CIUDAD DE BUENOS AIRES (
I. 1910-2010
La República Argentina tendrá un Bicentenario menos importante que su Centenario. En 1910, la Argentina era una sociedad que provocaba admiración global, y había quienes la consideraban una potencia emergente. En 2010 es probable que la Argentina aún se encuentre parcialmente en ‘default’ financiero externo y no provoca ningún reconocimiento especial entre las otras naciones.
En 1910, los protagonistas del Centenario reivindicaban a la Generación del ’80 y a los ‘Héroes de Mayo’ (los que en 1810 comenzaron a plantear la emancipación de las Provincias Unidas del Río de la Plata respecto del Reino de España), mientras que en el año 2010 parece que existirá bastante confusión al respecto porque la interpretación histórica prevaleciente en el Gobierno argentino cuestiona el ‘modelo’ prevaleciente en 1910 y 1880 y tiene una visión de 1810 bastante imprecisa.
Probablemente esto influya en que, mientras que en 1910 los festejos comenzaron a prepararse en 1906, en el año 2007 aún no hay nada en preparación para 2010.
Hay algunas consideraciones interesantes para realizar.
Por ejemplo, la generación que en 1880 tenía entre 18 y 25 años, en 1910 tenía entre 48 y 55 años, es decir que era la que gestionaba la Argentina.
La generación que en 1910 tenía entre 18 y 25 años, en 1945 tenía entre 53 y 60 años, y protagonizó el ascenso del peronismo, y también el antiperonismo.
En el Bicentenario, la generación que nació en 1983, con la recuperación de la democracia, tendrá 27 años; la generación que tendrá entre 18 y 25 años será la que nació entre 1985 (Raúl Alfonsín, juicios a las Juntas, Plan Austral) y 1992 (Carlos Menem, Convertibilidad).
La generación que estará gestionando la Argentina será la que nació mientras Arturo Frondizi era Presidente, o bien ya lo había reemplazado su Nº2, José María Guido; tiempos tumultuosos entre peronistas vs. antiperonistas, militares ‘azules’ vs. militares ‘colorados’, el nacimiento de la música ‘beat’ y los conceptos estéticos del ‘pop’.
De acuerdo a sociólogos e historiadores consultados, desde 1910 a 2010 hay una progresiva pérdida de la identidad nacional, probablemente consecuencia de los fracasos como sociedad; un incremento del individualismo y una crisis del concepto del prójimo; también un ascenso de la violencia en general.
También hay una pérdida de la identificación con Europa y, en medio de una confusión sin resolución, una animadversión hacia USA y una forzada cercanía con Latinoamérica, consecuencia de la pauperización argentina antes que una elección.
Entre 1910 y 2010 existe un ascenso y descenso de la clase media, de las instituciones democráticas, de los movimientos populares y de la educación y la salud pública. Se perdieron las políticas de Estado y, estrechamente vinculado con esto, la Argentina no pudo / no quiso generar sucesivas generaciones de liderazgo de la sociedad. Permanece la pérdida de una élite con una visión nacional.
La Argentina perdió demasiado tiempo en antinomias: entre 1945 y 1974, la cuestión fue peronismo vs. antiperonismo; entre 1973 y 2007, el debate fue entre izquierda vs. derecha. En total, la sociedad argentina lleva 65 años deambulando por el desierto de la necedad y todo indica que en 2010 acumulará 68 años de éxodo.
La Argentina padece algunos síntomas de disgregación social latente (básicamente entre sus jóvenes pobres) y de desintegración nacional. Se impone una reorganización de su sistema institucional y político.
Los grandes partidos políticos prevalecientes durante el siglo 20 se encuentran padeciendo crisis terminales. El sistema de división del territorio en provincias padece graves fallas, comenzando por Provincia de Buenos Aires, un territorio hoy inviable. La geografía económica luce desproporcionada, con más del 50% de la población y del empleo acumulados en una pequeña porción de su territorio (Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires). El federalismo previsto en su Constitución Nacional fue sustituido, de hecho, por un centralismo peligroso.
Resulta evidente que la Argentina avanza hacia lo que en el año 2010 será una ‘refundación’: quienes acompañan la experiencia de Néstor Kirchner y el Frente para la Victoria proponen profundizar sus valores y propuestas de una Argentina más latinoamericana; los opositores se limitan a especular con el colapso económico y político de Kirchner y su FpV pero no se encuentran en condiciones de formular una alternativa.
