Por Anne Marie Merger
Operación Irak: La verdadera historia
La oposición política al régimen de Saddam Hussein es numerosa –70 partidos y organizaciones–, pero se encuentra dividida. Más aún: vive en el exilio y está sujeta a las presiones e intereses de varios gobiernos. Washington DC, además, enfrenta una paradoja: los partidos y grupos políticos a los que apoya no tienen representación ni peso interno en ese país; los que sí tienen esas virtudes son contrarios a la política estadunidense.
PARÍS. Convencidos del carácter ineludible de la guerra que se prepara contra su país, socavados por antagonismos ideológicos, étnicos o religiosos, exiliados, sometidos a presiones de los países vecinos —Irán, Turquía, Egipto, Siria, Jordania o Arabia Saudita—, temidos, despreciados o manipulados por USA, los iraquíes que se oponen a Saddam Hussein están en una situación sumamente difícil.
Según el investigador Pierre-Jean Luizard, autor de La cuestión iraquí, libro publicado la semana pasada en Francia, varios factores explican esa extrema fragmentación.
En primer lugar, la complejidad misma de la sociedad iraquí integrada por tres componentes principales: los árabes (sunitas), que representan 23% de la población; los chiitas, casi 55%, y los kurdos, 25%.
Convencidos del carácter ineludible de la guerra que se prepara contra su país, socavados por antagonismos ideológicos, étnicos o religiosos, exiliados, sometidos a presiones de los países vecinos —Irán, Turquía, Egipto, Siria, Jordania o Arabia Saudita—, temidos, despreciados o manipulados por USA, los iraquíes que se oponen a Saddam Hussein están en una situación sumamente difícil.
El 25 de abril de 1920, la Sociedad de las Naciones otorgó a Gran Bretaña un mandato sobre Irak. Para poder controlar a ese país, cuya mayoría chiita combatía la colonización británica, los ingleses se apoyaron en los sunitas. Desde entonces, el monopolio del poder en Irak sigue en manos de clanes sunitas. Saddam Hussein llevó esa situación hasta el extremo, ya que su dictadura se basa esencialmente sobre su clan familiar, el de los Takriti.
También en 1920, después del desmembramiento del imperio otomano, las Fuerzas Aliadas, victoriosas de la Primera Guerra Mundial, por una parte, y Turquía, por otra, se comprometieron a crear un Kurdistán independiente. El acuerdo se incluyó en el Tratado de Sèvres, firmado el 10 de agosto de ese año.
Tres años más tarde, el acuerdo cayó en el olvido. Mustafa Kemal, nuevo líder turco, se apoderó de parte del futuro Kurdistán independiente, mientras que Gran Bretaña hacía lo mismo con la otra parte. El motivo, las riquezas petroleras de esa región.
El Tratado de Lausana, firmado en 1923, oficializó esa partición del Kurdistán. Fue así como nació el problema kurdo, que hoy sigue pendiente, y se agudizó la complejidad de la sociedad iraquí.
El segundo factor de disgregación de la oposición iraquí es la represión que ejercieron en su contra los distintos gobiernos que se sucedieron en el país, pero sobre todo la del tandem Ahmad Hasan al-Bakr —Saddam Hussein, que tomó el poder en 1968, y la de Saddam solo, desde 1979, precisa Luizard.
Se usaron todos los medios para combatir a la oposición: segregación sistemática, asesinato de líderes, deportaciones masivas de poblaciones chiitas y kurdas, uso de gases químicos contra los kurdos (1988).
La insurrección
En marzo de 1991 —recuerda Luizard—, después de la derrota militar de Hussein en la Guerra del Golfo, la población iraquí, estimulada por la coalición internacional encabezada por USA, se insurreccionó.
Fue impresionante: 14 de las 18 provincias del país escaparon parcial o totalmente al control del poder. En las provincias chiitas esa insurrección, que tenía un corte islámico, fue masiva, pero carecía de dirección. En cambio, en el norte, en las zonas kurdas estaba muy bien estructurada bajo la dirección del Frente de Kurdistán.
Todo acabó en una matanza. Sorpresivamente, Washington DC autorizó que Hussein, vencido y arrodillado, empleara sus helicópteros y la Guardia Nacional contra los amotinados. Decenas de miles de chiitas murieron en esa represión. Aterrados, 2 millones de kurdos huyeron hacia Turquía e Irán. Ante la amplitud del éxodo, la ONU creó una zona de seguridad en la mayoría de las zonas kurdas, protegiéndolas, hasta hoy, de las incursiones terrestres y aéreas de las Fuerzas Armadas iraquíes.
Era evidente que a Washington no le convenía una victoria de los insurrectos, enfatiza Luizard. Las múltiples divisiones de la oposición, las firmes convicciones antioccidentales de la mayoría y el miedo al caos general que hubiera podido provocar en Irak la caída del régimen de Hussein horrorizaron a Washington.
