesados per cápita anuales.

El proyecto persigue la obligatoriedad de rotular, de forma clara y explícita, los alimentos y bebidas para consumo humano informando acerca de nutrientes críticos y guiando al consumidor hacia opciones de compras más saludables.

El método propuesto es una etiqueta en forma de octágono negro, visible en el packaging del alimento o bebida a consumir, que informe sobre los excesos en grasas saturadas, grasas trans, azucares, que contiene.

El sistema que se quiere implementar se denomina Nova y nació en 2010 en Brasil. Esta investigación que realizó una universidad de allí clasifica en 4 categorías los alimentos: sin ningún tipo de procesamiento; con procesamiento mínimo; más procesados o ultraprocesados, que son los que tienen más de 5 ingredientes en su presentación.

Este sistema clasifica los alimentos y los distintos tipos de alimentación según la naturaleza, finalidad y grado de procesamiento industrial, en lugar de clasificarlos en términos de nutrientes y tipos de alimentos.

"Si vas a un supermercado y tenés dos manzanas envueltas en un nylon film, eso ya es un alimento mínimamente procesado. Las manzanas, que por sí solas serían categoría 1 (sin procesar), según el sistema Nova pasarían a ser categoría 2 por estar empaquetadas. Y así, algo saludable como una manzana, estaría en el mismo rango que otro que sí está procesado, por ejemplo, que un alimento que tenga leche, azúcar y fermento lácteo, que vendría a ser un yogur".

Según la bahiense Analía Lofrano, varios países europeos utilizan el sistema Nutri-Score, que es un semáforo de advertencias que va de A a E, con un color determinado cada uno.

Nutri-Score, el etiquetado frontal de la polémica.
Al hablar sobre la ley de Etiquetado Frontal, Analía Lofrano se refirió también al sistema Nutri-Score, que utilizan varios países europeos.

Al hablar sobre la ley de Etiquetado Frontal, Analía Lofrano se refirió también al sistema Nutri-Score, que utilizan varios países europeos.

"La A es un alimento recomendable y la E un alimento que tiene bastante procesamiento. El empaquetado debe llevar el color correspondiente, lo que le permite a la gente identificarlo más rápidamente". Y añadió que en "compras rápidas (...) casi nadie advierte el componente nutricional de cada cosa que compra. En ese tipo de compras, una paleta de colores puede ser mucho más efectiva para la elección".

Sin embargo, en ambos sistemas, suceden que: "Hay aceites de oliva identificados como categoría D, color naranja, casi rojo. ¿Desde cuándo un alimento sumamente importante que se incluye en cualquier dieta que uno escucha realizada por profesionales no es aconsejable consumir? Todos los métodos de etiquetados van a tener inconvenientes y habrá muchas quejas de los productores, porque esas situaciones van a cambiar las ventas".

"En el etiquetado frontal de octógonos negros, manteca, azúcar de mesa y sal no califican como alimentos para aplicar en el perfil nutricional, tal como lo plantea la OPS (Organización Panamericana de la Salud). La sal, como todos sabemos, tiene mucho contenido de sodio. Y mucha gente no lo sabe. Y el empaquetado no lo va a decir", explicó Analía Lofrano en diálogo con 'La Nueva' de Bahía Blanca.

Otra falencia del sistema "Octógono Negro" es que todo alimento de producción artesanal y que sea empaquetado frente al comprador, no lleva advertencia, y de ahí que "cualquier casa de hamburguesas de la ciudad, nacional o internacional nos vende la triple hamburguesa con queso cheddar, mayonesa, con mucha grasa y aceite y poca fibra, y nadie nos va a advertir de los riesgos de consumirla. Porque es un alimento cocinado en el momento. De esos ejemplos hay varios. En contrapartida, habrá alimentos recomendables por su valor nutricional, como puede ser una almendra bañada en chocolate, que tendrá carteles que desalentarán su consumo".

Según Analía Lofrano, uno de los mayores problemas de la ley que se analiza en estos momentos en Diputados es una copia textual de lo que plantea la Organización Panamericana de la Salud, sin ningún tipo de objeción.

"En Chile ya está legislado. Estadísticamente no se registraron bajas en los casos de sobrepeso u obesidad, sólo hubo un cambio en la industria alimenticia, que dejó de elaborar ciertas cosas y mutaron a otras, pero no hubo un impacto en la salud. Aún así, previamente, le hicieron modificaciones puntuales a lo planteado por OPS y aquellos que venden alimentos cocinados, por ejemplo en restaurantes, deben realizar algún tipo de advertencia", contó.

"Aquí debería suceder lo mismo. De algún modo hay que lograr advertirle a la gente lo que contienen esos alimentos. Se pueden confeccionar códigos QR, que es muy usado por la gente actualmente, en las casas de venta de alimentos al público. O en las cajas de las hamburguesas. Yo creo que ese es un problema que no puede ser pasado por alto y hay que buscarle una solución", añadió.

Otra cuestión que influirá en la elección de los alimentos serán los precios. Y en ese aspecto, Analía Lofrano sugiere que tributen distinto: " Los alimentos ultraprocesados, por estar industrializados, son bastante más baratos que los naturales. En ese sentido, quizás la clave sea aumentar los impuestos de esos alimentos que ya sabemos que no son buenos para la salud y reducir los que están comprobados que impactan saludablemente. No pueden estar gravados de la misma manera, porque estamos favoreciendo a los malos, que encima suelen tener mucha más publicidad que los buenos".

Finalmente, concluyó que "antes que nada, esto es mejor, pero dudo que funcione. Va a ser un simple cartel de advertencia, que no va a inclinar la balanza en definitiva, porque la gente compra lo que le da el bolsillo".

¿Hay esperanza? Según Analía Lofrano, solo estaría en "la educación": "T enemos una herramienta poderosísima que son las escuelas. Y se debe comenzar con los niños más pequeños. Si no se logra un cambio de costumbres, esto no va a cambiar así le pongamos un cartel gigante a cada alimento. Hay que enseñar a comer mejor y a lo vital que es ejercitarse. Caso contrario, la obesidad, la diabetes, la hipertensión y todas las demás enfermedades metabóbolicas van a seguir creciendo estadísticamente".

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