Habitantes de la tragedia argentina, escapan a su responsabilidad histórica cuando deberían estar debatiendo un sistema institucional y político-social diferente.
II. SÁENZ PEÑA
La década de 1910 fue un período trascendente para la Nación Argentina: bonanza, crecimiento y florecimiento, probablemente el mejor momento del conservadorismo.
La conmemoración por el Centenario ocurrió en un gobierno conservador, dirigido por la generación del ‘80. Ya sea desde la política, la literatura o el periodismo, este grupo de hombres le dio forma a la Argentina, que nunca volvió a tener un grupo de personas equivalente. Quienes cuestionan el rol de las élites deberían reflexionar seriamente sobre lo que ocurrió.
Esa élite poderosa e ilustrada fue conservadora en lo político, partidaria del liberalismo en lo económico, impuso un modelo agroexportador, fuertemente ligado al mercado inglés; promovió la inmigración; rescató la idea de progreso e impulsó la laicización del Estado. Es decir que eran conservadores pero no clericales.
Ellos admiraban a Europa, e importaron la moda, los usos y las costumbres de grandes ciudades europeas como Londres y París.
Sin embargo, el esplendor argentino tenía problemas sociales.
En 1910 concluía su mandato presidencial el cordobés José Figueroa Alcorta, un hombre de la generación del ‘80 y del Partido Autonomista Nacional. Desde 1906 navegó mares de tensiones sociales –huelgas y agitación anarquista- pero logró asegurar la sucesión presidencial a favor de Roque Sáenz Peña, el ‘modernista’ por excelencia.
Durante la Semana de Mayo de 1910 ocurrieron demostraciones de descontento representado por protestas sociales (por ejemplo, el atentado que sufrió el Teatro Colón en una de sus funciones de Gala, amenazas de huelga general y reclamos violentos de sectores sindicales anarquistas y socialistas); utilizando una fuerte presión policial y el Estado de Sitio, estas amenazas fueron neutralizadas.
En 1907 y 1908, Figueroa Alcorta consultó a Hipólito Yrigoyen para obtener su colaboración. Pero éste le respondió en ambas situaciones con las mismas palabras: "La solución de la crisis institucional argentina reside en el libre ejercicio de la soberanía popular". Yrigoyen congregaba a la juventud burguesa y pequeño burguesa que aspiraba ocupar un lugar en la política y en la función pública.
Debe destacarse que esos jóvenes burgueses no fueron mejor administradores que sus antecesores conservadores, y por cierto eran menos cultos.
El país se concentró en conmemorar el Centenario de la Revolución de Mayo y demostrarle al mundo que buscaba un lugar entre las naciones más avanzadas.
Parte de aquellos festejos se concentraron en el embellecimiento de la Ciudad de Buenos Aires, la inauguración de diversas obras como el Teatro Colón, el Congreso de la Nación y varios monumentos, numerosas ferias que se desarrollaron en distintos lugares de la ciudad.
Quienes cuestionan 1910 repudian el Estado conservador y elitista y un sistema de fraude electoral insostenible.
Sin embargo, varios líderes políticos conservadores ya apuntaban a reformar el sistema electoral. En verdad, en 1910 estuvo listo el proyecto de Roque Sáenz Peña, quien lo expuso en octubre, cuando asumió, en su mensaje inaugural ante el Congreso Nacional, propiciando el sufragio libre, secreto y obligatorio.
Sáenz Peña fue un digno Presidente del Centenario: nieto de legisladores afines a Juan Manuel de Rosas y quienes siguieron siendo federales aún después de la derrota en Caseros.
Romántico voluntario en las fuerzas peruanas que combatían contra Chile, hombre de desmedido valor personal y pericia en el mando terminó prisionero de guerra.
Ya en libertad, y ‘bon viveur’, acumuló fortuna (y la perdió en el tapete y la Bolsa, para recuperarla como abogado en un estudio jurídico en sociedad con Carlos Pellegrini y Federico Pinedo), fue diplomático y 1er. caso en la historia que ganó la Presidencia por la totalidad de los votos del Colegio Electoral.
Sáenz Peña podría ser recuperado en el Bicentenario. Permanece olvidado cuando fue protagonista de hechos muy interesantes. Por ejemplo, junto a Manuel Quintana, representó a la Argentina, con gran éxito, en la Conferencia Panamericana de Washington DC, acuñó su frase: "América para la humanidad" (que era un reclamo contra el "América para los americanos", de James Monroe).