Agrega: "Después del aniquilamiento de 1991 y la desaparición total de la sociedad iraquí del escenario político, la oposición fue condenada al exilio y pronto se vio envuelta en intereses ajenos. Cada uno de los países vecinos de Irak que hospeda a los exiliados lo hace con múltiples segundas intenciones. Quienes más destacan en ese juego son los iraníes (...) La desaparición de la sociedad iraquí y el éxodo de los líderes aceleraron la desintegración de la oposición. Actualmente, Irak es una carta clave en un juego político regional e internacional, del que está excluido el pueblo iraquí."
La fragmentación
Entre los 70 grupos opositores a Hussein, muchos son grupúsculos aglutinados alrededor de un personaje: un antiguo mando militar o algún político. Cada mes surgen nuevos grupos. El Consejo Militar fue fundado, hace poco, en Londres por el general Taufik al-Yasiri, que dirigía la Escuela Militar de Bagdad. Patrocinado por USA, está integrado por 70 exoficiales iraquíes.
Washington hace mucha publicidad al Consejo Nacional Iraquí (CNI), presentado por la prensa estadunidense como uno de los principales componentes de la oposición a Hussein. El CNI, cuya sede está en Londres también, fue fundado en 1992 durante la Conferencia de Viena, en la que participaron 200 representantes de casi todo el espectro de la oposición. En su origen se trataba de un frente amplio, pero muy pronto fue manipulado por USA, por lo cual los partidos y movimientos políticos y religiosos opuestos a toda colaboración con Washington lo abandonaron.
Según Luizard, hoy el CNI es una concha vacía exhibida, sobre todo, por la CIA, que le otorga fondos para crear la ilusión de un apoyo estadunidense a la oposición iraquí. En Washington todos saben que el CNI no tiene bases en Irak. Su líder, Ahmad Chalabi, salió del país en 1956 cuando tenía siete años de edad. Pertenece a una riquísima familia chiita de comerciantes, pero como político es un total desconocido. En 1980, ocurrió la sospechosa bancarrota del banco Petra, que Chalabi dirigía en Jordania. Fueron defraudados miles de ahorradores jordanos y libaneses, lo que le causó serios problemas con la justicia de ese país.
El Acuerdo Nacional Iraquí es otra organización mimada por el Departamento de Estado y la CIA. Nació en 1992 a raíz de una escisión del Movimiento del Acuerdo Nacional Iraquí, fundado en 1991 en Arabia Saudita por antiguos funcionarios del régimen de Bagdad, e integrado, entre otros, por exmiembros del Ejército o de los servicios de seguridad de Hussein.
Una parte del Movimiento del Acuerdo Nacional Iraquí se fue con Salah Umar al-Ali, sunita, y creó una nueva organización: la Reagrupación Democrática Iraquí del Acuerdo, muy crítica con Occidente y los bombardeos estadunidenses e ingleses contra Irak. Está en la lista negra de Washington.
La otra parte encabezada por Ayad Allawi, chiita, fundó el Acuerdo Nacional Iraquí, que colabora con USA. Según informaciones de la prensa estadunidense, Bill Clinton le otorgó US$ 6 millones y la CIA la usó como cobertura en un extraño complot para derrocar a Hussein, que acabó en un baño de sangre en 1996.
Infiltrado por agentes del régimen, el Acuerdo Nacional Iraquí, que supervisó ese golpe misterioso, asistió impotente a la detención y la ejecución de 100 de sus integrantes.
Los líderes de la Reagrupación Democrática Iraquí y del Acuerdo Nacional Iraquí viven en Londres, al igual que el jeque Ali Bin al-Husein al- Hashimi, heredero del trono de Irak, primo del actual monarca de Jordania y de Faysal II, el último rey de Irak, asesinado con casi toda su familia en 1958, cuando un grupo de oficiales libres acabaron con la monarquía hachemita reinstalada por Gran Bretaña.
Ali Bin al-Husein al-Hashimi encabeza el Movimiento Monárquico Constitucional, resucitado en 1993 con el beneplácito de los países occidentales. ¿Jugará el mismo papel que el rey Zaher Shah de Afganistán en un Irak sin Hussein?
Parece ser su ambición y la de sus escasos seguidores. Pero al igual que el resto de la oposición iraquí, favorable a Washington, el pretendiente al trono de Irak confiesa que no tiene la menor idea del destino que le reserva USA.
El problema kurdo
Muy difíciles son las relaciones de USA con la oposición kurda que, en su conjunto, puede movilizar a 100.000 combatientes y cuyos dos principales integrantes, el Partido Democrático de Kurdistán (PDK) y la Unión Patriótica de Kurdistán (UPK) cuentan con milicias armadas permanentes de alrededor de 12 mil hombres.
