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¿ESCALADA?

Del Santuario a CFK a la marcha para acorralar a opositores

La casa de CFK en Recoleta intentó ser un santuario para presionar a la Justicia, pero resintió a su seguridad personal. Las marchas y la presión a opositores.

El departamento de Cristina Kirchner en el barrio porteño de Recoleta se convirtió en un lugar de peregrinación para los militantes kirchneristas desde que la vicepresidenta empezó a denunciar una presunta persecución judicial e intento de proscripción.

La victimización de CFK desde que se conoció el pedido de condena de 12 años de prisión del fiscal Diego Luciani le permitió encolumnar detrás de ella al Gobierno nacional y al peronismo.

El santuario

Mientras se solidificaba el apoyo político y sindical peronista y de las organizaciones sociales afines al oficialismo, Cristina incentivó las concentraciones frente a su casa, que pretendieron construir una suerte de santuario contra la Justicia.

Pero además del mensaje simbólico al Poder Judicial, las marchas y manifestaciones a su casa también le sirvieron para confrontar con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, uno de los principales candidatos a presidente de la oposición.

CFK elevó el tono de la confrontación con Juntos por el Cambio cuando en el Senado de la Nación juntó a todos los legisladores oficialistas y les planteó revisar la autonomía de la Ciudad de Buenos aires, un territorio hostil electoralmente al peronismo y especialmente al kirchnerismo.

Todo eso ocurrió después del episodio de las vallas que instaló la Ciudad en las inmediaciones de la casa de Cristina y que terminaron en previsibles incidentes con la militancia K.

Así, Cristina pudo unir, una vez más, a la Justicia que no le responde con la oposición y los medios de comunicación no oficialistas en su teoría del lawfare, con el aditamento extra del electorado porteño refractario al peronismo.

La seguridad

Desde el episodio de las vallas, la expresidenta había tomado por costumbre saludar a los militantes agolpados sobre la vereda del edificio donde vive cada vez que salía y entraba de él, manteniendo fresco el recuerdo de los escraches iniciales de vecinos opositores y la ‘represión de la policía de Larreta’ a sus simpatizantes, incluido su hijo Máximo.

Pero el ritual del saludo a los militantes se mantenía principalmente como un mensaje a la Justicia y después del fracaso de intentar una movilización popular apartidaria en todo el país, por parte de la población. Solo hubo concentraciones en el interior por parte de dirigentes políticos y sectores kirchneristas. La CGT no marchó, el resto del peronismo tampoco y hubo poco de parte de las organizaciones sociales.

El ‘santuario’ de Recoleta se mantuvo como lugar de peregrinación de cada vez menos militantes, que se acercaban a que CFK les firme su libro “Sinceramente”. Mientras tanto, se resentía su seguridad personal, reducida a sus custodios de siempre y con poca presencia de la Policía Federal que se hizo cargo de protegerla después de los incidentes por las vallas.

El Santuario fue un error político: no logró levantar al pueblo a favor de Cristina y eso quedó en evidencia, ni cambiar el devenir de la causa Vialidad. Tampoco habría cambiado la percepción de la sociedad sobre la vicepresidenta, y varias encuestas mostraron un rechazo mayoritario persistente a su persona. Ese error político también fue un error en la seguridad personal de ella.

Antecedente

El día anterior al atentado la policía había detenido a un joven que repartía comida en bicicleta y que, tras insultar a Cristina, sacó una llave de un bolso e intentó golpear a los manifestantes. Terminó lastimando a un efectivo policial y fue detenido.

Luego ocurrió lo ya conocido por todos: el hombre que gatilla un arma frente a la cara de CFK ante la inacción de los custodios y la ausencia policial, siendo detenido gracias a la ayuda de los militantes que forcejearon con él.

Tras el hecho, otra convocatoria a marchas y movilizaciones masivas, ahora con la consigna válida de la solidaridad con CFK y el repudio al atentado.

Presión a opositores

Pero las manifestaciones de hoy empezaron desde anoche a contener un condimento peligroso: la presión y la condena –que ya comenzaron a relizar dirigentes y medios de comunicación kirchneristas- sobre todos aquellos a quienes Cristina percibe como opositores como si todos los que no opinan como ella fueran sospechosos o cómplices del atentado.

Algunos mensajes en ese tono ya los dejaron, por ejemplo, Hebe de Bonafini en Somos Radio AM 530: "La respuesta es ir a la plaza". "Tiene que haber una pueblada".

El periodista militante Víctor Hugo Morales preguntó: "¿El arma la sostenía Sabag Montiel o Bullrich, Macri y Carrió con los discursos de odio?".

Hugo Moyano adelantó que la CGT se suma a la marcha en Plaza de Mayo contra los “generadores de odio”.

Santiago Cafiero sostuvo que “naturalizamos la violencia simbólica, naturalizamos que se coloquen bolsas mortuarias en marchas. Me parece que se fue sembrando odio y sembrar odio cosecha odiadores.

Y Gabriela Cerruti sumó a periodismo cuando afirmó que "a Cristina Kirchner la pusieron como blanco en los medios".

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