Sáenz Peña fue un crítico de los Estados Unidos, lo que le llevó a afirmar: "La felicidad de los Estados Unidos es la institución más onerosa que pesa sobre el mundo". Él se manifestó abiertamente contrario a la intervención estadounidense en Cuba.
La Reforma Electoral requería de una Ley de Enrolamiento General de los ciudadanos nativos y naturalizados y la confección de un nuevo padrón electoral.
Con estas medidas el Poder Ejecutivo perdía la posibilidad de preparar los padrones electorales, como lo venía haciendo, a su beneficio. El enrolamiento estaba a cargo ahora del Ministerio de Guerra y el Poder Judicial tendría que indicar quienes organizarían las elecciones y quienes estarían en condiciones de votar.
El proyecto, aprobado luego de arduos debates y puesta en vigencia en 1912, contempló el sistema de lista incompleta (la mayoría obtenía 2/3 de los cargos y el tercio restante lo ocuparía la 1ra. minoría).
Los partidos políticos tuvieron que reorganizarse: revisar sus Cartas Orgánicas, crear centros seccionales o comités, convocar a convenciones o congresos y elaborar plataformas electorales. Curiosamente llegando a 2010, los partidos políticos precisan de una reorganización profunda.
III. POSTALES DEL CENTENARIO
En el período 1880-1914, la Ciudad de Buenos Aires registró una alta tasa de urbanización debido a la llegada de grandes contingentes de inmigrantes europeos que, peligrosamente, no fueron ubicados en otras regiones de la extensa geografía argentina.
La Ciudad de Buenos Aires presentaba la siguiente estructura social: una clase alta, formada por una burguesía de origen terrateniente y comercial; una clase obrera, en su mayoría trabajadores rurales, ferroviarios, portuarios, frigoríficos, industriales y de servicios públicos; y una clase media, integrada por profesionales, empleados públicos y pequeños comerciantes. También existían los viejos trabajadores criollos, los inmigrantes que acababan de llegar al país y la clase media.
La Argentina era considerada ‘el granero del mundo’, foco de atracción para los ciudadanos europeos: hacia 1910 ya se contabilizaban casi un millón de inmigrantes. La Constitución Nacional de 1853 promovió este proceso pero para poblar el campo, no para superpoblar la Ciudad de Buenos Aires. De los 6.500.000 europeos que ingresaron al país entre 1857 y 1941, regresaron se afincaron 3.500.000.
Pero la idea inicial no estaba correctamente ejecutada porque era difícil acceder a la posesión de la tierra y, entonces, muchos extranjeros que llegaron no se pudieron dedicar a la actividad agrícola-ganadera, la gran ventaja comparativa histórica de la Argentina.
La propiedad de la tierra se repartía en grandes latifundios y los inmigrantes solo podían transformarse en arrendatarios, empleados o peones. En consecuencia, la distribución extranjera se concentró en las provincias de la región pampeana, en algunas del litoral y Cuyo y, básicamente, en la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, donde las demandas de la construcción de las obras públicas y de infraestuctura requería de mano obra a gran escala y los inmigrantes se encargaron de satisfacer esta necesidad.
También, la industria alimenticia, textil y frigorífica constituyeron un importante mercado de trabajo para los extranjeros. La Ciudad de Buenos Aires recibió un tercio del total de la inmigración europea que arribó a la Argentina. Una enormidad.
La inmigración y la radicación en una ciudad que no contaba con la infraestructura necesaria para esa situación, provocaron el crecimiento de corrientes socialistas y anarquistas.
Con la inmigración también apareció la clase media, integrada por hijos de extranjeros nacidos en el país. La élite conservadora permitió el egreso de los colegios y universidades de los hijos de los inmigrantes y su ingreso a las profesiones liberales o bien al Estado.
Esa clase media es la que luego desalojaría a la élite conservadora del poder, cuando ésta ya no pudo renovarse y sus respuestas a los nuevos tiempos fueron obsoletas.
La Ciudad contaba con tranvías (electrificados en 1897), y debe apuntarse como hitos previos al Centenario el auge de la venta de lotes a plazo (la gran especulación inmobiliaria de 1904) y el aumento de los salarios entre 1904-1912.
Hacia 1910, la Argentina había consolidado el modelo económico agroexportador que defendió la Generación del ’80, el "crecimiento hacia fuera", que sin embargo provocaba un aumento del consumo doméstico por el período de ocho años de mejoras salariales ininterrumpidas.
