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EL ESTALLIDO MÁS CERCA

Impericia de Claudio Vidal profundiza la crisis en Santa Cruz

Las expectativas se agotan en la Provincia de Santa Cruz, consecuencia de la impericia del gobernador Claudio Vidal, un aliado de Javier Milei.

Claudio Vidal, gobernador de la Provincia de Santa Cruz, integró el Grupo de 11 que hizo de escuderos de Javier Milei en la Casa de Tucumán. Vidal es quien más kilómetros tuvo que recorrer para llegar al evento fotogénico.

Sus otros colegas fueron el anfitrión, Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca), Leandro Zdero (Chaco), Ignacio Torres (Chubut), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Carlos Sadir (Jujuy), Alfredo Cornejo (Mendoza), Rolando Figueroa (Neuquén), Gustavo Sáenz (Salta) y Marcelo Orrego (San Juan).

Ni Vidal ni el resto de los aliados de Milei le preguntó acerca de la mayor contradicción del hermano de Karina Milei: él dijo que era "momento de hacer una renovación de nuestros votos y hacer una renovación del Pacto de Mayo", pero nunca explicó por qué motivo él no cumplió con el Pacto de Mayo que pretenderia renovar.

Vidal -ni los otros- preguntaron el alcance del significado de la promesa de "un federalismo genuino, verdadero e independiente del poder nacional", que no se circunscriba a darle los votos para la Reforma Electoral que necesitan los Milei para que, según se dice, Patricia Bullrich no les compita -y quizás les gane- en una PASO.

En ese momento, en Río Gallegos, capital de Santa Cruz, ocurría un desatino gigantesco promovido por Vidal.

Una reunión de la Sala Acusadora y Juzgadora de la legislatura provincial, para tratar la situación de juicio político a los vocales K, Alicia de los Ángeles Mercau, Paula E. Ludueña Campos, Reneé Guadalupe Fernández y Fernando Miguel Basanta, fue suspendida 1 hora y media antes de comenzar porque Vidal no había conseguido la mayoría necesaria y fracasaría su propósito de futuro juicio político (a Vidal le daba para jefe del Sindicato de Petroleros y Gas Privado pero para la Gobernación es tan ineficiente como lo sería Máximo Kirchner).

El contexto es importante para introducir la columna de Andrea Schultz, desde Río Gallegos:

Javier Milei y 11 gobernadores en la vigilia del Día de la Independencia en Tucumán en la Casa Histórica.  

Javier Milei y 11 gobernadores en la vigilia del Día de la Independencia en Tucumán en la Casa Histórica.

El tiempo político se agota, la crisis se profundiza

La crisis económica dejó de ser un problema coyuntural en Santa Cruz para convertirse en el principal condicionante de la política.

Con una recaudación presionada, conflictos salariales abiertos y una economía que no logra recomponer dinamismo, el Gobierno provincial enfrenta algo más profundo que la administración de la emergencia: el desgaste acelerado de su capital político. El escenario ya no admite lecturas livianas.

Santa Cruz arrastra un modelo histórico fuertemente dependiente del Estado.

El empleo público como eje del funcionamiento económico, una actividad privada débil y una matriz productiva atada a recursos extractivos y transferencias nacionales configuraron durante décadas un esquema que hoy muestra límites estructurales evidentes. Ese modelo no colapsó de un día para el otro, pero su inercia condiciona cualquier intento de transformación.

El Gobierno de Claudio Vidal llegó con un mandato claro de cambio. Alternancia política después de décadas, promesa de ordenamiento del Estado y expectativa de reactivación económica.

Ese capital inicial fue significativo, pero en política el capital no se conserva: se consume. Y se consume rápido cuando los resultados no aparecen.

La caída de la actividad económica nacional impactó de lleno en las cuentas provinciales.

La capacidad de respuesta fiscal se redujo y el margen para atender demandas salariales y sociales se volvió cada vez más estrecho.

Claudio Vidal en foto de cuando amenazó con rebeldía y "no acompañar ningún tipo de ley de bases" y que "tampoco va a haber Pacto de Mayo".

Claudio Vidal en foto de cuando amenazó con rebeldía y "no acompañar ningún tipo de ley de bases" y que "tampoco va a haber Pacto de Mayo".

Limitaciones

El propio Gobierno reconoce restricciones estructurales y la necesidad de nuevas herramientas de financiamiento para sostener la gestión, la obra pública y la inversión.

En paralelo, los conflictos salariales volvieron a ocupar el centro de la escena. No como episodios aislados, sino como un síntoma persistente: pérdida de poder adquisitivo, recomposición insuficiente y una tensión creciente sobre un Estado que ya opera con recursos limitados.

Pero el problema de fondo no es contable. Es político. Las crisis económicas pueden administrarse. Las crisis de confianza no. Y Santa Cruz empezó a entrar en ese terreno.

La discusión ya no pasa solamente por la herencia recibida. Pasa por la capacidad de mostrar resultados, por la velocidad de las respuestas y por la existencia —o no— de un rumbo visible.

Cuando la gestión queda absorbida por la urgencia, la política pierde iniciativa. Deja de ordenar la agenda y pasa a reaccionar frente a ella.

El Gobierno administra conflictos en simultáneo, negocia bajo presión y sostiene frentes abiertos sin capacidad de cierre definitivo. Ese desgaste no es inmediato, pero es acumulativo. Y en política, lo acumulativo define los ciclos.

El sector privado observa ese mismo proceso con otra lógica, pero con la misma conclusión: sin previsibilidad no hay inversión, sin inversión no hay crecimiento, y sin crecimiento la economía queda atrapada en la inercia.

Santa Cruz tiene recursos, pero el problema ya no es su existencia: es su capacidad de transformación en actividad concreta. El problema central es la falta de certidumbre.

Los gobiernos no comienzan a debilitarse cuando aparecen las primeras dificultades. Comienzan a debilitarse cuando la sociedad deja de percibir que existe un rumbo. Ese es el punto de inflexión.

Claudio Vidal y Diego Santilli.

Claudio Vidal y Diego Santilli.

La variable crítica

En política, el tiempo no es neutro. Es poder. Y también es desgaste.

Santa Cruz transita un escenario donde el tiempo empieza a jugar en contra. No por una crisis nueva, sino por la persistencia de las dificultades y la dificultad para transformarlas en resultados visibles.

La diferencia entre administrar y gobernar se vuelve decisiva: administrar es contener el conflicto; gobernar es construir dirección política. Esa distancia empieza a definir el ciclo de gestión.

Cada decisión adquiere un peso político inmediato. Las negociaciones salariales, la relación con el sector productivo, la inversión pública y la capacidad de atraer capital dejan de ser hechos administrativos para convertirse en señales políticas.

  • Señales que el mercado interpreta.
  • Señales que la sociedad traduce.
  • Señales que construyen o erosionan confianza.

Y la confianza no se sostiene en el discurso. Se sostiene en resultados.

Santa Cruz tiene una estructura económica sensible a cualquier desequilibrio fiscal o político. Eso hace que la gestión requiera no solo administración, sino conducción política clara.

Sin previsibilidad, el margen de maniobra se reduce en todos los frentes.

El desafío ya no es estabilizar variables. Es reconstruir expectativas. Cuando las expectativas se deterioran, la política pierde capacidad de conducción.

La agenda deja de proyectarse hacia adelante y se concentra en la urgencia. Y en ese punto, la gobernabilidad deja de ser un dato y pasa a ser una construcción diaria. No hay crisis que se resuelva sin tiempo. Pero tampoco hay gestión que sobreviva únicamente con tiempo.

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