El kirchnerismo tiene un nuevo leitmotiv. O, mejor dicho, uno reciclado. En su última carta, Cristina Kirchner instó al peronismo a construir "un programa de gobierno que vuelva a enamorar a los argentinos y las argentinas". Se trata de una idea que ya había planteado en alguna aparición anterior. Incluso su hijo, Máximo Kirchner, lo esbozó previamente, como adelanto del norte al que ahora señala la fuerza que cumple 20 años en la escena política nacional.
2023 ELECTORAL
Cristina empuja un leitmotiv reciclado y con limitaciones
El nuevo discurso de CFK antepone ejes programáticos a los candidatos. Pero el elector priorizaría liderazgos antes que las promesas de campaña.
En este planteo, los ejes programáticos se vuelven más importantes que quienes vayan a representarlos en las elecciones. "El programa es el candidato" como refrito del "El candidato es el proyecto" de que 2015, cuando se frustró el plan "Cristina eterna" que obligó al kirchnerismo a aceptar a Daniel Scioli como su candidato. La única forma de movilizar a la militancia era crear cierta mística alrededor de la oferta electoral de aquellos años. Resultó insuficiente y el kirchnerismo fue derrotado.
Es que en realidad, la ponderación de un plan de gobierno como nuevo tótem K pretende subsanar el vacío de liderazgo en el peronismo que deja la renuncia de CFK a competir en las elecciones, lo que quedó ratificado con el último ejercicio epistolar de la Vicepresidente.
En un 2do orden, priorizar un plan de gobierno también buscaría evitar que se repita una falla de origen en el Frente de Todos: haber hecho un acuerdo para ganar las elecciones pero no para gobernar. Una crítica que ha surgido dentro del mismo kirchnerismo es que se haya construido un dispositivo que fue exitoso para derrotar a Mauricio Macri pero no así un conjunto de políticas necesarias para gestionar.
Pero, de todos modos, lo que parece esconderse detrás del pedido de un programa de gobierno "que enamore" es el déficit de un candidato que justamente cumpla ese requisito. Cristina es la dirigente con más intención de voto del peronismo, pero encuentra un límite fuera de él, lo que la volvería inviable en un balotaje. Por eso se baja, por más argumentos alternativos que sostenga.
Por otro lado, la preferencia por lo programático antes que por los nombres también parece requerir de algún tipo de horizontalidad que es ajena al peronismo. Para muestra un botón: la carta de CFK borró de un plumazo cualquier interés respecto del Congreso del PJ que se celebraba por esas horas. La líder por encima de lo institucional, cuando lo programático tiene ese rasgo.
En ese marco, ¿puede una programa de gobierno ser más potente que el candidato?
Es una constante entre los analistas políticos la idea de que el elector no vota programas sino liderazgos. Es decir, no vota promesas de campaña, sino a quien las promueve. Evalúa su capacidad. El caso de Javier Milei es un ejemplo contundente. El candidato libertario se constituyó como una de las opciones preferidas merced a su personalidad avasallante y rupturista antes que por sus ideas sobre el libre mercado. Milei seduce más con su desafío a "la casta" que con su propuesta de dolarización de la economía.
En Juntos por el Cambio se da otro ejemplo. El crecimiento de Patricia Bullrich se produjo por la percepción de su capacidad de conducción antes que por sus propuestas. Pero, al mismo tiempo, la falta de un líder definido dentro del espacio opositor ha generado la imagen de un caos dentro de él que ha erosionado parte de su caudal electoral y de la comodidad que este representaba.
Estos elementos ponen en crisis el leitmotiv del kirchnerismo del "programa que enamore" soslayando la oferta electoral.
En una reciente artículo publicado en el portal El cohete a la luna, que dirige Horacio Verbitsky y Cristina Kirchner suele recomendar, el columnista militante Sebastián Fernández -conocido en Twitter como Rinconet- sostuvo que en la Argentina "la ciudadanía no suele votar acuerdos programáticos sino liderazgos políticos".
"El pueblo votó a Juan Domingo Perón por lo que hizo desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, y apoyó a Néstor no por sus promesas de campaña, que hoy nadie recuerda, sino por su ejercicio pleno e impaciente del poder. Lo mismo ocurrió con Cristina, que no prometió ni la Asignación Universal por Hijo, ni el fin de las AFJP, ni tampoco la expropiación de YPF, decisiones que fueron sin embargo hitos de sus gobiernos. A Vidal no la vuelven a elegir, no por lo que prometió –recordar el “no vas a perder nada de lo que ya tenés”– sino por lo que ocurrió en la provincia de Buenos Aires bajo su gobierno, como el aumento del stock de deuda en moneda extranjera (69% según un estudio de la UNDAV), el abandono de hospitales listos para ser inaugurados o el cierre de 8.900 empresas", se explayó en una nota referida al pedido de la Vice.
Y concluye, parafraseando a Alberto Fernández, “sin acuerdos programáticos no se puede, con acuerdos programáticos no alcanza".
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