Asimismo, llegaron inversiones extranjeras directas que financió la construcción de obras públicas: ferrocarriles, construcción de servicios urbanos de aguas corrientes, gas, luz y tranvías.
Hacia 2010 solamente el Estado financia la obra pública, cuando debería destinar esos recursos a otros objetivos y permitirle a la inversión privada hacerse cargo de esas construcciones. Sin duda es un retroceso conceptual importante.
En 1880, la Argentina ocupaba el 4to. lugar en la inversión de fondos ingleses fuera del Reino Unido y en 1890 saltó al 1er. lugar, situación que se prolongó hasta el inicio de la 1ra. Guerra Mundial, en 1914.
En 1910, la Argentina era el exportador mundial de trigo Nº 3.
En la Ciudad de Buenos Aires se multiplicaban las industrias pequeñas y medianas, la mayoría desarrollada con capitales nacionales.
En la periferia crecían los frigoríficos que faenaba ganado vacuno, aunque en sus primeras épocas compitió con el ovino. También se levantaron frigoríficos en La Plata, San Nicolás y Campana, en un circuito unificado por el ferrocarril.
Ya en 1095, la Argentina fue el exportador de carne vacuna congelada Nº 1, superando a USA. Desde 1910, capitales estadounidenses precisamente llegaron a la industria frigorífica, colisionando con los británicos.
¿Cuál fue la tarea que no se completó luego del Centenario?
Por un lado, consolidar la situación existente a 1910. Luego, intentar extenderla desde la Ciudad de Buenos Aires a otros centros urbanos, en forma progresiva. En el ínterin, buscar el reemplazo de los capitales ingleses menguantes por nuevos, probablemente en base al ahorro doméstico creciente. Esto es lo que hicieron Canadá y Australia en igual período y con un sistema de financiamiento similar al de la Argentina.
El fracaso de la visión histórica provoca que el Bicentenario encuentre a la Argentina muy por detrás de Canadá y Australia, y gestionada por un grupo de funcionarios que descree de ese modelo y reivindica experiencias que ya fracasaron.
IV. FESTEJOS
En 1910, mientras el mundo esperaba poco menos que una catástrofe a causa del cometa Halley, los porteños se preparaban para el Centenario y se montó la exposición Exposición Internacional del Centenario.
La comisión de festejos estaba presidida por Manuel J. Güiraldes, quien le encomendó a Carlos Thays, director del Jardín Botánico de Buenos Aires, arreglar todos los jardines de la zona de Palermo porque el paseo sería una de las atracciones que se le enseñarían a los huéspedes.
Las exhibiciones se dividieron en temas: Bellas Artes, Agricultura, Higiene, Industria y Ferrocarriles. No hubo un lugar específico para esas exposiciones pero el eje fue la entonces Avenida Alvear, hoy del Libertador.
La exposición de la Higiene se instaló en el predio que actualmente ocupa la Biblioteca Nacional. Como contrapartida, ese año ocurrió un fuerte brote de viruela en La Rioja y la tuberculosis afectó el norte del país. El progreso parecía circunscripto a la Ciudad de Buenos Aires.
La de Agricultura en lo que hoy es el predio ferial de Palermo.
La de Industria en el Parque Tres de Febrero.
La de Bellas Artes, en la Plaza San Martín, frente al hotel Plaza, el más lujoso de la época. Se utilizó el edificio que había funcionado como Pabellón Argentino en la Exposición Universal de París en 1889: un edificio de estructura metálica, decorado con paneles que mostraban imágenes vinculadas con las ciencias, las artes y el trabajo donde se expusieron 2.375 obras.
La de Transporte y Ferrocarriles cerca del Hipódromo de Palermo, en el Regimiento 1 de Patricios. Se exhibieron automóviles como los Isotta Francini italianos, los Mercedes alemanes y los Peugeot franceses. Cada uno de los países participantes tuvo un edificio propio y el pabellón italiano albergaba la réplica de una estación ferroviaria presidida por un busto del rey Víctor Manuel III. Todos los días Jorge Newbery realizaba ascensos en dos globos aerostáticos para que los visitantes observaran la Ciudad desde lo alto.
Para la inauguración hubo un desfile militar al que asistieron diplomáticos de 50 países y la infanta española Isabel de Borbón.