El problema de Kurdistán es el más candente de Irak: Turquía, Irán, USA y la mayor parte de la oposición a Hussein rechazan drásticamente la independencia kurda, inclusive su autonomía. Los kurdos de Irak estarían dispuestos a integrar una federación iraquí de tres entidades: una sunita, otra chiita y una tercera kurda.
Los árabes de Irak, que entre sunitas y chiitas representan las tres cuartas partes de la población, rechazan visceralmente esa solución que consiste en institucionalizar el confesionalismo en el país. Esa opción va contra la identidad iraquí que se ha ido forjando a lo largo de muchos siglos, subraya Luizard.
El PDK fue fundado en 1947 por Mahmud Barzani y, desde 1979, es encabezado por su hijo, Masud Barzani.
La Unión Patriótica de Kurdistán es una disidencia del PDK. Fue creada en 1975 y la encabeza Jalal Talabani.
En su origen, ambos partidos se proclamaron marxistas leninistas. La UPK afirmaba ser más de izquierda que el PDK. En realidad, las divergencias ideológicas son mínimas entre estos dos partidos, lo cual no les impidió enfrentarse en combates fraticidas y sangrientos que costaron la vida a miles de sus compatriotas.
Desde que la ONU instauró una zona de seguridad en la mayor parte del Kurdistán iraquí, la región tiene su propio Parlamento, su gobierno y se proclamó autónoma. Desde 1996 tiene dos administraciones paralelas: la del PDK, que se ejerce en la mitad norte de la zona, y la del UPK, en la mitad sur. Cada parte tiene su capital: Erbil para el norte, Sulaymaniya, para el sur.
El más reciente episodio —lamentable y cruento— de la guerra entre el PDK y la UPK ocurrió en 1996, no por razones políticas, sino económicas: ambos partidos buscaban ejercer el mayor control posible sobre los recursos de la región. Las tropas de la UPK invadieron Erbil.
El PDK acusó a la UPK de ser manipulado por Irán y, con el beneplácito de Turquía, pidió ayuda a... Hussein, cuyas tropas entraron en la zona de seguridad de la ONU sin problema alguno. Reprimieron no sólo a la UPK, sino también a los líderes de la oposición iraquí que se creían seguros en esa zona protegida. Muchos fueron asesinados, otros secuestrados. Nunca reaparecieron.
Siguieron dos años más de lucha entre el PDK y la UPK. Finalmente, bajo presiones estadunidenses y turcas, firmaron una tregua, vigente hasta hoy.
La avidez y las terribles consecuencias de los enfrentamientos entre el PDK y la UPK, que dominan la vida política del Kurdistán iraquí, favorecieron la aparición del Movimiento Islámico de Kurdistán (MIK), de filiación sunita (la mayoría de los kurdos son sunitas), que se va afirmando como la tercera fuerza de la región. El MIK tiene sus propias zonas liberadas en la región de Halabja, fronteriza con Irán. Está financiado por Arabia Saudita, pero mantiene buenas relaciones con Teherán.
Paralelamente a estas tres fuerzas kurdas, existen muchos otros grupos políticos o religiosos, todos dispuestos a defender su identidad kurda.
La influencia de Irán
La Asamblea Suprema de la Revolución Islámica en Irak (ASRII), chiita, es la segunda fuerza islámica de Irak después del partido Da’wa.
Al igual que las autoridades iraníes, prácticamente todos los movimientos chiitas de Irak, incluyendo la ASRII, denunciaron los atentados del 11 de septiembre, rechazaron el llamado a la guerra santa lanzado por Bin Laden y los talibanes, considerados como una secta herética que se salió del Islam.
La ASRII inquieta, al tiempo que interesa a Washington. Creada en 1982 en Irán por Mohamed Bakr al-Hakim, hijo del ayatolah Mushin al-Hakim, una eminencia chiita, esa organización, con sede en Teherán y oficinas en Londres, fue inicialmente un movimiento amplio en el que participó la mayoría de los religiosos chiitas. Sin embargo, su progresiva sujeción a Irán apartó de ella a grupos y partidos religiosos chiitas. A principios de 2002, la ASRII se convirtió en partido político.
Mohamed Bakr al-Hakim es el interlocutor privilegiado de Irán sobre la problemática iraquí. Se encarga, además, de supervisar la situación de los miles de iraquíes amontonados en campos de refugiados en Irán y de defender sus derechos ante las autoridades de ese país.
Precisamente entre esos refugiados desde 1983, el ASRII recluta a los integrantes de las Brigadas Badr, que cuentan con casi 18 mil combatientes bien armados y entrenados, a los cuales se deben agregar unos 22 mil combatientes chiitas iraquíes, que pertenecen a las Guardias de la Revolución de Irán.