Según el libro ‘Buenos Aires 1910, Memoria del Porvenir’, las obras en las exposiciones no corrieron por cuenta del Estado, sino que fueron realizadas por grupos de ciudadanos involucrados con las distintas temáticas (Unión Industrial, Sociedad Rural Argentina, Sociedad Médica Argentina). Pero el Estado sí se encargó de "intervenir, en parte en la distribución de pabellones y locales que ocuparon las exposiciones del centenario, como también en lo referente a la distribución de muebles y artículos diversos que se destinaron a reparticiones públicas y asociaciones particulares".
También se abrió una Exposición Filatélica en la que se mostraban sellos de países remotos y tarjetas postales firmadas por celebridades de todo el mundo, entre ellas ex presidentes como Mitre, Roca, Saénz Peña, Pellegrini, Uriburu y Quintana. En algunas vitrinas se exhibieron manuscritos de los próceres de la Independencia y maniquíes vestidos con uniformes de empleados de correos que se remontaban a 1810.
Según ‘Buenos Aires 1910, Memoria del Porvenir, lo que ocurría era esto: "El espíritu de la exposición era lanzar la ciudad hacia el futuro. En los albores del siglo, Argentina buscaba ubicarse entre las naciones líderes de Occidente y estaba dispuesta a dar el gran salto, aunque para eso fuera necesario pasear a una infanta española por las callecitas porteñas"
V. MALVINAS
Uno de los aspectos más interesantes de 1910, y que tendrá actualidad en 2010 es lo que compete a la reivindicación de la soberanía sobre las islas Malvinas.
Durante el Centenario aumentaron las referencias públicas a los derechos argentinos sobre las islas. En la Convención Postal ocurrió un debate por la filatelia argentina invocando sus derechos sobre el archipiélago austral.
A partir de 1910, el Foreign Office expresó ciertas dudas acerca de los títulos históricos de Gran Bretaña sobre las islas Malvinas.
Carecía de legitimidad manifestar que los eventos de 1833 eran una reafirmación de derechos previos a 1774. Ahora, sin embargo, se percibía la necesidad de refinar esos argumentos, quizá precisamente porque el éxito político y económico de aquella Argentina que celebraba triunfal y rutilantemente su Centenario hacía al país más respetable para el mundo, lo que inevitablemente repercutía en una mayor respetabilidad de sus argumentos históricos y jurídicos respecto de Malvinas.
Lowell S. Gustafson explicó la nueva percepción británica: "Algunos estaban temerosos de que el incidente (de 1833) hubiera sido injustificado, que la conquista, al menos en el siglo veinte, no proveyera título, y que debían enfatizarse otros argumentos en lugar del derecho histórico".
La inseguridad sobre sus derechos, llevó a otros ingleses a pensar en una nueva estrategia: después de casi 100 años de posesión la ocupación ya no era ‘de facto’ sino ‘de jure’, o sea que prevalecería el concepto de prescripción adquisitiva.
Malvinas vivía el auge de la industria ballenera, que cuando se trasladó a Grytviken (Georgias del Sur), afectó mucho a Malvinas.
En 1909 el Gobierno inglés debatió seriamente la cesión de las islas Orcadas del Sur a la Argentina. El tema era importante por sus posibles consecuencias futuras para la disputa de Malvinas. La Argentina no supo realizar el ‘lobby’ necesario.
Así, desaprovechó un momento único porque hacia fines de 1914 (el 8 de diciembre) se produjo el combate naval de las Falkland: una escuadra inglesa aniquiló frente a Puerto Stanley a otra alemana que navegaba desde el Pacífico para incursionar en el Atlántico.
Los pobladores colaboraron estrechamente con la Royal Navy en la preparación de las defensas contra el inminente ataque alemán.
La batalla y sus consecuencias cambiaron la valoración que Londres hacía de las islas, y las consideró una llave para controlar la ruta hacia el Pacífico por vía del Cabo de Hornos y del Estrecho de Magallanes.
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Bicentenario, o el gran fraude que supimos conseguir (EDICIÓN i 1)
El Centenario no fue sólo un festejo sino la exhibición de una Argentina casi consolidada y que aspiraba a ocupar un rol en el mundo. Desde ese punto de vista, el Bicentenario puede ser una decepción. Más vale debatir esta cuestión cuanto antes. Fue la invitación hace unos días de la revista EDICIÓN i.
14 de abril de 2007 - 00:00