Precisa Luizard: "Estos 40.000 chiitas armados por Irán cuentan con una división de infantería, otra de artillería, una tercera blindada y una unidad de guerrilla. Intervienen en las regiones fronterizas del sur de Irak y en Kurdistán."
La posición de la ASRII en relación con USA fluctúa en función de los intereses políticos, a menudo divergentes de las distintas instancias del poder en Irán. Con la autorización de Teherán, en agosto último, por primera vez desde su fundación, un alto dirigente de esa organización viajó a Washington para estudiar, con integrantes proestadunidenses de la oposición iraquí, una eventual participación de la ASRII en el derrocamiento de Hussein.
La ASRII es el vector de la política iraní en Irak. Los contactos que sus dirigentes tienen desde hace poco con representantes estadunidenses permiten a Teherán medir el pulso de Washington, y a Washington medir el pulso de Teherán respecto de Irak, enfatiza Luizard.
Estas repentinas relaciones entre la ASRII y USA provocaron la creación, hace pocas semanas, de la Unión de las Fuerzas Islámicas, que agrupa a varios movimientos y organizaciones islámicas sunitas y al importante partido Da’wa, chiita, todos opuestos a Washington.
Fundado en 1957, Da’wa (llamado, en árabe) es el más antiguo partido islámico de Irak, sigue siendo el más importante y el más independiente. Da’wa se apartó del CNI, demasiado favorable a los Estados Unidos, y del ASRII, por sus lazos con Irán. Figura en la lista negra estadunidense sobre los movimientos que apoyan el terrorismo.
Según Luizard, Da’wa y el Partido Comunista (PC) son las únicas fuerzas políticas iraquíes que siguen teniendo una cierta base social dentro del país. No tiene líder. Está encabezado por una dirección colectiva. A la inversa de las otras fuerzas islámicas, Da’wa tiene un programa político claro: preconiza elecciones libres y el pluripartidismo en el marco de un régimen parlamentario y constitucional, la cooperación con los partidos laicos, inclusive con el Partido Comunista (Da’wa fue creado para balancear el enorme peso del PC iraquí en la comunidad chiita a finales de los años '50).
El partido Da’wa, que rechaza ligar el destino de Irak con la política estadunidense, optó por la lucha armada contra el régimen de Hussein. Al igual que el PC, cuenta con organizaciones guerrilleras: el Hezbolah iraquí y las Fuerzas del mártir Al-Sadr. Da’wa reivindicó el fracasado atentado contra Oudai, uno de los dos hijos de Hussein en diciembre de 1996. Al igual que los guerrilleros comunistas, los de Da’wa, que no reciben ayuda externa alguna, están mucho menos pertrechados que el brazo armado del ASRII.
El PC iraquí fue fundado en 1934. Tuvo su auge en la década de los años '50. La toma del poder por los oficiales libres en 1958 y luego por el partido Baas lo convirtieron en blanco de represiones sucesivas. También lo golpeó duramente el derrumbe del bloque soviético. Años después, parte de su base social chiita lo dejó para enrolarse en el partido Da’wa. Actualmente, sin embargo, el PC sigue siendo una fuerza con la cual se deberá contar en un Irak sin Hussein.
El PC denuncia la política estadunidense en Irak y critica a quienes dialogan o colaboran con Washington. Es el único partido árabe de Irak que se manifiesta a favor de una federación iraquí para resolver el problema de Kurdistán.
El Movimiento Nacionalista Árabe de Irak —del que Hussein se declara aún miembro— nació en los años veinte y sirvió de base ideológica a las dos ramas del partido Baas, que continúan ejerciendo el poder tanto en Siria como en Irak.
Numerosos son los baasistas que huyeron de Irak. Estos disidentes integran 16 partidos distintos —cuyas sedes están esparcidas en varios países (Egipto, Siria, Arabia Saudita, Gran Bretaña, entre otros)— y están reagrupados en el Comité de Acción Nacionalista y Democrática, con sede en Damasco (Siria).
La corriente nacionalista árabe está divida, en realidad, en dos tendencias: una esencialmente integrada por exoficiales y altos mandos de las Fuerzas Armadas iraquíes. Ese grupo es mimado al extremo por Washington, con quien se muestra cada vez más incondicional. En cambio, el otro grupo, el Comité de Acción Nacionalista y Democrática, se fue acercando progresivamente a la oposición islámica chiita.
En ese panorama de la heterogénea oposición a Hussein, cabe mencionar, además, a varios movimientos religiosos sunitas, grandes confederaciones tribales del sur y del centro de Irak, y otras de Kurdistán, así como organizaciones políticas y religiosas de la minoría turcómana del país.









